Liberbank y Unicaja están abiertas ahora a otras alianzas para ganar peso

Manuel Menéndez y Braulio Medel. /E. C.
Manuel Menéndez y Braulio Medel. / E. C.

Tras cinco meses, la negociación para crear un grupo de mayor tamaño, como aconseja el Banco Central Europeo, se ha visto frustrada

P. LAMADRID / L. CASTRO GIJÓN.

Hace cinco meses que se conoció el inicio de las negociaciones entre Liberbank y Abanca para integrarse y crear así una entidad de mayor envergadura, operación ahora frustrada. Desde hacía tiempo, todo hacía prever que el banco asturiano protagonizaría una fusión ante la insistencia del Banco Central Europeo y del Banco de España, que ponen el acento en la importancia de la integración para ganar peso en el mercado. Además, Liberbank veía con buenos ojos esta posibilidad. «Siempre estamos abiertos a considerar una operación que añada valor para el accionista y tenga lógica», señaló Manuel Menéndez, consejero delegado, en marzo del año pasado.

Por ello, aunque la integración no va a producirse, ambas entidades están abiertas a forjar nuevas alianzas para poder competir con más fuerza en el mercado. Liberbank ha presumido en los últimos tiempos de ser un banco autónomo, aunque abierto a explorar opciones que resultaran positivas para la entidad, los accionistas, los clientes y los trabajadores. De hecho, estuvo a punto de pujar a principios de 2018 por la red de oficinas de Caixa Geral en España, un negocio que al final asumió Abanca, y también hubo contactos con Ibercaja, operación que no llegó a fructificar.

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La fusión de Liberbank y Unicaja, ambas de tamaño medio, habría dado lugar al sexto banco por activos de España, con un total de 96.440 millones de euros, adelantando a Bankinter; una cuota de mercado del 4%; casi 11.000 trabajadores y 1.866 oficinas. Las conversaciones, que se iniciaron en la pasada primavera, las lideraron directamente Menéndez y Braulio Medel, presidente de la Fundación Unicaja, máxima accionista del banco malagueño. Fuentes del sector bancario indicaron entonces que la operación podría resultar positiva para ambas entidades, que ganarían músculo, y que se encuentran entre las que menor rentabilidad tienen, de alrededor del 5%, muy lastradas aún por los negocios tradicionales de la banca en un momento complicado de tipos bajos.

Se estimaba que la integración afloraría unas sinergias de costes de al menos 200 millones de euros. Pero además de la posibilidad de ganar peso, sus negocios son complementarios geográficamente y no habría excesivas duplicidades. Como antiguas cajas de ahorro, muy asentadas en sus territorios de origen, Liberbank, que nació de la fusión de Cajastur-CCM, Caja Cantabria y Caja Extremadura, tiene una amplia presencia en el Principado, Castilla-La Mancha, Extremadura y Cantabria; mientras que Unicaja es fuerte, sobre todo, en Andalucía y Castilla y León, ya que absorbió a Banco Ceiss (fruto de la fusión de Caja Duero y Caja España).

El 22 de febrero, a Liberbank le salió un nuevo pretendiente: Abanca. El grupo gallego comunicó su intención de promover una opa, pero renunció a esta posibilidad días más tarde por no poder acceder a los libros de la entidad asturiana. El pasado 1 de mayo, Liberbank moderaba el optimismo manifestado por Unicaja sobre la fusión y ya se apuntaba que el principal escollo para el acuerdo era la ecuación de canje, que al final ha frustrado la operación.