La industria se une para rechazar una descarbonización anticipada

El presidente de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE), Belarmino Feito/Hugo Álvarez
El presidente de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE), Belarmino Feito / Hugo Álvarez

«Nos llevaría a una nueva reconversión y ya hemos tenido suficientes», señala el presidente de Fade

Paloma Lamadrid
PALOMA LAMADRIDGijón

Representantes de la industria asturiana, las eléctricas y el transporte advirtieron esta mañana del riesgo que supone acelerar la llamada descarbonización. En el marco de una jornada organizada por la Federación Asturiana de Empresarios (Fade), han desgranado el impacto que podría tener que el Gobierno español adelante los plazos máximos establecidos por la Unión Europea (UE) para reducir las emisiones contaminantes. El presidente de la patronal, Belarmino Feito, puntualizó que el debate se centra en el cierre de las centrales térmicas y no el inminente cierre de las minas de carbón no rentables, dos asuntos que coinciden en el tiempo, pero que no se deben mezclar. Asimismo, negó que las ayudas sean la solución al problema. «La descarbonización exprés nos llevaría a una nueva reconversión y ya hemos tenido suficientes», declaró.

Por su parte, el presidente de la Autoridad Portuaria de Gijón, Laureano Lourido, explicó que desmantelar las térmicas supondría unas pérdidas de entre nueve y diez millones de euros anuales, ya que el carbón para alimentar a estas centrales supone el 23% del tráfico de El Musel. Después de una racha complicada derivada del sobrecoste que supuso la ampliación del puerto gijonés, la supresión de esta actividad supondría un duro golpe. «A partir de 2023, nuestro resultado estaría en seis millones de euros. Si perdemos esta facturación, volveremos a cero o a números negativos», apuntó Lourido. Además, a diario salen del puerto 374 camiones que transportan el mineral a las térmicas, por lo que esos puestos de trabajo peligran, indicó.

También participó en la jornada el consejero director general de EdP España, Javier Sáenz de Jubera, quien destascó que solo España, dentro de los grandes países europeos, va a cumplir los objetivos en materia de energías renovables en 2020. «Cerrar cualquier tecnología supone un aumento en el precio de la energía. Deberíamos hacer lo que se hace en Europa, no más», señaló en alusión al prematuro cierre de las térmicas de carbón. Una descabonización exprés supondría, añadió, la pérdida de competitividad para las empresas españolas. En cualquier caso, «el 60% de las tércmcas de carbón van a cerrar porque hay una directiva que exige inversiones, que nosotros hemos hecho, pero otros han decidido no llevarlas a cabo», subrayó Sáenz de Jubera.

Óscar Lapastora, expresidente de Carbunión (patronal del carbón) y miembro de la Comisión de Expertos sobre Transición Energética, aseguró que es posible mantener este mineral dentro del mix energético nacional y alcanzar el objetivo de reducción de emisiones contaminantes. De hecho, en los escenarios expuestos por dicho comité, solo uno rechazaba esta posibilidad. Además, retirar el carbón de las fuentes energéticas de abastecimiento acarrearía un problema añadido: «Para 2030, salvo que el desarrollo tecnológico diera una sorpresa, no sería suficiente con los ciclos combinados que existen y habría que construir más». Unas inversiones difícilmente recuperables porque la Unión Europea obliga a su desmantelamiento en 2050 para lograr las metas marcadas para completar la descarbonización.

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