Luis Rodríguez-Ovejero, presidente y fundador de Satec
«Creceremos en Asturias en emprendimiento, I+D y desarrollo de producto propio, dentro del refuerzo de mercados en los que ya estamos»
Luis Rodríguez-Ovejero (Oviedo, 1951) recibirá el premio Talento en la Ingeniería el miércoles por su trayectoria en este ámbito al frente de la multinacional ... tecnológica Satec, fundada en 1988 en Asturias. En Avilés se mantiene el centro de I+D y emprendimiento del grupo, que está presente en siete países, en los que cuenta con 19 oficinas y una plantilla formada por más de 1.600 profesionales. Destaca la importancia de la cercanía «a los mercados y sus retos», por lo que afronta el próximo año con el objetivo de poner «especial énfasis» en las oportunidades que sectores como la defensa, las tecnologías de ciberseguridad y la gestión en la nube.
–Recibe el premio Talento en la Ingeniería. ¿Se aprecia fuera de nuestras fronteras a los ingenieros asturianos?
–España, en general, y Asturias en particular, tienen y siempre han tenido muy buenos ingenieros. El desarrollo de nuestro país, posicionamiento y estado de bienestar no se puede comprender sin la ingeniería y los ingenieros que lo hicieron posible en tantas ramas de actividad: la industria, la construcción/infraestructuras, las telecomunicaciones, la energía, la minería, el transporte, etcétera. La ingeniería española ha sido capaz, primero, de liderar y catapultar nuestro progreso y, paralelamente, proyectar nuestro conocimiento al negocio exterior donde hoy somos un referente en tantos mercados donde competimos, como en las organizaciones, donde trabajan y a menudo dirigen muchísimos de nuestros compatriotas ingenieros, con una buena representación de asturianos.
–Hablar de tecnología e innovación ahora está a la orden del día, pero ¿cómo era a finales de los 80 cuando fundó Satec?
–Hasta mediados los 70 había muy pocos ordenadores y muy caros. La industria informática de entonces estaba formada por un número muy reducido de grandes corporaciones, era innovadora, conservadora pero poco disruptiva. Nadie imaginaba (ni quería imaginar) la explosión que se estaba produciendo, que cogió al sector por sorpresa y se llevó por delante la gran mayoría de las empresas, dando paso a otras muchas que tomaron el testigo. Un nuevo mundo, germen del actual, donde los ordenadores, siempre relevantes, pasaron de ser algo exótico y desconocido a formar parte capital de nuestras vidas. Este gran cambio vino de la mano de los microprocesadores (los chips) que espectacularmente multiplicaron la potencia de cálculo y la tecnología de almacenamiento que vinieron paralelos a una drástica reducción de los precios. De ahí surgieron desarrollos de equipos y aplicaciones antes impensables: desde las calculadoras (que no existían) hasta la informática personal/distribuida o los primeros pasos de telefonía digital hasta las ingentes redes de telecomunicaciones que interconectaron el mundo. Hoy la tónica continua igual y es, como siempre ha sido, gracias a los avances en la computación que hacen posible abordar los nuevos retos.
–¿Cómo sigue una empresa una evolución tan vertiginosa como la de la tecnología en estas últimas décadas?
–Se sigue con la cercanía a los mercados y sus retos; aportando sacrificio y espíritu de servicio; cultivando la curiosidad y pasión por aprender; promoviendo la calidad y el compromiso con la excelencia; estableciendo orden y pautas de eficacia y, con todo, dictando disciplina y alineamiento de voluntades y objetivos. En fin, nada nuevo bajo el sol que no requiera cualquier otra actividad de progreso humano que el mundo empresarial llama innovación y que es la forma natural de competir.
–¿Estamos ahora en una revolución basada en los datos?
–Los datos son un activo capital de las personas, las organizaciones y los gobiernos sobre lo que todavía existe, sobre todo en lo individual, una limitada conciencia de su importancia. Las ingentes masas de datos de que se dispone son, hoy, solo una parte ligera de lo que está por venir. La potencialidad que encierran de convertirse en información y utilidad es, hoy, todavía limitada y lo que vivimos, más que una revolución, es una evolución de una carrera que ha sido pauta del desarrollo tecnológico de los últimos tiempos. Lo que es diferente, y mucho, son las condiciones de contorno: media docena de empresas ligadas a los datos son las primeras en capitalización bursátil del mundo y poseen un poderío económico y mediático extraordinario que modula las expectativas y mueve los mercados creando la nueva realidad que hoy vivimos tan intensamente, entre oportunidad y amenaza, llamada IA.
–La inteligencia artificial es una aliada, pero ¿hay lagunas en su regulación?
–La IA es una línea tecnológica conocida y aplicada desde hace muchos años cuyas ideas y usos se van desarrollando a medida que lo hacen posible los avances en la computación, como siempre ocurrió. La computación es la clave y, en tanto en cuanto crece su potencial y baja el precio, abre nuevas perspectivas antes inabordables. Por tanto, nada que temer en su desarrollo que, en mayor o menor medida, responde a pautas que hemos vivido en la evolución tecnológica de estos últimos tiempos. Lo que está ocurriendo es fascinante, pero también preocupante.
–¿Por qué?
–Porque hay una carrera por adoptar estos, supuestamente revolucionarios, paradigmas que ha derivado en una escalada del valor de las empresas que lo promueven. En los últimos tres años, los índices bursátiles en Estados Unidos se han casi duplicado y este crecimiento corresponde, en una enorme proporción, a este pequeño grupo de compañías que han disparado los índices y contabilizan alrededor de un 30% del valor de todo el conjunto de empresas cotizadas. Esto ya ocurrió, parecido, hace 25 años en las entonces llamadas '.com' y el resultado es conocido: el mercado se hundió, muchas empresas desaparecieron, pero muchas otras vieron reducido dramáticamente su valor sin que ello condicionase su existencia, pues supieron capitalizarse con anterioridad en base al enorme valor de sus acciones, antes de la caída. Las previsión de desarrollo de las tecnologías no fue errónea, se fueron viendo los efectos, en una medida extraordinaria a menudo superior a la prevista, pero en unos tiempos muy distintos de las expectativas. La carrera por la regulación está abierta. Europa lleva el liderazgo por convicción, lo que limita sus posibilidades de competir con Estados Unidos, que minimiza esta necesidad en beneficio de sus empresas, o China, que lo hace en interés de su Gobierno.
–¿Cómo ha logrado que Satec siga siendo independiente en un sector con tantas fusiones y compras?
–Ha sido un largo camino donde muchos han creído oportuno integrarse en corporaciones o proyectos de mayor escala y hacer caja. Por nuestra parte, hemos mantenido la independencia por la convicción y con la confianza de creer que nuestras posibilidades de creación de valor eran realistas y nuestro interés en llevarlas a cabo, determinante. Esto ayuda a disipar temores como la duda sobre tu capacidad de competir si no tienes escala o la oportunidad de diferenciación tecnológica sin grandes equipos o perspectiva más corporativa. Ha funcionado y hemos sobrevivido, a pesar de haber sufrido algunas crisis importantes, lo que nos ha permitido continuar persiguiendo nuestro propósito de cultivar la excelencia como camino a la rentabilidad. El valor que da la independencia es para nosotros una enorme ventaja competitiva, decisiva para captar la confianza de los clientes y construir el talento de las organizaciones. Somos libres, y por tanto flexibles, para definir y aplicar nuestra estrategia y nuestros órganos de decisión son locales y afines a los intereses de nuestra comunidad y nuestro país.
–¿Cuáles son los objetivos de Satec para el próximo año?
–En este próximo año es importante para nosotros por la transición generacional. Continuaremos consolidando nuestra posición como empresa de referencia en la gestión y desarrollo de herramientas de apoyo a la capitalización de los datos en las organizaciones. El impacto mediático de la IA esta generando una inquietud y oportunidades donde nosotros contamos con los conocimientos, la experiencia y las referencias para presentar una propuesta de valor muy competitiva. Tenemos un importante reto en la evolución de nuestros clientes naturales en su estrategia de transformación digital. Contamos con una cartera de proyectos a desarrollar, algunos novedosos, en la economía azul, otros más tradicionales, en empresas y administraciones. Este año apuntaremos, con especial énfasis, a las oportunidades en los sectores de defensa y aeroespacial y las tecnologías de ciberseguridad, gestión en la nube y servicios de valor añadido. Continuaremos con el desarrollo de los mercados en que estamos presentes y apuntaremos a Europa, creciendo en Asturias en emprendimiento, I+D y desarrollo de producto propio.
–¿Les afectan las tensiones geopolíticas y la incertidumbre global?
–Afectan, como a casi todo el mundo, y estos tiempos, particularmente intensos, crean incertidumbre como ha sido el caso de otros anteriores. Una empresa ha de ser capaz de navegar ante cualquier meteorología y encontrar sus oportunidades en las dificultades y los cambios de cada momento.
–¿Ofrece ahora Asturias las herramientas necesarias para emprender?
–En Asturias hay un enorme interés en promover el emprendimiento desde prácticamente todos los estamentos de nuestro tejido social. Como en tantas otras partes, prima la convicción de que el dinero es lo más importante y a menudo se obvian otros aspectos que, en muchas ocasiones, son decisivos. Asturias tiene un enorme activo en su cultura industrial y una población que está bien preparada y es madura. Más que el dinero, un proyecto emprendedor se transforma cuando desarrolla una oportunidad y consolida su autoestima. El mercado ha de ayudar al emprendimiento posibilitando estas oportunidades. Hoy pocos proyectos progresan y superan la necesidad de continuar recibiendo subvenciones y, menos aún, son los que escalan. Faltan modelos de éxito replicables y una implicación mayor de las empresas y las administraciones, compartiendo problemas e iniciativas de mercado, como esencia de su labor tractora. Es necesario crear vías de cooperación en condiciones mucho más comprometidas como paso previo a construir confianza.
–¿Considera que el cambio de modelo productivo se está haciendo correctamente en la región?
–El cambio productivo lo conducen, principalmente, las empresas, que son las que abordan los mercados y traen la riqueza. Este cambio se produce en la dirección que apuntan las oportunidades del mercado en sintonía con las capacidades de las organizaciones. Las políticas públicas han de contar con la visión empresarial como elemento focal, facilitar la información y acceso a los mercados, promover la capacitación en aquello que sea de interés para el desarrollo empresarial y modular la regulación y la burocracia que, tan a menudo, ahoga la viabilidad de los apoyos a la innovación. El modelo productivo se construye sobre el éxito, algo a reconocer y apoyar.
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