Arcelor inicia su mayor parada en diez años, con previsión de más ajustes

La factoría de ArcelorMittal en Gijón se verá algo menos afectada que la de Avilés en esta serie de paradas . / E. C.
La factoría de ArcelorMittal en Gijón se verá algo menos afectada que la de Avilés en esta serie de paradas . / E. C.

Tándem 2 y recocido iniciaron ayer los recortes, a los que se irán sumando casi la totalidad de instalaciones hasta afectar a más de 600 operarios

NOELIA A. ERAUSQUINGIJÓN.

Será una semana atípica en Arcelor, aunque quizás se convierta en algo habitual en este otoño negro que se espera para la siderurgia en Asturias, en el que se auguran nuevos ajustes y también obras que obligarán a detener la producción de diversas instalaciones. La multinacional inició ayer la serie de paradas previstas en sus factorías de Gijón y Avilés para esta semana, que afectarán a más de 600 trabajadores en total. Lo hizo en el tándem 2 y recocido, que no retomarán la actividad hasta el miércoles, día 9. A partir de hoy seguirán más ajustes: en Avilés se detendrán decapado, tándem 1, galvanizado y hojalata y, en Gijón, habrá jornadas sin actividad durante la semana en alambrón y chapa gruesa.

Con casi todas las líneas acabadoras afectadas -solo se libra en esta ocasión el tren de carril- y la previsión de nuevos recortes, la siderúrgica también ha decidido reducir la producción de la acería de Avilés, la LDIII, desde hoy y hasta que finalice el mes, lo que supondrá que no podrá volver a la normalidad, al menos, hasta enero, ya que en noviembre está previsto acometer la remodelación de la mitad que quedó sin modernizar en las obras de 2016. Los trabajos no finalizarán hasta inicios del año que viene.

La necesidad de menos arrabio implica también una menor producción en los hornos altos, cuya actividad ya se ha visto reducida desde que se anunciaran los primeros ajustes en mayo. Entonces se cuantificaron en 700.000 toneladas anuales, una cifra que todo apunta que se quede corta, ya que cada mes que esté detenido el horno alto 'B' serán 100.000 toneladas adicionales. Ya estaba previsto que en octubre parara ese horno para realizarle mejoras, aunque posteriormente se informó de que el cese de actividad sería indefinido, hasta que se recuperara el mercado. La medida tuvo ciertos bailes de fecha y, finalmente, se retrasó la parada hasta noviembre para acompasarla con la de las obras de la LDIII, que se pospusieron por problemas con el suministro de la máquina de colada.

Situación inédita

Mientras, las plantas asturianas viven otra situación inédita, ya que, desde que se apagaran la semana pasada las obsoletas baterías de Avilés, no producen cok por primera vez en 63 años, dado que las que se reconstruyen en Gijón no están aún listas -está previsto que inicien su producción a finales de noviembre, pero que no estén a plena capacidad hasta mediados del año que viene-. Ante esta situación, los hornos altos gijoneses funcionan exclusivamente con cok procedente de la planta que Arcelor tiene en Zaklady Koksownicze Zdzieszowice (ZKZ), en Polonia.

Además de las paradas, desde hoy hay otra circunstancia anormal en la actividad de las factorías. El plan es que el 90% de la plantilla de las antiguas baterías de cok de Avilés, en proceso de desmantelamiento, se incorpore a la planta de Veriña, aunque sea con la actividad mermada.

La guerra comercial, que conlleva el desvío al mercado europeo de acero barato de otros países; los costes crecientes de los derechos de emisión de CO2 sin que exista un arancel ambiental para los productos extracomunitarios; el alto precio del mineral de hierro y la desaceleración económica, que está impactando de lleno en los sectores que más acero consumen, como el del automóvil, están provocando un enorme problema a la siderurgia, con una crisis que no solo afecta a Arcelor, sino también a otros productores, como ThyssenKrupp y Tata Steel, que vieron frustrada su fusión y también han anunciado recortes; British Steel, que finalmente quebró y ahora sus instalaciones son pretendidas por la china Jingye, o Acerinox, que anunció el despido de 300 trabajadores en su planta de Los Barrios (Cádiz).

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El caso español se ve agravado, además, por un precio mayor de la electricidad que en otros países europeos. A todo esto se suma la incertidumbre política, una inestabilidad que implica que no haya podido salir adelante el estatuto para la industria electrointensiva, que podría aliviar sus costes energéticos y que ni siquiera está claro que pueda llegar a aprobarse, ya que un cambio de inquilino en la Moncloa podría conllevar también propuestas diferentes en esta materia.

En este contexto, está prevista, como adelantó EL COMERCIO, una reunión entre el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el de ArcelorMittal, Lakshmi Mittal. Un segundo encuentro después del que mantuvieron en el foro de Davos (Suiza), el pasado mes de enero, y en el que el máximo accionista del gigante ya reclamó al jefe del Ejecutivo español una reducción del precio de la electricidad y apoyo para impulsar un arancel ambiental en la Unión Europea, que compense el sobrecoste que implica el pago de los derechos de emisión de CO2.

De momento, la crisis que amenaza al sector en Europa está tocando de lleno a las plantas asturianas, que la siderúrgica considera que han ido perdiendo su «posición competitiva» en los últimos años y sobre las que están recayendo los mayores ajustes de la multinacional, varios de los cuales, los relacionados con las obras en el horno alto y la acería de Avilés, ya estaban previstos, aunque las paradas serán ahora más largas y que se producen en plena negociación del convenio colectivo, después de fracasar la del acuerdo marco, lo que suscita recelos en la plantilla. Hoy habrá una nueva reunión entre empresa y sindicatos.