«Europa está dando una respuesta deficitaria al desarrollo de la industria»

Unai Sordo, en la sede de CC OO de La Felguera. / DAMIÁN ARIENZA
Unai Sordo, en la sede de CC OO de La Felguera. / DAMIÁN ARIENZA

«Este país no mantendrá su nivel industrial con una legislación pensada para abrir la puerta a inversores que luego pueden irse sin cortapisas»

JOSÉ L. GONZÁLEZLA FELGUERA.

Falta menos de una hora para que comience en La Felguera la manifestación contra el cierre de Vesuvius a la que acabarán acudiendo 20.000 personas, según la organización. Unai Sordo (Baracaldo, 1972), secretario general de CC OO, recién llegado de Madrid, entra en la sede langreana de su sindicato dispuesto a sumarse a la protesta. Antes, atiende a EL COMERCIO para discutir algunos de los temas que marcan la actualidad laboral.

-¿Cómo califica el ERE de Vesuvius?

-No es una acción novedosa. Empezamos a tener un problema en zonas más industrializadas históricamente con unas actitudes absolutamente impresentables por parte de multinacionales. Aprovechan lo laxa que es la legislación tras la última reforma laboral, dejando abandonadas empresas y comarcas sin ningún tipo de control gubernativo. Trasladan su producción a otras partes de Europa o del mundo para tener más beneficios. Es reprochable y denunciable, pero que tiene dos causas: la avaricia de los empresarios y una legislación muy laxa.

-¿Qué medidas hay que plantear para evitar este tipo de casos?

-España no puede pensar que va a mantener su nivel industrial, que ya es bajo, con una legislación pensada para abrir la puerta a inversores que cuando deciden marcharse no tienen ninguna cortapisa para hacerlo.

-Arcelor dice que está en una situación crítica. ¿Es así o se juega con la negociación del convenio?

-Siempre hay esa duda. Estamos preocupados y ojalá solo sea una estrategia de negociación.

-La problemática que dibuja Arcelor viene determinada por un contexto transnacional. ¿Cómo se resuelve desde un lugar tan pequeño como Asturias?

-En muchas cuestiones hace falta una estrategia europea. Estamos en una economía muy globalizada. Lo que hay que exigir desde Europa es una serie de estándares mínimos en los tratados comerciales de carácter medioambiental o social para evitar este 'dumping' que hace China.

-¿Está la UE actuando de forma responsable con la gran industria?

-Hay una debilidad en la acción. Se han hecho cosas, pero en general Europa está dando una respuesta deficitaria a las necesidades de desarrollo industrial en nuestro continente.

-¿Qué riesgos reales hay si no se aprueba el estatuto de las electrointensivas a corto plazo?

-Que los sectores siderúrgicos van a sufrir. Es una prioridad y hay que aprobarlo al inicio de la próxima legislatura. Va a ser una de nuestras primeras exigencias junto con la derogación de la reforma laboral. Espero que al nuevo Gobierno no se le ocurra volver a alargar una reforma del año 2012 que está generando una enorme dificultad para que el crecimiento de la economía española no se traduzca en un incremento de los salarios.

-Habla de una de las caras de la precariedad. ¿Qué medidas plantean para atajarla?

-La precariedad en España es como una hidra de siete cabezas, cortas una y surge otra por otro lado. Hay una apuesta de gran parte del empresariado de externalizar los riesgos que tendría que asumir precarizando a los trabajadores, de manera que cuando hay un problema en una empresa lo que se hace es despedir temporales. Últimamente ya ni siquiera vemos una contratación precaria, sino mercantil, que pretende hacer pasar a trabajadores que van repartiendo comida en una bicicleta por emprendedores, como autónomos que tienen que pagarse su seguridad social.

-Defendió hasta el final el acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos. ¿Qué supuso para usted que no se cerrara?

-Una decepción, un enfado y más que eso, pero ya estamos en otra fase, no conviene enredar. Las clases populares son los que más necesitan un Gobierno. El que tiene poder, dinero, puede prescindir de un Gobierno, la gente trabajadora no. La respuesta no puede ser la abstención.

-Lo natural es un descenso de la participación y se suma la incertidumbre del resultado. ¿Lo considera un riesgo para la izquierda?

-Claro que lo es, primero porque veo más que probable que haya un descenso de la participación. Y tirar los dados siempre lleva un riesgo.

-Algunos analistas hablan de un momento próximo a la recesión. ¿Lo perciben de igual manera?

-A veces, si se pone mucho el foco en la posibilidad de la recesión, pasa como con las profecías autocumplidas. El riesgo de recesión no depende de cuestiones internas de España, pero la economía está muy globalizada y hay factores geopolíticos muy peligrosos. El riesgo está ahí. Hemos recuperado el nivel macroeconómico, pero no la situación de cohesión social.

-¿Es sostenible el sistema de pensiones?

-El sistema de pensiones necesita reformas ya, la primera la derogación de la de 2013. También que las pensiones se vuelvan a revalorizar según los precios y eliminar el actual factor de sostenibilidad. Y abordar una paquete de medidas sobre ingresos. No hay una maldición que diga que las pensiones son insostenibles. Dicen que hay un déficit de 18.000 millones. Ya, pero es que está acarreando con gastos que no le corresponden. En el fondo es decidir qué parte del PIB nos queremos gastar en pensiones y creo que hay que subirlo. Hay que hacer esa transición de ingresos de forma paulatina, pero es una decisión política, no una maldición económica.

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