El piloto de una generación

Alonso recoge el premio Príncipe de Asturias de los Deportes. /  EFE
Alonso recoge el premio Príncipe de Asturias de los Deportes. / EFE

Sus fieles seguidores cruzaban medio mundo para animarle y llenaban el Auditorio Príncipe Felipe para seguir sus carreras

VÍCTOR M. ROBLEDO GIJÓN.

'NaNo' fue hace tanto, pero ya parece un mundo. Allá por 2005, cuando llevar internet en el bolsillo sonaba a ciencia ficción y muchos españoles echaban cuentas aún en pesetas, las banderas de Asturias comenzaron a plantar cara al rojo de Ferrari en las gradas de los grandes circuitos de la Fórmula 1. Los colores azules y amarillos de la escudería Renault mimetizaban con los orígenes de Fernando Alonso, seguramente el gran 'boom' del deporte español en el siglo XXI.

Leyendas como Pau Gasol o Rafa Nadal han gozado del mismo grado de popularidad que Alonso, pero en sus trayectorias ha habido una pequeña diferencia: al inicio de sus caminos encontraron huellas. Antes de Gasol, la generación encabezada por Fernando Martín hizo que los españoles soñaran en color con baloncesto, igual que Manolo Santana, Sergi Bruguera, Arantxa Sánchez Vicario o Conchita Martínez sirvieron como faro a las generaciones recientes de tenistas. Cuando Alonso debutó en la Fórmula 1 se trataba de una disciplina casi por explorar en España. El noveno puesto del catalán Francisco Godia en el Campeonato del Mundo de 1956 fue, hasta la irrupción del asturiano, el mayor hito español en un monoplaza.

De alguna manera, Alonso cambió con sus éxitos los hábitos de un país. Entre 2005 y 2006, cuando conquistó sus títulos mundiales, las estrategias de escudería y la elección de neumáticos acapararon tantos minutos de tertulia como el fútbol. Miles de españoles trasnochaban a lo largo del año para seguir las hazañas en Australia, Malasia o Brasil del piloto asturiano, convertido ya en leyenda mundial cuando apenas contaba con poco más de veinte años.

Alonso llenó de gorras azules y amarillas un país, acaparó el foco publicitario, llenó páginas en la prensa. Los datos de audiencias que provocó en televisión son inalcanzables a día de hoy incluso en partidos de fútbol del más alto nivel. La reciente final del Mundial entre Francia y Croacia tuvo en España un 57,3 por ciento de cuota de pantalla y una audiencia de 8,2 millones de espectadores. En octubre de 2006, el Gran Premio de Brasil se disparó en la televisión española con 9,2 millones de espectadores y un pico de más de 12 millones en el momento en que Alonso cruzó la meta para proclamarse por segunda vez campeón del Mundo.

En Asturias, el dato de aquel día resulta aún más abrumador: el 80 por ciento de los asturianos siguieron la carrera. Las imágenes de Fernando Alonso celebrando sus títulos mundiales en la ovetense plaza de La Escandalera ante más de veinte mil paisanos forman parte no solo de la historia del deporte regional, sino también del imaginario popular de la región.

Aquellos Mundiales, como su posterior rivalidad con Lewis Hamilton o sus pasos fallidos por Ferrari y McLaren se convierten ahora en retazos de una época pasada en la que no había que ser aficionado de la Fórmula 1 para ser aficionado de Fernando Alonso, el piloto de todos.

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