Los camareros, indignados ante la obligación de tributar a Hacienda también las propinas

Estadio Carlos Tartiere
De izquierda a derecha y desde arriba hacia abajo, Francisco Javier Fernández, Juanjo González, Emilio Noval y Sunem Souza y Luis Bello. / AURELIO FLÓREZ

Los profesionales de la hostelería se rebelan: «Son un detalle de los clientes bien tratados» | La Ley del IRPF establece que las cuantías que perciben son rendimientos del trabajo sujetos al impuesto, pero el fisco no los controla por ahora

SUSANA BAQUEDANO GIJÓN.

«¿Quéee?, ¿Que las propinas también tributan? Lo que faltaba». Las reacciones de los profesionales asturianos de la hostelería van desde los gestos de incredulidad e indignación hasta incluso alguna carcajada. La polémica está servida. La respuesta a una consulta vinculante de la Dirección General de Tributos ha trascendido públicamente y corrido como la pólvora en medios económicos nacionales. Este departamento del Ministerio de Hacienda entiende que, aplicando el artículo 17.1 de la Ley 35/2006 del IRPF, las cantidades percibidas en concepto de propinas que recibe el trabajador son rendimientos del trabajo y están sujetas a tal impuesto y a su sistema de retenciones a cuenta.

La noticia llega justo en plena operación salida del verano, donde se espera un récord de turismo en España, y un mayor gasto en los establecimientos hosteleros. Pero que no cunda el pánico. Desde el Ministerio de Hacienda se quita hierro a esta cuestión. «Bastante tenemos como para ocuparnos de las monedas que dejan los clientes en un bar», afirman fuentes ministeriales.

Sin embargo, aunque parezca sorprendente, estas pequeñas cantidades que perciben los empleados del sector de la hostelería están sujetas por la legislación vigente al Impuesto sobre la Renta Física. Mientras muchos países europeos incluyen por ley esta retribución (que puede oscilar entre el 20% y 30% de la cuenta), en España no está regulada la cuantía. Se trata de un detalle voluntario del cliente. A veces es de solo unos céntimos, pero otras puede superar hasta los 5 o 10 euros.

A lo largo del día, un bar podría recibir más de 50 euros en propinas y si eso se multiplica por los 30 días del mes, el resultado es que un establecimiento puede recibir unos 1.500 euros mensuales. Si ese local tiene 6 empleados, cada uno de ellos recibiría unos 250 euros en concepto de propinas. Claro que depende del tipo de establecimiento hostelero. No es lo mismo una casa de comidas que un café o un bar de copas.

El caso es que las propinas suponen una motivación extra en un sector en el que, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el sueldo medio de un camarero oscila entre los 12.000 y 15.000 euros brutos al año, un salario con el que apenas se llega a los 900 euros mensuales en 14 pagas. Se trata de las remuneraciones más bajas del mercado laboral. Está previsto que entre en vigor el nuevo límite exento para la Declaración de la Renta de 2018, por lo que las rentas inferiores a 14.000 euros no tendrán que tributar. Si un camarero superase con las propinas ese montante, el castigo de la Agencia Tributaria sería de 760 euros en el IRPF.

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Nuevo convenio

En Asturias, donde la hostelería emplea a unos 20.000 trabajadores, está, además, pendiente el nuevo convenio. El último se firmó en 2011. Los sindicatos ya han iniciado las movilizaciones. La primera tuvo lugar el pasado día 25 aprovechando la celebración del segundo Congreso Mundial sobre destinos Inteligentes que se desarrolló en Oviedo.

El mayor escollo de este convenio está en la incapacidad temporal. Los sindicatos entienden que el trabajador tiene complementado el 100% del salario desde el primer día de baja, pero los empresarios rechazan este punto. También la subida salarial es otra de las exigencias sindicales, porque «los trabajadores de la hostelería hemos perdido un 10% de poder adquisitivo desde 2012», advierten las organizaciones sindicales.

Volviendo al asunto de las propinas, ni Hacienda se está ocupando de ello, por el momento, ni habría forma de controlarlo. La única manera sería inspeccionando bar por bar. Los propios inspectores de Hacienda reconocen la dificultad que supone controlar la tributación de las propinas en efectivo. Sin embargo, si la propina se hiciese con tarjeta, sería más fácil su control. «Y todo llegará», apunta Juanjo González, encargado de Sidrería El Mallu. «En Dinamarca pagarán todo ya con tarjeta en unos años y aquí también se hará, pero mientras las propinas no estén reguladas como en otros países el tema es incontrolable. Se trata de un detalle que tienen los clientes con nosotros porque se sienten bien tratados. ¿Cómo se controla eso?».

Francisco Javier Fernández, de Boncafé 2, destaca «la generosidad» de sus clientes. «Yo también lo soy con ellos y les pongo pinchos continuamente. Es un acto voluntario de los clientes. Si tienen que tributar las propinas también lo tendrían que hacer las ayudas que recibe la gente que pide en la calle. ¿Es que ahora vamos a tener que tributar todo? Apaga y vámonos». Además, advierte de que «la cosa está parada», porque «la gente tiene miedo a gastar. Está ahorrando más».

Redondeo

A Juan Bello, de Café Vogue 3, le parece «absurdo» que las propinas tengan que declararse. «Es un gesto de los clientes. ¿Cómo lo controlan? Las camareras lo tienen en un bote que es de ellas. En dos días igual se sacan ocho euros. Algunos clientes dejan diez euros y otros nada. La gente de fuera está más acostumbrada a las propinas. Aquí, pueden ser cinco o diez céntimos, para redondear el precio del café».

Emilio Noval es ayudante de cocina de La Volanta. Lleva un año en este oficio y opina que es «ridículo» tener que tributar las propinas. «Sería entendible si se pagara con tarjeta, pero así no se comprende». En la sidrería en la que trabajan se reparten el bote los domingos, unos 30 euros de media, que la brasileña Sunem Souza, también ayudante de cocina, utiliza para «comprar un pollo mejor en el supermercado». «Este es un trabajo sacrificado y las propinas son un estímulo».

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