Los empresarios asturianos constatan una tendencia «bajista» en la economía regional

Las chimeneas de las baterías de cok de Avilés, que Arcelor prevé apagar a final de año. / MARIETA
Las chimeneas de las baterías de cok de Avilés, que Arcelor prevé apagar a final de año. / MARIETA

Factores como el envejecimiento, la transición energética o la falta de inversiones impactarán más en el Principado

NOELIA A. ERAUSQUIN GIJÓN.

El pasado lunes, el grueso de los clústeres industriales del País Vasco, tras una reunión con la consejera del ramo, Arantxa Tapia, dibujaban un panorama optimista para el resto de 2019. Estas perspectivas contrastan con las previsiones que las compañías del sector tienen en Asturias que, aunque no pintan un futuro negro de forma general, sí auguran nubarrones en la evolución de sus negocios o, al menos, reconocen una desaceleración tras años de fuertes crecimientos.

Arcelor, auténtico motor industrial de la región, es la empresa que más claramente ha advertido de los problemas que van a afectar a su balance en este ejercicio. La desaceleración de la economía, la caída del sector del automóvil, el 'Brexit', los efectos de la guerra comercial, los cambios que implica la descarbonización y el precio de la electricidad impactarán muy negativamente en las plantas asturianas, aseguran sus responsables. Pero no son los únicos que alertan de un escenario complicado.

La pasada semana, un informe de Iberinform situaba al Principado como una de las comunidades con menor porcentaje de empresas que prevé aumentar su facturación, un 38%, solo por encima de Navarra, Extremadura y Castilla y León, por debajo del 43% de la media nacional y muy alejada del 53% de Baleares, el 51% de Cantabria o el 50% de Canarias y La Rioja. Además, la proporción de compañías que creen que su negocio descenderá también es superior en la región, un 7,5% piensa que su facturación se reducirá, el mayor porcentaje de todas las comunidades y solo por delante de los que se registran en Ceuta y Melilla.

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La Federación Asturiana de Empresarios (Fade) reconoce que la economía regional tiene un «sesgo bajista». A los factores globales, su servicio de estudios económicos añade como explicación indicadores específicos que impactarán de forma negativa en las cuentas regionales en 2019, como «su evolución demográfica, una situación política y presupuestaria que puede incidir en una menor ejecución de políticas de promoción económica e inversiones en Asturias, y el desafío que supone una transición ecológica desacoplada del plan industrial». Además, advierte del posible «impacto» de medidas que se están planteando «en materia laboral, fiscal y energética» y de «las previsibles dificultades para formar gobiernos tras las elecciones».

El sector energético, del que depende de forma directa buena parte de la economía e indirecta otra aún mayor, se encuentra ante una transformación total que puede llevarse por delante el grueso de la generación eléctrica regional. De momento, Iberdrola ya solicitó en 2017 el cierre de su térmica de Lada y Naturgy hizo lo propio el pasado mes de diciembre con su central de Soto de la Barca. Las de Aboño y Soto de Ribera, de EdP, seguirán funcionando, en principio, hasta 2030.

El precio de la energía, en una comunidad donde casi el 70% del consumo corresponde a la industria, resulta vital y su evolución es una de las grandes incertidumbres que sobrevuelan este 2019. La primera empresa en caer, aunque dio también otras justificaciones, es la que corresponde a la planta de Alcoa de Avilés, que tiene como fecha tope el 30 de junio para encontrar un comprador. Pero la plantilla de la aluminera no es la única que está pendiente del precio de la energía. Para el resto de hiperelectrointensivas, como Arcelor y AZSA, la factura de energía también supone un problema. En otros casos, como Ence, DuPont, Cementos de Tudela Veguín y Fertiberia, una moderación de los costes podría dar un importante empujón a su negocio.

Pese a todo esto, Fade reconoce que tanto la producción como la cifra de negocio del sector industrial han iniciado 2019 «con un tono favorable», aunque la entrada de pedidos se estancó en enero. Con todo, y a pesar de los crecimientos de los últimos años, únicamente la industria química supera ya su índice precrisis, el de los ejercicios 2007 y 2008, pero sin llegar al máximo que se alcanzó en 2004.

Una de las principales patronales sectoriales, Femetal, reconoce que, después del crecimiento de un 5,3% de la producción en 2018, el entorno es de gran complejidad e incertidumbre. Su presidente, Guillermo Ulacia, habla de «un planteamiento prudente» para este 2019, pero sobre todo por factores sobre los que no hay capacidad de influencia, como son los geopolíticos y, entre ellos, el 'Brexit', ya que Reino Unido es uno de los destinos estratégicos del sector asturiano, aunque la guerra comercial y la desaceleración de las grandes economías mundiales también dejarán notar sus efectos.

«Desde Femetal hemos querido trabajar ciertos elementos que permitan crear certidumbre», subrayan fuentes de la patronal, y entre ellos destacan la firma del convenio del metal, que permite predecir los costes laborales; la especialización tecnológica y la mejora de la competitividad. Reconocen también los empresarios del sector que el estatuto para las electrointensivas supone un avance, aunque la rebaja de la electricidad que plantea es insuficiente y no se despeja cómo se van a configurar las subastas de interrumpibilidad.

Empresas

Compañía a compañía, las perspectivas son distintas, a menudo relacionadas con las particularidades de su sector. Así, mientras Arcelor plantea un futuro negro, Bayer, que este año celebra 120 años de presencia en España, asegura que la producción en la planta de La Felguera para este ejercicio y siguientes «es similar a años anteriores» y que mantienen sus inversiones en mejora de procesos y acondicionamiento de instalaciones. Nestlé también es optimista en cuanto al futuro de sus dos fábricas asturianas, la de Sebares y la de Gijón, mientras que Ence no puede tener unas previsiones más positivas para Asturias. El jueves anunció que, ante la incertidumbre que surge sobre la prórroga de la autorización de la biofábrica de Pontevedra, deriva a la factoría de Navia las inversiones que tenía previstas para la gallega, lo que supondrá una inyección económica de alrededor de 800 millones en cinco años, con el objetivo de incrementar la producción y la plantilla.

Fuera del sector estrictamente industrial, en la construcción no se quieren lanzar las campanas al vuelo, pero sí se apunta a un crecimiento «a un ritmo moderado y constante», según el presidente de CAC-Asprocon, Joel García, quien asegura que «hay mucha obra empezada y en un plazo inferior es imposible terminarla».

Por otro lado, el sector primario tiene comportamientos muy dispares. En enero, por ejemplo, la evolución en cuanto a entregas de leche y pesca ha sido negativa, pero la actividad sigue creciendo en el negocio cárnico, mientras que el heterogéneo sector servicios sostiene un comportamiento general positivo, tanto en actividad como empleo. En 2018 logró una subida del 6,2% en su cifra de negocios, dato que en clave interanual crece aún más en enero, hasta el 7,3%.