«Sigo por orgullo y sacando fuerzas de donde no las hay»

Javier Álvarez, a lomos de su KTM 450 Rally Replica. /  J. A.
Javier Álvarez, a lomos de su KTM 450 Rally Replica. / J. A.

Javier Álvarez se encuentra a dos etapas de cumplir el sueño de finalizar la prueba más dura del mundo

HUGO VELASCO GIJÓN.

Desde que se pusiera en marcha el pasado siete de enero en Lima la cuadragésimo primera edición del Rally Dakar, el asturiano Javier Álvarez acumula a lomos de su KTM 450 Rally Replica cerca de 5.000 kilómetros. Algo más que la distancia existente entre su natal Grado y Dakar, origen del raid más duro del mundo y sueño de la infancia del piloto moscón.

Con el paso de las etapas, Álvarez, que afrontaba al cierre de esta edición aún los últimos kilómetros de la octava especial entre San Juan de Marcona y Pisco, va acumulando en su cuerpo la dureza de una prueba que va en aumento. No hay ni un momento de descanso. «No hay ninguna etapa fácil y cada día hay menos fuerzas», confiesa el piloto del Team Tierrastur, a quien le pesa ya el cansancio y el desgaste de hacer frente cada día a las dificultades del recorrido: «Estoy al límite. Me duele todo. Hay momentos del día en los que tengo bastantes dolores y debo parar a estirar el cuello y las muñecas».

A pesar de la fatiga acumulada, Álvarez tiene claro que no se va rendir. «Sigo por orgullo y porque, tras haber llegado hasta aquí, hay que tirar sí o sí, aguantando lo que pueda y sacando fuerzas de donde no las hay», dice el piloto, de 41 años, que pondrá todos los medios para alcanzar la meta mañana en Lima. «Si la moto aguanta, yo espero hacerlo también, aunque sea sufriendo bastante todas las etapas. Pero vamos a seguir adelante e intentar acabar este Dakar».

En la etapa del pasado viernes entre Moquegua y Arequipa, el moscón vivió una experiencia que difícilmente olvidará. «Cuando me quedaban cuatro kilómetros para salir de un mar de dunas gigantes y acabar la especial, se me hizo de noche», recuerda Álvarez, quien tuvo que tomar una decisión valiente: «Cuando prácticamente no se veía tuve que tomar la decisión de dormir en el desierto. Era eso o antes de hacerse de noche tocar el botón rojo de rescate y que el helicóptero fuese a por mí. Pero en ese caso estaría descalificado».

Esa noche en el desierto hizo que Álvarez cayese al farolillo rojo de la clasificación de motos, pero para el piloto asturiano los tiempos son lo de menos. El objetivo es claro: «Desde el primer día dije que firmaba por quedar el último, pero terminando el Dakar. Es mi sueño y es lo que voy a intentar».

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