Las baterías de Arcelor en Gijón reducirán sus efectos contaminantes con nuevos equipos

Las baterías de cok de Gijón, antes de su cierre en 2013. /
Las baterías de cok de Gijón, antes de su cierre en 2013.

El proyecto incluye la construcción de una planta de tratamiento biológico de aguas residuales

AIDA COLLADOGijón

El Boletín Oficial del Principado de Asturias publicó ayer el estudio de impacto ambiental del proyecto para reiniciar la actividad de en las baterías de cok de ArcelorMittal en Gijón, que la Administración regional había exigido a la multinacional hace menos de dos meses. El informe presentado confirma la construcción de nuevas instalaciones para reducir los efectos contaminantes de la coquería, que ahora contará «con las mejores técnicas disponibles en materia de protección ambiental». Para ello, se pondrá en funcionamiento una planta de tratamiento biológico de aguas residuales, que le permitirá tratar por completo sus residuos sin necesidad de transportarlos a la factoría de Avilés como ocurría antes. Además, se realizarán importantes mejoras en las instalaciones de lavado de gas de cok, que según el documento redundarán en «una mejora medioambiental en su utilización como combustible», y se buscará un «óptimo aprovechamiento» de los diferentes subproductos generados por las baterías. También se estrenará un sistema de captación de polvo de deshornado que, según reconocen los sindicatos de la compañía, «es fundamental para que no se creen nubes contaminantes y hasta ahora no lo había».

Con la publicación del estudio en el BOPA se abre el proceso legal para la presentación de alegaciones al proyecto. El objetivo de recuperar la capacidad de producción inicial de la coquería -sin actividad desde 2013- infringiendo el menor daño posible al terreno, ha llevado a Arcelor a abordar su renovación casi absoluta. La compañía solo conservará la estructura de la obra civil y, según defiende, casi todo lo demás será nuevo. De este modo, se añadirán equipos con los que antes no contaba: una planta de desorción de NH3 y SH2, una de craqueado de amoníaco y azufre elemental (planta Claus), una de agua amoniacal fuerte, una de generación de vapor, un equipo de agua desmineralizada y nuevos equipos de agua refrigerada, además de la depuradora biológica y el sistema de capatación de polvo ya nombrados.

Arcelor justifica la decisión de la reforma por las limitaciones de espacio en las factorías de Gijón y Avilés y sus necesidades logísticas, que llevan a descartar la ubicación de las baterías en otra parcela alejada de las que actualmente ocupan. Así las cosas, la multinacional plantea tres escenarios. El primero es no realizar el proyecto aunque, como las baterías de Avilés cesarán pronto su funcionamiento, «en un horizonte temporal medio esta alternativa implica el cierre de toda la instalación productiva al resultar inviable la producción de arrabio sin coquería asociada, con la consiguiente destrucción de empleo en toda la comunidad autónoma». El segundo escenario, la opción elegida por la multinacional, pivota en torno a l reinicio de la actividad de las baterías de Gijón. Hay una tercera opción: remodelar la coquería de Avilés, pero no es la que Arcelor quiere acometer. En sus conclusiones, asegura que la afección potencial a la calidad del aire, la acústica y la causada por vertidos será, en todos los casos, inferior en el supuesto de que se actúe sobre las baterías de Gijón.

Una vez presentado el estudio de impacto ambiental, la multinacional permanece a la espera de la licencia del Ayuntamiento de Gijón, que espera obtener a principios de año, para empezar con la demolición de las viejas baterías. El primer deshornado (o, lo que es lo mismo, la primera vez que producirán cok) está previsto para la primera mitad del año 2019. Si los plazos se cumplen según el calendario fijado, la segunda batería (que sumaría 45 hornos más) entraría en funcionamiento a lo largo del segundo semestre.