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Residencial Parque de Atalía/
Residencial Parque de Atalía
El Residencial Parque de Atalía apuesta por el diseño exclusivo, y por todas las comodidades de una nueva edificación, compuesto por 67 viviendas de 1, 2 y 3 dormitorios con trasteros y plazas de garaje
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Podrás crear tu hogar en un edificio vanguardista y exclusivo, con la posibilidad, además, de elegir entre dos tipos de acabados interiores adaptando su diseño a tu gusto sin coste adicional: el modelo Classic, si eres más tradicional y el modelo Trendy, si prefieres algo más moderno. Viviendas luminosas y con una distribución muy cómoda para las necesidades de la vida de hoy.

El abanico de posibilidades de ocio que ofrece su ubicación es, sin duda, una de las mejores ventajas del residencial: el lujo de tener todos los servicios de la ciudad al alcance de tu mano. Situado próximo a la Playa de Poniente y al centro de Gijón, estarás rodeado de naturaleza, mar y el encanto de esta gran villa.

Un barrio completamente transformado

El barrio del Natahoyo, para quienes lo desconocen, es sin duda el que ha vivido una mayor transformación de todos los que conforman la ciudad de Gijón. La modernidad a la que ha sido abocada nuestra ciudad en los últimos años ha incidido en él de manera más intensa que en ningún otro sitio. Aunque, realmente, no ha hecho más que devolverle, de algún modo, a aquellos orígenes de carácter «señorial».

Nació de una villa romana de un tal Ataulio, de cuyo nombre quizá derive el actual y desde luego ha quedado como testigo el parque de Atalía. Fue propiedad de nobles, también propiedad episcopal, pasó a ser un coto señorial del Marqués de San Esteban del Mar, hasta que el proceso de industrialización iniciado en la segunda mitad del siglo XIX le dio la imagen que permanece en la memoria de los gijoneses. La llegada del ferrocarril, la apertura de la carretera de Avilés y la ampliación del puerto del Fomento lo convirtieron en lugar propicio para la implantación de todo tipo de industrias. La fábrica de loza y, sobre todo, los astilleros y la siderúrgica de Moreda, además de innumerables talleres y otras pequeñas factorías, transformaron radicalmente su paisaje físico y social. El Natahoyo fue el barrio del progreso laboral, obrero en todos los sentidos, con sus ciudadelas, sus viviendas apretadas, su inmigración y sus huelgas.

Hoy por hoy, hay que buscar aquello en las viejas postales: avenidas, parques, edificios administrativos y viviendas de tono vanguardista han ocupado los solares de las antiguas fábricas, y sólo la presencia de la Fundación Revillagigedo parece dar fe de aquel pasado. En definitiva, un barrio moderno con una historia ligada íntimamente al espíritu de evolución y desarrollo de Gijón.