La importación de acero se dispara a pesar de las medidas de la UE y amenaza a Arcelor

La importación de acero se dispara a pesar de las medidas de la UE y amenaza a ArcelorGráfico

Creció en España un 8,6% el año pasado por la política de Trump y el aumento de un 21% de las compras a países terceros

NOELIA A. ERAUSQUIN GIJÓN.

Las medidas de salvaguarda comercial que la Unión Europea (UE) impulsó el año pasado para impedir la entrada en su mercado de acero rebotado de Estados Unidos (EE UU) no está teniendo los efectos deseados. Los productos siderúrgicos procedentes de fuera del club de los Veintiocho siguen llegando y, a medida que pasa el tiempo, lo hacen cada vez más fuerte. Así se desprende de los datos que maneja la patronal del sector en España, Unesid, que advierte también del incremento que se está produciendo de esas importaciones en el país. Solo en 2018 crecieron un 8,6%, aunque no lo hicieron de forma homogénea y es, sobre todo, el aumento de las compras a países terceros el que está elevando la cifra total. Estas adquisiciones subieron un 21% interanual.

El departamento de estudios económicos de Unesid atribuye a la imposición de aranceles por parte de EE UU la mayor parte de estos incrementos. Cuando el presidente norteamericano Donald Trump impuso aranceles al acero y al aluminio de prácticamente todo el mundo los productores europeos ya advirtieron de las consecuencias que podría conllevar esta medida, ya no solo las directas, con la pérdida de ventas en el territorio estadounidense, sino sobre todo indirectas. Como un efecto en cadena, los productos siderúrgicos del resto del planeta que iban a ser enviados a EE UU buscan nuevos destinos y encuentran una oportunidad en el garantista y especialmente abierto mercado de los Veintiocho. La llegada masiva de acero lo distorsiona y pone en peligro a sus factorías.

Ante esta perspectiva, la UE puso en marcha en julio del año pasado aranceles de un 25% a 23 categorías de productos, como pueden ser algunos de los que se producen en Asturias, por ejemplo, las chapas laminadas en caliente y en frío y el alambrón, «a fin de prevenir daños a la industria siderúrgica de la UE que serían difíciles de reparar». Estas medidas de salvaguarda comercial,de carácter provisional en un primer momento, se confirmaron en febrero, cuando la Comisión Europea las convirtió en definitivas, con un plazo, al menos, de tres años.

Con el paso dado hace mes y medio la UE fija un arancel del 25% a las importaciones de 26 variedades de acero, pero se establecen unas cuotas máximas de importación a partir de las cuales se aplicará esa carga impositiva. Además, los principales países proveedores se benefician de cuotas individuales basadas en sus propias importaciones históricas.

Tanto el sistema anunciado en julio como el de febrero ha suscitado críticas por parte de la industria siderúrgica europea, que aplaude que haya medidas correctoras por parte de la UE, pero que considera que son insuficientes y suponen aún un coladero para los productos de terceros países, que pueden ofrecer precios más económicos, ya que entre sus costes de producción no tienen que hacer frente a factores como el desarrollo de medidas medioambientales o el pago de derechos de CO2 -disparado en los últimos meses- y que, además, cuentan con mano de obra mucho más barata. «No son eficaces», se quejan fuentes de Arcelor, que además denuncian «la relajación» de la cuota, un 5% más elevada ya que la media de importaciones de los últimos años.

El enemigo turco

No hay que irse demasiado lejos para buscar esos productores que invaden ahora el mercado europeo. Solo las importaciones de acero de Turquía a España crecieron el año pasado un 52% hasta superar el millón de toneladas. Se trata del segundo volumen más elevado de la serie histórica y supone, aproximadamente, el 10% de las compras al extranjero del país. Además, denuncian desde la industria siderúrgica europea que este territorio se está utilizando como puente desde otros, sobre todo China e India, para introducir en Europa sus productos. Esto podría explicar el descenso en las importaciones desde estos países, un 11,5% y un 18,5%, respectivamente.

Aunque gran parte del foco se pone en Turquía , hay más lugares que contribuyeron a elevar las importaciones de acero. Así, Taiwán protagonizó otro de los aumentos más importantes del año, con un 80% de crecimiento. La subida le sitúa como el tercer territorio de origen de las importaciones de bobinas laminadas en caliente no inoxidable, competidoras directas de las asturianas, y chapas y flejes recubiertos no aleados.

En total, España importó en 2018 10,8 millones de toneladas, más del doble de la producción de las dos factorías asturianas de Arcelor, donde reconocen que estas compras al exterior están haciendo daño y eso, a pesar de que el ejercicio anterior fue especialmente positivo para las plantas del Principado, con buenos resultados económicos y récord de producción en varias de las instalaciones. Sin embargo, la peor perspectiva para 2019 y la previsión de que las importaciones sigan creciendo podrían suponer un mayor riesgo en este año.

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