Fernando Alonso, campón del mundo de Resistencia | La suerte sonríe al campeón

Fernando Alonso levanta el brazo eufórico, junto a sus compañeros Buemi y Nakajima, a su izquierda. / EFE
Fernando Alonso levanta el brazo eufórico, junto a sus compañeros Buemi y Nakajima, a su izquierda. / EFE

Fernando Alonso se corona campeón del mundo de Resistencia en Le Mans | El Toyota 7, rival del equipo que forma el asturiano con Buemi y Nakajima, pinchó a falta de una hora y les puso el triunfo en bandeja

D. S. DE CASTROLE MANS.

Fernando Alonso ya es, desde este domingo, cuatro veces campeón del mundo por la FIA: uno de karts, dos de Fórmula 1 y uno de Resistencia. El piloto asturiano y sus compañeros Sebastien Buemi y Kazuki Nakajima necesitaban al menos un séptimo puesto, y lo lograron de manera holgada con una victoria de esas de película.

Cuando restaba una hora para el final y 'Pechito' López lideraba con solvencia, ocurrió lo que nadie quiere que pase: una rueda empezó a perder aire y acabó pinchando. Después de 23 horas despiertos buscando una victoria, el piloto argentino, Mike Conway y Kamui Kobayashi se quedaron con la miel en los labios. Su cara en el podio era todo un poema.

La victoria fue para Toyota, algo que prácticamente nadie podía dudar, pero fue para el 8 y no para el 7. A Mike Conway, José María 'Pechito' López y Kamui Kobayashi les salió casi todo a la perfección, incluso pese a los fallos de pilotaje del argentino o algunos problemas de consistencia del británico. El problema es que cuando les vino el gran fallo, era tarde para rectificar. Y eso que durante las horas previas había sido el de sus compañeros el que se encontró con unos problemas de rendimiento para nada esperados.

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Alonso tuvo 24 horas para pasar por prácticamente todas las emociones. Expectación al principio, sorpresa después, resignación más adelante, impaciencia cuando empezaba la noche, enfado de madrugada, decepción al amanecer y una de las mayores alegrías de su vida al final de la carrera.

Lo que comenzó como una prometedora noche se fue yendo por el desagüe. Por la mañana encontraron un problema serio en el 'set up' del coche número 8: perdía unos 5 km/h en las rectas con respecto al otro prototipo de Toyota. Nada serio para una carrera al esprint, de las cortas, pero sí una deficiencia muy notable en una carrera como la de Le Mans.

Sin embargo, si a eso le unimos el sobreviraje, un reglaje pensado para temperaturas más bajas (estaba prevista la lluvia y al final sólo apareció de forma muy tímida) y hasta un surrealista problema con una puerta que no encajaba, todo el conjunto convirtió al Toyota TS050 número 8 en un firme candidato al segundo puesto siempre que la mecánica aguantase.

Para más inri, esta vez no hubo milagro de madrugada. Fernando Alonso salió en el relevo nocturno con la firme idea de repetir la memorable actuación del año anterior. Entró en el 'cockpit' del Toyota por última vez de madrugada cuando se cumplía el ecuador de la carrera y tras dejar una secuencia que ya es carne de 'meme': unos aspavientos muy ostensibles cuando Buemi no le dio el relevo cuando él pensaba, ya que llevaba casi dos horas esperando. Cuando se habían cumplido las 3:00, Alonso se montó para mantenerse en pista tres horas y 15 minutos en los que realizó 55 vueltas, pero no pudo con Kobayashi, primero, y con 'Pechito', después.

Los coches de seguridad dieron y quitaron a su antojo. De los siete que hubo hasta media mañana, al final el gran vencedor también fue el coche número 7. Los problemas que tuvieron ambos coches también señalaron unas cuantas dudas de los estrategas de Toyota, que en todo momento mostraron una cierta fragilidad a la hora de plantear la prueba. El constante temor por no conseguir el ansiado doblete fue un peso que casi les cuesta muy caro.

Y fue en el último momento cuando todo lo anterior se dio la vuelta. Cuando Alonso vio en el 'hospitality' del equipo que su compañero tenía problemas, soltó el tenedor de golpe y se fue corriendo al 'box' porque no se creía la suerte que estaba teniendo. Dos victorias en Le Mans y un campeonato del mundo ocupan ya un lugar especial en el corazón del astur.

Una victoria así en Le Mans la firmarían muchos campeones del mundo que no la han logrado, lo que da más valor a lo conseguido por Alonso durante toda la temporada. Ha ganado su cuarto campeonato FIA, esta vez compartido con dos pilotos a los que ya conocía de su etapa en Fórmula 1, pero que ahora se han convertido en miembros de su círculo más directo.

Antonio García, sin premio

El de Alonso fue el único podio español en Le Mans, por poco. El madrileño Antonio García volvió a sacar adelante una enorme carrera para el Corvette número 63, pero un accidente de Jan Magnussen dio al traste con las opciones del 'Rey de España', como se le bautizó hace tiempo. El otro español en liza, también de esta clase, no tuvo tanta suerte: Miguel Molina, con el Ferrari 71 del AF Corse, se quedó fuera por problemas mecánicos.