Asturias es la región más pobre del norte, aunque el PIB subió un 5% en dos décadas

Asturias es la región más pobre del norte, aunque el PIB subió un 5% en dos décadasGráfico

A pesar de que es la quinta comunidad que más aumentó su riqueza desde el año 2000, continúa lejos de la media española

P. L. GIJÓN.

Basta con echar un vistazo a los indicadores regionales de riqueza para observar la profunda desigualdad territorial existente entre las comunidades autónomas. Además, las regiones con menor Producto Interior Bruto (PIB) per cápita parece que no acaban de despegar en su desarrollo económico porque la mayoría que estaba lejos de la media española en el año 2000 continúa sin alcanzar ese nivel. Incluso, algunas que entonces sí eran más ricas que el promedio ahora se encuentran por debajo de esos 25.854 euros resultantes de dividir el PIB entre la población española.

En este escenario, Asturias se sitúa como la comunidad con un menor nivel de riqueza del norte de España, según las cifras recogidas por el Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2018. En concreto, es del 89,3% de la media nacional, es decir, 23.087 euros. La segunda más pobre de esta mitad del país es Galicia, con un 90,1%. Le siguen Cantabria, con un 92,1%, y Castilla y León, con un 94,4%. A más distancia se encuentra La Rioja, que registra un 103,8%.

Aragón (110,8%), Cataluña (119%), Navarra (123%) y País Vasco (131,8%) encabezan el listado de regiones más ricas, no solo del norte, sino del conjunto del país. Solo Madrid las supera, ya que su PIB per cápita es el 135,1% de la media nacional. En el otro extremo, se sitúa Extremadura, que se queda en el 70,3% del promedio español, a pesar de haber sido la tercera comunidad que más creció en las últimas dos décadas (un 6,6%). En una situación similar está Asturias, que fue la quinta región que más incrementó su PIB per cápita al pasar del 84% al 89,3%. Y Galicia, que fue la que más aumentó su riqueza (un 12,5%) desde el año 2000 y, pese a ello, no logra alcanzar la media del país.

Diferencias más profundas

En estos casi veinte años, algunas de las comunidades más desfavorecidas vieron cómo la distancia con otros territorios se hacía mayor. Es el caso de Melilla, cuyo PIB per cápita cayó un 17,2% hasta suponer el 71,5% del promedio nacional. Algo parecido ocurre con Canarias, cuyo nivel de riqueza se desplomó un 16,4% -hasta registrar el 81,3%- y Ceuta, que bajó del 88,7% al 77,5%. Pero no solo las regiones más pobres siguieron esta tendencia descendente.

También algunas que hoy en día superan la media del país atesoraban más riqueza dos décadas atrás. Baleares es la más representativa, al menguar del 125,7% al 103,5% de la actualidad. En menor medida, Navarra también sufrió una merma en su PIB, al pasar del 127,3% al 123%; al igual que Cataluña, que en el 2000 alcanzaba el 121,6% y en 2018 anotó el 119%. El camino contrario recorrieron País Vasco, al subir del 122,6% al 131,8%, y Madrid, que creció un 1,2%, hasta el 135,1%.

La vulnerabilidad actual de la economía asturiana se remonta décadas atrás. El proceso de cambiar de un sistema productivo basado en una industria básica, pública y poco competitiva a uno avanzado, privado y preparado para el mercado global no está siendo sencillo ni rápido. De hecho, Asturias sigue en plena reconversión. Sectores básicos de primera transformación de materias primas, como los del aluminio, zinc, químico, energético o siderúrgico, siguen tirando de la economía. Se trata de industria básica que tiene una menor capacidad de crecimiento, que exige una gran inversión de capital por cada puesto de trabajo, mucha más que la transformadora, y que tiene una inclinación alta a las deslocalizaciones, una tendencia que puede crecer con el proceso de descarbonización para ubicarse en áreas menos sensibles al problema de las emisiones.

Pero, además de ese proceso industrial, se ha producido un fenómeno de expulsión de la población joven, que es la más productiva, lo que es, a la vez, causa y consecuencia del menor dinamismo económico de la comunidad. Así las cosas, los expertos aconsejan una política industrial coherente que permita a Asturias crecer.