Arcelor adopta medidas defensivas ante la desaceleración del negocio en 2019

Un trabajador de Arcelor, en el tren de carril de la multinacional en su factoría de Gijón. / DANIEL MORA
Un trabajador de Arcelor, en el tren de carril de la multinacional en su factoría de Gijón. / DANIEL MORA

Extrema la contención de costes, reclama moderación salarial y busca diversificar los mercados para paliar la caída de pedidos

NOELIA A. ERAUSQUIN GIJÓN.

Reducir los costes y las incidencias, diversificar los mercados o mejorar la eficiencia son algunas de las recetas de cualquier empresa para ganar competitividad, pero sobre todo se hacen imprescindibles ante una situación compleja. Arcelor lleva tiempo aplicando estas medidas, de hecho su plan Acción 2020, impulsado a nivel global, analizaba cada una de las instalaciones para mejorar su productividad, pero ahora va más allá y, ante el previsible mal comportamiento del negocio en 2019, que ya se deja notar, mueve ficha para minimizar los impactos negativos.

De momento, sobre la mesa no hay más anuncios de cese de la actividad o nuevas jornadas de aplicación de ERE, que justificó en una reducción de costes, pero el fantasma sigue ahí y la empresa lo enarbola entre sus argumentos para reclamar moderación salarial. Mientras el Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), firmado por patronal y sindicatos en Madrid, contempla subidas salariales de entre el 2% y el 3%, Arcelor pone sobre la mesa, únicamente, un aumento del 0,4%, a pesar de sus últimos años de beneficios. La plataforma sindical pide un incremento diez veces superior, del 4%.

El problema no es solo salarial. La compañía, en todas las reuniones que mantiene, insiste en que si cualquier propuesta cuesta más hay que quitar ese dinero de otro lado. Así, defiende el mantenimiento del calendario de vacaciones actual, dividido en tandas para tener que contratar menos personal de sustitución, y rechaza recuperar el mes de vacaciones estival.

El 'Brexit', el proceso de descarbonización y sus efectos, las consecuencias de la guerra comercial, el precio de la electricidad o la desaceleración económica son algunos de las dificultades que esgrime la compañía.

En las líneas de galvanizado y hojalata los problemas de falta de pedidos son constantes desde el último trimestre del año pasado. En el primer caso, la caída de la producción de vehículos está afectando sobremanera. La llamada crisis del diésel, por los anuncios realizados por el Gobierno sobre el fin de su ciclo, pero también el descenso de la venta de automóviles a nivel general en toda Europa ha generado paradas en distintas fábricas, desde la de Mercedes en Vitoria a las de Renault en Valladolid y Palencia. Este desplome en la producción de vehículos tiene un efecto en cadena que afecta a la factoría de Arcelor en Avilés, ya que el galvanizado se destina principalmente a este sector. Para contrarrestar este efecto negativo y evitar tener que volver a detener las máquinas, la multinacional ha reforzado su estrategia comercial en otro segmento, el industrial, que deja menos margen de beneficio, pero que permite mantener la producción. Así, se apuesta por productos con menor valor añadido y escaso beneficio, pero que también emplean acero galvanizado, como son la bandas de protección de carreteras, estanterías metálicas o estructuras que se utilizan en el sector de la construcción. «Se trata de una medida de defensa», reconocen fuentes de la multinacional, pero con la que «se va librando» la instalación.

Sin embargo, la instalación más afectada en los últimos meses por las paradas es la de hojalata. La migración del acero al aluminio en la industria de los botes de bebida ha supuesto un duro golpe para esta línea, pero no el único. También está sufriendo una caída en los pedidos de material para las factorías conserveras, un descenso para el que Arcelor no tiene una explicación clara, más allá de que sí constata una bajada en las contrataciones y que, incluso, relaciona con el cambio climático y malas cosechas.

Otra de las grandes preocupaciones de la multinacional está en su planta de Gijón. Se trata del tren de carril. En este caso, el problema no se encuentra en la cartera de pedidos, sino en su rendimiento. En él se invirtieron 28 millones de euros durante dos años para adaptarlo a la fabricación de piezas de 108 metros. El objetivo era crear una de las instalaciones de este tipo más modernas de Europa, preparada para las exigencias de carriles cada vez más largos, pero el nuevo sistema de laminación universal está dando muchos problemas de fiabilidad. Se reconoce en Arcelor que «los números son muy malos», con piezas que se tienen que desechar por problemas de calidad y demasiadas paradas.

Frente a la anterior maquinaria, muy probada y consolidada, se apostó por la innovación que ofrecía este otro sistema, llamado a ampliar la calidad y permitir la diversificación de los mercados, ya que cada vez se exigen carriles de mayor longitud. En el segundo caso, sí se están cumpliendo los objetivos, con contratos en el Reino Unido, como es el del metro de Londres, o en Francia, además de seguir como suministrador de Adif en el mercado interno, pero la producción aún ocasiona muchos problemas y son necesarios ajustes que no se están consiguiendo. Además, el 'Brexit' podría traer nuevas complicaciones en el mercado británico.

El resto de las instalaciones, sin embargo, más allá de las malas previsiones del mercado para 2019, gozan de buena salud. En alambrón se están cumpliendo los objetivos, así como en la acería, en la que se ha conseguido mejorar la productividad de forma importante; mientras que en chapa gruesa también se ha mejorado mucho la competitividad, un aspecto en el que se espera avanzar a partir del próximo otoño, una vez que se ejecute la reforma de la segunda fase de la acería de Avilés, ya que se podrán laminar desbastes de mayor grosor y se espera ganar, además, fiabilidad.

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