Arcelor recibe la autorización final de la UE para vender a Liberty seis de sus plantas europeas

Arcelor recibe la autorización final de la UE para vender a Liberty seis de sus plantas europeas

El proceso se enmarca en la compra de Ilva y aumentará la competencia sobre las factorías asturianas

NOELIA A. ERAUSQUIN GIJÓN.

A la compra de la siderúrgica italiana Ilva por parte de Arcelor le faltaba un trámite que se hizo realidad ayer: el permiso definitivo de la Unión Europea para que el gigante del acero traspase seis de sus plantas a Liberty House, el comprador elegido por la multinacional para venderle las factorías de Ostrava (República Checa), Galati (Rumanía), Skopje (Macedonia), Piombino (Italia), Dudelange (Luxemburgo) y diversas líneas acabadoras en Lieja (Bélgica). No es una desinversión voluntaria. Las autoridades de Bruselas condicionaron la operación de Ilva a que la compañía de Lakshmi Mittal se deshiciera de importantes activos en Europa para asegurar la competencia en el viejo continente y le recomendaron, además, que estos fueran en un único paquete, de tal forma que se mantenga la rivalidad e, incluso, se aumente. Y eso será, precisamente, lo que suceda con las factorías asturianas, que verán cómo se multiplica su competencia, tanto dentro como fuera del grupo.

Las operaciones tienen una doble repercusión para las plantas de la región. Por un lado, con la adquisición de Ilva, Arcelor añade a su grupo el mayor complejo siderúrgico de Europa, que compite en productos, mercados -el sur del continente- e inversiones con las instalaciones de Avilés y Gijón, pero además Liberty House, que es uno de los aspirantes a hacerse con las factorías de Alcoa de Avilés y La Coruña, ya ha trasladado que intentará entrar en el negocio español con los productos que fabricará en las plantas que adquiere ahora, un mercado que hasta ahora no recibía material de esas factorías, ya que a Arcelor le salía mejor proveerlos desde el Principado.

Ilva es un gigante en horas bajas, pero no deja de ser un gran coloso que está recibiendo una inyección de 2.400 millones de euros para su puesta a punto con el objetivo de adaptar la planta a la normativa ambiental, hasta ahora incumplida, pero también para mejorar su eficiencia e incrementar su capacidad de producción de los seis millones actuales a ocho e, incluso, diez.

La multinacional ha pagado un precio muy alto para hacerse con esta compañía. Además de las inversiones, también ha desembolsado 1.800 millones para comprarla y se ha tenido que deshacer de plantas importantes en su negocio y de gran tamaño, como las de Ostrava y Galati. En total, incorpora 10.700 trabajadores de la italiana y se desprende de 13.000 de las plantas que vende a Liberty House. Ante este esfuerzo, está dispuesta a convertirla «en la mejor» del grupo en Europa, según recalca su director general, Matthieu Jehl, cada vez que tiene ocasión. En distintas reuniones, los reponsables de la multinacional ya han advertido a los representantes sindicales asturianos de la competencia que se les viene encima, aunque en otras han moderado su discurso sobre Ilva, para poner el foco en otros riesgos que sobrevuelan a las instalaciones de Avilés y Gijón.

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Pero, además, como adelantó EL COMERCIO en enero, los dirigentes de Liberty House pretenden entrar en el mercado español con productos de las factorías que adquiere a Arcelor, sobre todo de la italiana de Piombino, que hasta ahora no vendía en España y que fabrica 800.000 toneladas anuales de hojalata y galvanizado, precisamente, las dos líneas con peores perspectivas para las plantas asturianas en los últimos meses y protagonistas de varias paradas.