Ganar solvencia y rentabilidad, principales escollos para que Liberbank siga en solitario

Manuel Menéndez, durante la junta de accionistas. /  E. C.
Manuel Menéndez, durante la junta de accionistas. / E. C.

Los supervisores piden a los bancos más tamaño para afrontar posibles crisis; el alto coste de la digitalización es otro de los problemas

N. A. ERAUSQUIN GIJÓN.

La banca mediana en España vive entre la espada y la pared. No quiere perder independencia, pero los reguladores cada vez presionan más a las entidades para que ganen tamaño y así puedan responder de mejor forma ante cualquier adversidad. En esta situación se encuentra ahora Liberbank. Después de que fracasara su intento de fusión con Unicaja, aspira a seguir en solitario en un contexto complicado para los más pequeños.

Del más de medio centenar de entidades que había hace una década, ahora apenas quedan en España doce supervisadas por el Banco Central Europeo (BCE) -las que superan los 30.000 millones de euros en activos- y todo apunta a que la cifra se irá reduciendo. Pueden seguir en solitario, pero con más riesgos, y dependiendo del accionariado, con la posibilidad de que alguien ajeno se haga con el control. En el caso de Liberbank, no se descarta un nuevo intento de compra por parte de Abanca, incluso en forma de opa hostil.

Mientras, el equipo que dirige Manuel Menéndez aspira a que el banco pueda mantener su independencia, aunque se enfrenta a tres grandes problemas: la necesidad de ganar solvencia y rentabilidad y el elevado coste del proceso de digitalización.

Las exigencias a las entidades financieras son cada vez mayores, entre ellas está el MREL (Mínimo Requerido de Pasivos Elegibles, en castellano), que requiere crear un colchón de solvencia que absorba las pérdidas de una entidad en caso de resolución, mucho más fácil con tamaño.

Además, los bancos herederos de las antiguas cajas, con un negocio más tradicional basado en los créditos, están teniendo más problemas para lograr rentabilidad en el contexto actual de tipos de interés bajos.

El otro gran problema es de costes, muchos de ellos ligados al personal, pero también relacionados con el alto precio que hay que pagar por estar a al día en materia de digitalización. En la pasada junta de accionistas, el consejero delegado de Liberbank, Manuel Menéndez, apuntaba como uno de los principales objetivos de la entidad mantener los costes por debajo de los 400 millones de euros anuales y reconocía que mientras la contención en materia de personal se estaba logrando, las partidas destinadas a digitalización se disparan.

Por otro lado, la división de banca corporativa e inversión de BBVA emitió ayer un informe en el que califica el fracaso de la fusión como «una buena noticia para Liberbank» ante las exigencias de Unicaja Banco, que quería el 60 % del nuevo grupo. A su juicio ese reparto no reflejaba su «superioridad» y considera que el banco asturiano debía tener hasta el 49% del nuevo grupo y Unicaja el 51 %. Por su parte, otro informe de Citi destaca la gestión del equipo de Liberbank y concluye que la entidad está «en buen lugar». En su opinión, le hubiera correspondido una participación del 42%.