«La descarbonización era previsible, pero no debería ser algo abrupto»

Rosa Menéndez, esta semana, en las instalaciones del CEEI, en Llanera. / IMANOL RIMADA
Rosa Menéndez, esta semana, en las instalaciones del CEEI, en Llanera. / IMANOL RIMADA

«En el nuevo ministerio tienen muy buena voluntad y disposición y, a pesar del poco tiempo que llevan, ya hay cosas que se están moviendo»

NOELIA A. ERAUSQUIN GIJÓN.

Reconoce que echa de menos su Cudillero natal, y también Oviedo, donde residía hasta hace poco más de medio año. Esta última mudanza a Madrid, para presidir el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), le provoca añoranza. «Será la edad», argumenta Rosa Menéndez, porque ha asumido el cargo «con todo el entusiasmo y ánimo posible». Desde hace siete meses y medio es la primera mujer que lidera este organismo, con 122 centros de investigación repartidos por toda España, de los que tres están en Asturias. Mañana será profeta en su tierra y recibirá la Amuravela de Oro, galardón que concede 'Amigos de Cudillero'.

-Lleva 40 años en el CSIC y ya había sido su vicepresidenta, ¿le ha sorprendido algo en estos meses?

-Sí, pero para bien. Ahora tengo una visión más global. Estoy descubriendo la gran labor de los directores de los centros, que suponen un gran apoyo a la dirección de Madrid, y el papel de los delegados institucionales en las comunidades, que son como delegados del Gobierno que nos facilitan la gestión. Y estoy viendo también que, a pesar de la crisis y de tener limitadísimo el presupuesto, la producción científica del CSIC se está manteniendo gracias a la inversión anterior, a la que se le ha sacado rentabilidad. En 2017 se alcanzó la cifra récord de 10.000 publicaciones.

-En este tiempo, ya ha vivido un cambio de Gobierno. ¿Les afecta?

-En términos generales estamos esperanzados. Nos encontramos con un ministro (el astronauta Pedro Duque) que está montando un equipo que conoce el mundo de la ciencia y que se le ve con ganas de movilizar nuestro día a día. Tienen muy buena voluntad y disposición y, a pesar del poco tiempo que llevan, ya hay cosas que se están moviendo.

-Los presupuestos son los que son...

-En temas de presupuesto entiendo que va a ser difícil, pero con que se ejecute debidamente lo que está previsto, que las convocatorias salgan en plazo, que se agilice el papeleo... Hay buena voluntad y, aunque los presupuestos están cerrados, siempre hay forma de reforzar o conseguir cosas. Además, el CSIC se apoya mucho en la parte europea y de las empresas.

-Tiene una larga trayectoria en el Instituto del Carbón (Incar) y ha trabajado en temas de energía. ¿Qué opina del proceso de descarbonización?

-La descarbonización es algo que tiene que ocurrir, pero estoy de acuerdo con el presidente del Principado en que no debería ser algo abrupto. La descarbonización era previsible, será una realidad, pero cómo hacerla es lo más importante para que afecte lo menos posible.

-¿Puede afectar al Incar?

-Científicamente no tiene por qué. El Incar trabaja en temas relacionados con la conversión del carbón y la reducción de su impacto, la descarbonización y la captura de C02, las renovables..., pero también trabaja mucho en materiales. El instituto ha ido cambiando a lo largo de los años.

-¿Qué salud tienen los centros asturianos?

-Buena, en términos generales. Todos están trayendo mucho dinero de Europa, colaborando con otras organizaciones y los tres participan en el Instituto de Investigación Sanitaria del Principado (ISPA). La colaboración con empresas es muy importante. Se desarrollan patentes, se crean nuevas spin-offs, contratos...

-¿Cuáles son sus deseos para ellos?

-Siempre digo que espero dejar un cuarto centro del CSIC en Asturias, la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad. Otra de mis ilusiones es ver al IPLA (Instituto de Productos Lácteos de Asturias), que tiene problemas tremendos de infraestructuras, con un buen centro en el campus de La Corredoria. Espero que este proyecto sea realidad muy pronto.

-¿Y cómo se encuentra la investigación en España?

-A nivel científico España está bien posicionada, aunque a nivel de transferencia tecnológica, Asia está por delante. Países como China, Corea, India... También EE UU. Pero desde el punto de vista científico no hay grandes diferencias. Si bien para mantener este nivel se requerirá una mayor inversión para mejorar equipamiento e infraestructuras, así como personal de apoyo técnico y de gestión.

-¿El problema es que la investigación no llega al mercado?

-Tiene que llegar más y mejor. Con nuestro plan estratégico estamos tratando de potenciar eso. El año pasado, por ejemplo, hubo un mayor número de contratos, pero los ingresos fueron inferiores. Tiene que haber una mayor relación con el sector empresarial, que la interacción público-privada esté en el día a día, que las empresas no solo acudan cuando tienen un problema.

-¿Se implican poco las empresas en la investigación?

-Algunas empresas se quejan de que no vendemos lo que hacen los científicos y los científicos creen que hay falta de participación de las empresas. Creo que es un problema de ambas partes, que tenemos que mejorar el grado de confianza y así favorecer la interacción. Yo soy positiva porque estamos mejorando.

-¿Es España capaz de atraer talento o hacer retornar a los investigadores que dejaron el país en los últimos años?

-Aún somos exportadores de talento, pero es una situación que intentamos revertir, conseguir que los buenos que están fuera y tengan interés por volver encuentren un entorno adecuado. Un esfuerzo del CSIC es la ampliación de la oferta de contratos Ramón y Cajal y garantizar que cuando terminen puedan optar a una plaza en el CSIC. La situación no es óptima, pero estamos mejorando.

-Los investigadores se quejan de la falta de estabilidad en sus trabajos.

-No todo el mundo tiene que ser funcionario, pero sí se debería cuidar más la figura del investigador distinguido, que se desarrolle el estatuto correspondiente y no quede como un investigador de segunda. Esto quedó anestesiado, se sacaron pocas plazas y muchos, al no saber en qué va a acabar, optaron por una plaza de funcionario, pero era una gran idea que confío en que se impulse nuevamente.

-De sus objetivos para el CSIC, ¿qué ha podido llevar a cabo?

-Estamos renovando el CSIC, su política científica. Esta semana el consejo rector aprobó el plan estratégico hasta 2022 y, de lo que estoy más satisfecha, es de la ilusión de los científicos. Cualquier cambio es difícil, pero todos están participando de forma óptima. Vamos a alinearnos más con Europa, reducir el número de áreas temáticas, entrecruzar más temas, aumentar la colaboración entre grupos e instituciones para rentabilizar más las inversiones. Nadie me ha dicho que no a nada en estos momentos. De lo que más orgullosa estoy es del equipo que he montado, con científicos de primera que han aparcado su trabajo para acompañarme.

-Es la primera mujer que preside el CSIC y ha formado un equipo gran presencia femenina, ¿cuál es el papel de la mujer en la ciencia?

-En el CSIC las mujeres venimos a ser el 50%, pero es verdad que a medida que se asciende la cifra baja sustancialmente, ronda el 32%. Pero soy positiva, siempre digo que yo nunca me sentí infravalorada, pero soy defensora de la visibilidad de la mujer. Las hay que son muy buenas profesionales y tienen que estar en primera línea de batalla. No creo que se haya ninguneado a la mujer, pero sí hay un tema de invisibilidad, por muchos temas, culturales, de conciliación... Necesitamos ser valientes, no tener miedo a no ser tan competitivas.

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