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Martín, campeón del mundo pese a ser madrileño

El piloto madrileño Jorge Martín en el circuito de Sepang (Malasia)./Efe
El piloto madrileño Jorge Martín en el circuito de Sepang (Malasia). / Efe

Nacido en San Sebastián de los Reyes, creció a pocos metros del Circuito del Jarama, uno de los lugares míticos del motor español

BORJA GONZÁLEZSepang (Malasia)

Jorge Martín, nacido en San Sebastián de los Reyes (Madrid), creció a pocos metros del Circuito del Jarama, uno de los lugares míticos del motor español, y sobre todo para el motociclismo de nuestro país (que acogió por última vez un gran premio de motociclismo en 1998, justo el año en que Martín nació). Y, pese a esto, no ha tenido un camino fácil hasta convertirse, precisamente, en el primer campeón del mundo madrileño, una vez que Ángel Nieto, vallecano de adopción, había nacido en Zamora (y emigrado en cierta medida a Barcelona para buscar su oportunidad al amparo de las grandes fábricas de aquella época). Un camino de últimas oportunidades, aunque como considera Ángel, su padre, con esa presión es con la que mejor funciona un piloto que se ha mostrado como el más fuerte del presente curso en la clase pequeña, pero que ha vivido una serie de contratiempos que le han complicado lograr su objetivo. Porque Martín comenzaba 2018 como el gran favorito para llevarse el título de la clase pequeña, con Arón Canet y Enea Bastianini señalados como sus más importantes rivales. Aunque ninguno de los dos ha terminado siendo ese gran rival, un rol que ha recaído sobre Marco Bezzecchi, inesperado contendiente y que ha forzado al piloto español casi hasta la última carrera.

Martín es el más rápido de Moto3, algo que no genera ninguna duda. A una vuelta se ha mostrado casi imbatible, con once poles en diecisiete entrenamientos oficiales, y tres segundos puestos; después ha sumado siete victorias en 16 carreras, una vez que se suspendió la prueba de Silverstone, y que no pudo competir en Brno, uno de esos momentos complicados del año. La lesión de la República Checa le mermó casi hasta Australia, con la heroicidad de Tailandia, donde gracias a la memoria motociclista de su padre usó un guante pergeñado en su box, con unos sistemas de poleas a semejanza del usado en el 95 por el japonés Ueda y que le permitió salvar los muebles en un momento crítico. Antes sufrió las caídas causadas por otros pilotos en Jerez y Le Mans, y un error por exceso de confianza en Montmeló, cuando lideraba con solvencia la carrera. Un total de cinco ceros, una losa que suele ser muy difícil de levantar pero que el madrileño ha sabido gestionar para rubricar su dominio con el ansiado título.

Esa presión de la que habla Ángel es la que vivió siendo el mejor en las pruebas de acceso a la Red Bull Rookies Cup, su primera plataforma, la que le permitió ganar a la tercera imponiéndose a Joan Mir, otro campeón de la clase pequeña y que en 2019 competirá en MotoGP en Suzuki como compañero de Alex Rins. Aunque ese éxito en 2014 en la copa de promoción de Red Bull no le dio el pasaporte al Mundial como esperaba, una vez que la marca austriaca decidió dar una oportunidad más al campeón de 2013, el checo Karel Hanika, piloto que no terminó de cuajar. Martín aprovechó dos oportunidades en ese 2014 en el FIM CEV Repsol, sus dos únicas carreras en el nacional (en Montmeló y en Albacete), como sustituto del lesionado Albert Arenas en la escudería TMR, con Mahindra, la moto con la que debutaría en el Mundial como compañero de Pecco Bagnaia y de Juanfran Guevara en la escudería de Jorge Martínez Aspar.

Una oportunidad que llegó en el momento justo, porque el chicle de la economía familiar, a la que por entonces le había costado ya unos 150.000 euros, no daba para más. «Nosotros le hicimos una grandísima oferta, pero él tenía prisa, y es comprensible», confesaba Aspar sobre la marcha de Martín de su equipo, después de dejar una gran impresión, con un segundo puesto en Brno como mejor resultado. «A mí me hubiese encantado que hubiese seguido con nosotros. Sigo pensando que es un piloto con un talento brutal y que tiene todas las condiciones para ser campeón». Martín, que trabaja con el mismo manager Jorge Lorenzo y Aleix Espargaró, con los que también ha compartido y comparte entrenamientos (sobre todo con el segundo, una vez que los dos viven en Andorra), se pasó a la escudería de Fausto Gresini, con Honda. Ahí logró su primer triunfo, en la última carrera de 2017, en Valencia, algo que se le resistía y que anticipó lo que iba a llegar un año más tarde. Con el equipo italiano ha conseguido su gran triunfo, ni más ni menos que un Mundial, desde el centro de España, donde han salido, con dificultades, campeones como Álvaro Bautista o Julián Simón. En 2019 afrontará un nuevo reto, el del salto a Moto2. Con la moto de KTM, dentro de su equipo oficial y con un contrato de fábrica que le da una opción de futuro en MotoGP, podrá por fin quitarse de encima la tortura de la obsesión por el peso que tanto le amarga, para seguir demostrando que puede seguir forjando una carrera brillante en el Mundial de Motociclismo. De momento ha inscrito su nombre como el vigésimo campeón del mundo español, como el que logró el título 50 y como el que firmó la victoria 600, la que le ha permitido vivir el momento más feliz de su carrera deportiva.

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