Nadal amenaza el trono de Federer

Rafa Nadal, con los recogepelotas, tras una final memorable en Nueva York. /  AFP
Rafa Nadal, con los recogepelotas, tras una final memorable en Nueva York. / AFP

El balear fascina en el US Open y se sitúa, con 19 grandes títulos, a uno de distancia del récord histórico del genio de Basilea

ENRIC GARDINERMADRID.

El momento ha llegado. Por primera vez en la historia, Rafael Nadal se ha colocado a un solo Grand Slam del récord histórico de Roger Federer. El triunfo del español en Nueva York ante Daniil Medvedev le sitúa con 19 grandes, un escalón por debajo de los 20 que atesora el genio de Basilea. El tira y afloja entre los dos siempre se ha producido desde una distancia de seguridad para Federer, que ha disfrutado a lo largo de los años de un colchón que ya ha desaparecido.

Cuando Nadal recibió el trofeo de manos de Zinedine Zidane en Roland Garros 2005, pocos podrían imaginarse que él y el suizo estarían a punto de empatar a 20 'major' 15 años después. En aquel momento, Federer ya disfrutaba de cuatro Grand Slam en su palmarés y su ventaja en pista rápida frente a Nadal y la falta de un Novak Djokovic que le pusiese en aprietos en cemento y hierba permitieron que durante los años posteriores el suizo sumase con mucha más facilidad. El balear se conformaba con Roland Garros en 2005, 2006 y 2007, mientras que Federer llegaba a comienzos de 2008 con 12 entorchados. La brecha era enorme, pero aquel triunfo de Nadal en Wimbledon 2008 cambió el rumbo.

El tenista español comenzó a sumar también en otras superficies y Federer sufrió el golpe de quien ve a los jóvenes cazar el futuro. Por medio, Djokovic, en Australia 2008, se colocaba su primera corona. Entre 2008 y 2012, Nadal acumuló 8 Grandes, Federer solo cinco, con otras cinco finales perdidas. Aun así, al término de Wimbledon 2012, el hueco era suficiente para pensar en que nadie superaría al suizo.

Federer había sobrepasado los 14 de Pete Sampras en 2009 y para finales de 2012, hasta 17 Grand Slam decoraban su habitación. En la de Nadal, que tenía 11, había hueco para varios más, pese a que el calvario de lesiones y problemas físicos que le obligaba a pasar largos períodos fuera de las pistas amenazaba su carrera.

Sin saberlo, con aquel trofeo en Wimbledon, Federer comenzaría una sequía de títulos que duró casi cinco años. Hasta Australia 2017. Mientras tanto, Nadal, pese a estar 2015 y 2016 en blanco, tuvo tiempo de alzar su marcador hasta los 14. Djokovic, el gran tapado de los tres, el hombre al que siempre se le ha negado estar a la altura de los otros dos, maceraba el Grand Slam número 12.

Resurgimiento del español

Y llegó el resurgimiento. En 2017, Nadal y Federer se repartieron los Grandes; en 2018 uno para cada uno y dos para Djokovic; en 2019, dos Nadal y dos Djokovic. Los dos puntos de campeonato perdidos por Federer este año en Wimbledon pueden ser la piedra angular que lo desencadene todo. Ahí, Federer pudo recuperar la distancia de tres títulos que durante años mantuvo con Nadal, apartando, de paso, a Djokovic, que se hubiera quedado a seis de él.

Las oportunidades malgastadas del helvético han acabado con Nadal saliendo de Nueva York con 19 Grand Slams, tres por encima de Djokovic y a uno de Federer. En enero en Melbourne, por primera vez en su carrera el balear entrará a un torneo pudiendo igualar la legendaria marca de Federer. Por primera vez desde el Abierto de Australia en 2004, Nadal y Federer estarán en un mismo Grand Slam solo separados por un título. En 2020, Nadal podría ser el rey indiscutible de los Grand Slam.

Todo ello es posible porque el domingo completó una nueva gesta. Una tortura. Un infierno. Una encerrona. Una alegría mayúscula. Pocos toboganes, pocas montañas rusas como la final del Abierto de los Estados Unidos que Rafael Nadal y Daniil Medvedev, lucharon durante cuatro horas y 51 minutos. El décimo noveno Grand Slam de Nadal, el cuarto US Open de su carrera, fue uno de los títulos más duros y sufridos.

Al nivel de Wimbledon 2008 y el Abierto de Australia 2009, Nadal escapó de uno de los laberintos más elaborados que se le han planteado nunca en una final. Daniil Medvedev, el villano del torneo, fue el encargado de tapar cada resquicio que el balear encontraba en su juego y estuvo a punto de producir una de las grandes remontadas de la historia. Pero Nadal encontró la salida, escapó del puzzle del ruso y levantó su cuarto entorchado en Nueva York, extenuado tras un esfuerzo inhumano (7-5, 6-3, 5-7, 4-6 y 6-4).

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