El fracaso de la fusión de Liberbank y Unicaja allana el camino a otros intentos de compra

Las oficinas centrales de Liberbank, en la plaza de La Escandalera, en Oviedo. / PABLO LORENZANA
Las oficinas centrales de Liberbank, en la plaza de La Escandalera, en Oviedo. / PABLO LORENZANA

La entidad que dirige Menéndez apuesta por seguir en solitario, pero los supervisores piden a los bancos medianos ganar tamaño

NOELIA A. ERAUSQUIN GIJÓN.

El fracaso de la fusión entre Liberbank y Unicaja provocó el martes un auténtico terremoto en el sector financiero español. Nadie esperaba que se rompieran las negociaciones, muy avanzadas y cuyas líneas maestras ya se habían presentado ante el Banco Central Europeo y el Banco de España, sobre todo porque se consideraba una operación lógica y en la que ambas partes ganaban y podían blindar cierta dosis de influencia en la entidad resultante. Sin embargo, el peso exigido por cada una en la ecuación de canje echó al traste la operación y ahora todo son incógnitas.

Los supervisores apremian a los bancos medianos a que ganen tamaño para cumplir con las cada vez más exigentes regulaciones del mercado y abordar el caro proceso de digitalización, la cuestión es con quién se casan. Ahí es donde puede entrar de nuevo Abanca, con solvencia y liquidez como para realizar otro intento a la entidad que dirige Manuel Menéndez, tras el anuncio de opa de febrero que no llegó a materializarse. Ya entonces, fuentes cercanas al banco gallego avisaron de que la retirada podía no ser definitiva y que seguiría atento a nuevas oportunidades, sobre todo, en el caso de que la negociación con Unicaja no fructificara. Así ha sido.

La semana pasada, su máximo accionista, el asturvenezolano Juan Carlos Escotet, insistió en que apuestan por un crecimiento «sin prisas y con mucha prudencia» y que cuentan con «holgura» financiera para realizar nuevas adquisiciones. Tras el fracaso de la fusión con Unicaja, podría tener ahora su tercera oportunidad para dar el asalto a Liberbank, tras la opa frustrada y un acercamiento anterior, en 2017. Sin embargo, después de cómo se produjo el intento de febrero se encontrará con un consejo de administración asturiano a la defensiva, ya que consideró que Escotet había maniobrado a su espalda, tras informar de contactos que la cúpula directiva desconocía con algunos de los máximos accionistas.

Otro de los problemas que presentaría esta operación es que más que una fusión se trataría de una absorción. «El pez grande se come al pequeño», señalan gráficamente fuentes financieras, que explican también que el banco de origen asturiano, el gran pretendido en este nuevo proceso de fusiones, es ahora el de menor tamaño y tiene menos opciones de liderar un proyecto. Sus alternativas para crecer son, por tanto, limitadas y con escaso poder de influencia para mantener el control del banco resultante.

Abanca, Ibercaja, Cajamar y Kutxabank son las entidades medianas que quedan -también Bankinter, aunque su negocio está bastante diferenciado- y que serían susceptibles de una posible unión. Con las dos primeras ya se exploró esa posibilidad y, finalmente, no se llegó a buen puerto, a pesar de la complementariedad de los negocios desde el punto de vista geográfico. En realidad, todas se conocen muy bien y han mantenido contactos en algún momento.

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La otra opción sería que Liberbank fuera comprada por un grande, pero entonces su posición quedaría completamente diluida, habría más solapamientos de oficinas y sería necesario un proceso de reestructuración mayor, con el perjuicio que eso supondría para la plantilla, aunque a cambio, como negocio se tendría la ventaja de eliminar un rival del mercado y quedarse con sus clientes.

Seguir sin compañía

Ante este panorama lleno de incertidumbres, fuentes cercanas a la entidad apuestan por seguir en solitario y aseguran que se está preparado para ello. Menéndez ya aseguró en varias ocasiones que Liberbank no estaba buscando ninguna operación, otra cosa es que llegara una oportunidad, como la que se presentó con Unicaja. De hecho, en la pasada junta de accionistas presentó la estrategia del banco para este 2019 sin contar con ningún compañero de viaje. Si alguien quiere algo de Liberbank, señalan estas mismas fuentes, el camino sería acudir a la Bolsa y presentar una opa.

En este escenario, las especulaciones sobre quién está detrás del 7,78% de la participación en Liberbank que compró Bank of America se acrecientan. Esta entidad, que asesoró a Abanca durante el intento de opa, ha informado solamente de que su posición como propietario es del 0%. Entre las hipótesis que se barajan se encuentra que fuera algún tipo de entidad relacionada o comprometida con Abanca o Escotet y que su posición, sumada a la de algún otro accionista, como el fondo Oceanwood, pudiera suponer algún tipo de ruptura en el consejo para forzar un sí a la compra por parte del banco gallego, pero también se especula con que sea una simple maniobra de compra y venta de acciones relacionada con el dividendo -repartió 0,0072 euros brutos a cuenta de 2018 el 13 de mayo-. De hecho, después de esta operación, en una sola jornada se llegó a mover el 2,2% del capital de la entidad, 28 millones de euros.