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¿He de hacer todo lo que me pide el empresario?

¿He de hacer todo lo que me pide el empresario?
El empresario, titular de los medios de producción, es el último responsable de indicar cómo se ha de desarrollar el trabajo
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Esta actividad la puede hacer un empresario de forma personal cuando estamos ante una pequeña empresa, pero cuando su tamaño va aumentado se interponen intermediarios; los mandos intermedios, para el traslado de dichas órdenes. Tanto los trabajadores como los mandos intermedios reciben, en un grado u otro, indicaciones de cómo y cuándo realizar el trabajo.

La normativa laboral otorga cierto poder de dirección al empresario y a sus subordinados por delegación. Ese poder ha de ir encaminado al ordenado proceder dentro de la empresa, buscando el bien común de la misma. Dicho poder se ve limitado por los derechos laborales y los derechos que como ciudadano ningún trabajador pierde dentro de la empresa.

Que el empresario tenga facultad de ordenar el trabajo y que el trabajador tenga derechos como tal y como ciudadano no faculta a uno para mandar lo que le apetezca ni al otro a desobedecer cuando se le antoje. Ambos límites en sus obligaciones y, también, en sus derechos.

El trabajador ha de saber que si el empresario le da ordenes que no cree justas ha de obedecer. Existe el aforismo latino: solve et repete, paga y reclama. Esto implica que no podemos decidir desobedecer a nuestro antojo, hemos de cumplir lo que nos dice el empresario y si creemos que no es justo reclamar administrativa y/o judicialmente. Así, en los casos de modificar nuestro contrato, trasladar nuestro puesto, rebajar nuestros salarios, etc., hemos de obedecer y reclamar lo que creemos no adecuado a derecho.

Esta obligación de obedecer y reclamar se ha de matizar indicando que, si la orden empresarial pone en riesgo la vida del trabajador, o es una orden claramente denigrante sí puede rechazarse y si el empresario pretender sancionar la desobediencia debemos demostrar la acertada decisión de no cumplirla, lo que requerirá testigos u otras pruebas.

El empresario ha de ser consciente de que aun siendo su empresa no puede hacer y mandar todo lo que desee, pero tampoco aceptar desobediencias injustificadas. El trabajador por su parte, consciente de sus derechos, no ha de creer que puede organizar el su propio trabajo, pero tampoco asumir cualquier instrucción.

Como en la mayoría de los casos tanto empresarios como trabajadores, ante la cada día más compleja legislación laboral, deberían acudir a un abogado laboralista que les clarifique la forma de actuar y así evitar enrarecer el ambiente laboral o sufrir consecuencias en nuestro trabajo difícilmente subsanables.

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