La guerra comercial tira los precios del acero asturiano

Chimeneas de la planta avilesina de Arcelor. / J. L. CEREIJIDO
Chimeneas de la planta avilesina de Arcelor. / J. L. CEREIJIDO

Las medidas de defensa en Europa no frenan ni la caída de la cotización de los productos siderúrgicos ni de las importaciones

NOELIA A. ERAUSQUIN GIJÓN.

La guerra comercial emprendida por Donald Trump afecta en Asturias doblemente; por un lado, a las empresas que intentan hacer negocio allí y a las que les ha costado mucho esfuerzo abrirse camino, y por otro, de forma indirecta, a diferentes sectores por los daños colaterales que está provocando el proteccionismo.

En Asturias, el máximo exponente de esto es la siderurgia. Ante el cierre del mercado americano, productores como los de Turquía, que además no tienen que pagar derechos de emisión de CO2 y cuentan con costes más baratos, han encontrado en el abierto mercado europeo la mejor opción para colocar sus productos, lo que provoca un exceso de oferta y el desplome de los precios.

Ante esta situación, la Unión Europea (UE) decidió poner en marcha medidas de defensa comercial sobre 26 productos, pero esto no ha frenado la importación ni la caída de precios que echan por tierra la rentabilidad de las empresas siderúrgicas, principal argumento de Arcelor para decidir reducir su producción en Asturias en 700.000 toneladas (un 16%) y que amenaza con paralizar un horno alto.

De hecho, el diferencial entre los precios de EE UU y Europa no ha hecho otra cosa que crecer, hasta alcanzar, según la patronal siderúrgica española Unesid, el 25% para la bobina laminada en caliente, producto intermedio que se suele utilizar para realizar las comparativas. Precisamente, es en el que Arcelor concentrará sus paradas en Asturias los próximos días (30 y 31 de mayo y 3, 4, 10, 11, 12, 24 y 25 de junio) en las que serán las mayores desde hace siete años por su impacto en el empleo y su duración.

Hasta finales de enero de 2018, el coste de la bobina laminada en caliente era similar en los dos lados del Atlántico, lo normal en un mercado global, pero la imposición de los aranceles supuso toda una ruptura. Los precios en EE UU comenzaron a dispararse, mientras que en Europa iniciaron una caída hasta ahora imparable, agravada por problemas como el coste al alza de la electricidad, de los derechos de emisión y de las materias primas.

El director de estudios económicos de Unesid, Alfonso Hidalgo de Calcerrada García, es claro: la decisión de la UE «no es una medida que restrinja el mercado o produzca aumento de precios». De hecho, a pesar de las supuestas trabas impuestas por la Comisión, las importaciones se incrementaron el año pasado un 12,6%. Y esa cifra podría empeorar.

La decisión de la UE fue calcular contingentes libres de arancel basados en volúmenes históricos, ya hinchados, según las compañías, pero además llamados a crecer. En febrero el cupo exento aumentó un 5% y está previsto que haya otras dos revisiones al alza del 5%, una en julio y otra el año que viene.

Este aumento «corre el riesgo de exprimir al sector siderúrgico de la UE», alerta la patronal comunitaria Eurofer, que advierte de una «tormenta perfecta» que puede devolver a su industria a una «crisis severa», provocada por la desaceleración de la demanda, tanto en general como específicamente para el acero; la sobrecapacidad global de 550 millones de toneladas -el 25% de la capacidad de producción mundial-, precios altos y volátiles de las materias primas y el carbono, y las crecientes importaciones.

España no se escapa de este conjunto de problemas. Por primera vez en más de una década la balanza comercial del sector fue negativa: importó productos por 8.206 millones y las exportaciones se quedaron en 7.996 millones. De hecho, es uno de los países que más está sufriendo la llegada de importaciones.

En el caso de España e Italia es acero turco -aquí crecieron un 52%- y en el de Polonia procedente de Rusia, por lo que la decisión de recortar la producción en estos países por parte de Arcelor no es casualidad.

Ante este panorama, Eurofer, presidida por el responsable de Productos Planos de Arcelor en Europa, Geert van Poelvoorde, reclama que los productos siderúrgicos importados y vendidos en la UE tengan en mismo coste de carbono para competir en igualdad de condiciones y que se coloque el acero en el centro de la agenda de investigación de los Veintiocho para lograr ser una industria pobre en carbono. De momento, insisten, es imposible realizar el proceso siderúrgico sin emisiones.

También reclaman medidas de defensa comercial más vigorosas, que se reduzcan los subsidios estatales que permiten el mantenimiento de la sobrecapacidad mundial y que se les exijan a esas compañías, de alguna forma dopadas, los mismos requerimientos que a las locales.