«Trabajamos en la detección de mensajes de odio en redes sociales»

«Trabajamos en la detección de mensajes de odio en redes sociales»
Miguel Ángel Luengo-Oroz, en las inmediaciones de la residencia La Granda. / LUIS MANSO

«La mayoría de las nuevas tecnologías han sido ideadas por hombres blancos de Silicon Valley, va siendo hora de que se hagan en otros lugares»

LAURA CASTRO LA GRANDA.

Es un fiel defensor de la idea de que la tecnología sirve para mejorar la vida de las personas y no solo para encontrar un beneficio económico. Miguel Ángel Luengo-Oroz (Oviedo, 1981), es doctor ingeniero de Telecomunicaciones y actualmente trabaja como jefe científico de datos para las Naciones Unidas. Su objetivo es convencer a gobiernos, empresarios y ciudadanos de que la inteligencia artificial cambiará el mundo, pero «debemos pensar hacia qué camino ir» para no perder la idea básica: el respeto y el fomento de los Derechos Humanos.

-Fue el primer científico de datos que contrató la ONU. ¿Cómo ha ido evolucionando su trabajo desde entonces?

-Al principio la idea era demostrar que el análisis de datos que estaba empezando a usarse en el sector privado también podría tener una aplicación en lo público y lo social. La iniciativa, llamada Global Pulse, surgió a raíz de la crisis financiera, pues muchos países perdieron en cuestión de meses el desarrollo que habían tardado años en lograr. Ya a partir de 2013, empezamos a trabajar con agencias como Unicef, el Programa Mundial de Alimentos, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, la academia y el sector privado para poner en marcha proyectos de innovación.

-¿Cómo puede aplicarse la inteligencia artificial al bien común?

-Por ejemplo, en salud puede ayudar a hacer un diagnóstico automático a través del análisis de imágenes, en las que detecta patrones. También proveer a los agricultores, como probamos en Colombia, de recomendaciones personalizadas para que sepan cuál es el momento óptimo para cultivar sus tierras.

-¿También sería implantable, por ejemplo, en catástrofes naturales?

-Sin duda. A raíz del huracán 'Odile', en México, por ejemplo, se analizó el tiempo que tardó cada comarca en recuperar la actividad económica. Así la próxima vez que suceda, sabrán a qué zonas destinar más recursos. Y en Japón se hizo un estudio de 'big data' elaborando un censo dinámico de población basándose en los móviles que estaban conectados en el momento del tsunami que causó el accidente nuclear de Fukushima. De esta forma, estudiaron el movimiento que hizo la población tras el suceso y así, en el futuro, sabrán cómo y dónde desplegar los operativos de emergencia necesarios.

-No obstante, estas tecnologías también abren la puerta a muchas oportunidades de negocio que poco tienen que ver con el bien común...

-Sí, pero ahora estamos en el punto de inflexión. Es el momento de pensar hacia dónde queremos ir, aunque por el camino automaticemos muchos procesos. ¿Queremos que los algoritmos tomen decisiones sesgadas que pueden afectar a la vida de las personas y que perpetúen modelos erróneos como la desigualdad de género?

-Es decir, aunque se perfeccionen los algoritmos al máximo, seguirán haciendo falta humanos.

-La inteligencia artificial no puede reemplazar por completo el capital humano. Entre otras cosas, porque no podemos delegar el impacto moral de lo que hacemos en las máquinas. La inteligencia artificial es una herramienta, que nos ayuda a ser más eficientes, pero no puede tomar la decisión final. Imaginemos que en el análisis de imágenes por satélite tras una inundación el algoritmo se equivoca en un pixel de la fotografía. Puede que suponga la diferencia entre que la ayuda humanitaria llegue a 5.000 casas o solo a 3.000. Detrás de un solo pixel pueden estar miles de personas.

-¿Cuáles son los próximos retos que se plantean?

-Estamos trabajando en varias líneas. Por ejemplo, en la detección de mensajes de odio a través de las redes sociales en casos tan actuales como la crisis de los refugiados. También estamos intentando implicar a todos los actores (gobiernos, ciudadanos, sector privado...) en la idea de que debemos utilizar la tecnología para generar un impacto social positivo. Hasta ahora, todas estas tecnologías las han ideado hombres blancos en Silicon Valley, va siendo hora de que se generen también en otros lugares, pues esto le dará más riqueza y minimizará la desigualdad entre países.

-Es miembro del comité de expertos que asesora a España en el plan nacional de inteligencia artificial. ¿Qué parámetros abarca?

-Estamos estudiando su implementación en educación y también en economía, para ver, entre otras cosas, en qué sectores sería más necesaria esta tecnología.

-¿Puede indicarnos alguno de ellos?

-Personalmente creo que España tiene ventaja competitiva en salud y hay mucho por hacer con la inteligencia artificial en esto. También sería interesante implantarla de manera general en todo el sector público para que estas técnicas se apliquen en beneficio de todos. En el caso de Asturias, concretamente, la industria con más capacidad económica debería invertir en esto cuanto antes, pues sino tendrán que copiarlo de otros países. España invierte poco en I+D, no es ningún misterio y esta tendencia debe acabar cuanto antes.

-¿Cuándo estará listo el plan nacional?

-Esperamos que este año salgan al menos las líneas maestras, aunque con el cambio de gobierno nos hemos retrasado un poco.

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