«Tenemos que conseguir que la fábrica de Tenneco en Gijón sea viable»

César González se dirige a los trabajadores de Tenneco, frente a la fábrica gijonesa, minutos antes de comenzar la jornada. /
César González se dirige a los trabajadores de Tenneco, frente a la fábrica gijonesa, minutos antes de comenzar la jornada.

El jueves comenzará la producción de ejes y amortiguadores, pero queda pendiente que se homologue la planta para que pueda fabricar equipos originales

ANA MORIYÓNGijón

La fábrica gijonesa de Tenneco volvía ayer a llenarse de vida después de que, el pasado 31 de diciembre, cerrara sus puertas dejando en la calle a todos sus empleados. A las nueve de la mañana accedían a su puesto 117 trabajadores de los 210 que formaban la plantilla hace ahora algo más de un año, cuando se conocieron las intenciones de la multinacional estadounidense de cerrar la planta asturiana. Y lo hicieron con «los ánimos renovados» y con «confianza plena» en que la viabilidad de la empresa vaya más allá de los dos años que están garantizados, aunque marcados por un posible 'traspaso' de la propiedad de la factoría.

«Tenemos el compromiso de Tenneco de conseguir que la fábrica sea viable para que, dentro de dos años, continúe la actividad bien en manos de la multinacional o de un tercero. Creemos que el plan de futuro de la empresa es realmente de futuro, y no a corto plazo. Volveremos a ser los mejores», manifestó el delegado sindical de CCOO, César González. Para ello está pendiente aún homologar la planta para que pueda fabricar equipos originales y así optar a concursos de fabricantes de coches, pero también producir el excedente de esos equipos que no puedan hacer otras plantas de Europa.

Buena parte de los ex trabajadores de Tenneco que se han quedado al margen de la nueva plantilla -81 prejubilados y doce más que firmaron la baja voluntaria- participaron ayer en esta jornada histórica con la que se culmina una dura etapa de negociaciones, manifestaciones y encierros. Lo hicieron formando un paseíllo a las puertas de la fábrica por el que caminaron, entre aplausos, quienes volvían al tajo. Hubo abrazos y muchas emociones ya que el trayecto para llegar hasta aquí fue complicado. «Hemos conseguido mantener la fábrica gracias a la unidad que ha demostrado durante todo este tiempo la plantilla, algo muy difícil de conseguir cuando un coloso como Tenneco viene dando palos», destacó González, quien también reconoció que fueron vitales para el éxito del proceso negociador el apoyo judicial -el Tribunal Superior de Justicia de Asturias declaró nulo el ERE- y el respaldo político y de la ciudadanía.

Los trabajadores realizarán cursos de reciclaje profesional durante tres días -que van desde primeros auxilios o seguridad y medio ambiente, a otros más técnicos de la maquinaria a emplear o los elementos a fabricar- para iniciar la producción el jueves en diferentes turnos, sin que aún esté concretado su volumen real. La zona de ejes comenzará a trabajar a tres turnos; la zona de tubería, a dos, y la cadena de montaje operará a un turno de jornada partida. Esto permitirá a Tenneco fabricar unos 3.500 amortiguadores diarios. El comité de empresa calcula que, con el personal actual, la producción anual oscilará entre los 600.000 y 850.000 amortiguadores y las 1.700.000 varillas, un producto nuevo para la factoría gijonesa.

El presidente del comité de empresa de la planta gijonesa, Isaac Piñera, y César González, se dirigieron al grueso de los trabajadores minutos antes de iniciar la jornada laboral para agradecerles su tesón y apoyo durante todos estos meses. «Este logro ha sido gracias a la lucha de todos vosotros, por pensar más en los intereses colectivos que en los propios», les dijo el presidente del comité, quien calificó la jornada como «histórica para la clase obrera». González añadió que, aunque en la fachada de la fábrica se puede leer un cartel que dice Tenneco, «esta fábrica es nuestra, porque la hemos tratado como propia, y ahora Tenneco nos tiene que tratar como al resto de sus trabajadores en Europa». Y al grito de «¡a trabajar!» movilizó a todos sus compañeros hacia la factoría.

Entre ellos estaba Susana Sánchez, quien llevaba seis años como eventual en la fábrica cuando comenzó el conflicto. Ayer volvía a su puesto de trabajo con un contrato indefinido y «con la esperanza de que nos traigan carga de trabajo, tanto de piezas de recambio como originales, porque es lo que prometieron y es lo que esperamos que se cumpla». Entre el grupo de ex trabajadores que hacía el paseíllo, Juan Carlos Sánchez, prejubilado con 60 años, destacó el compañerismo vivido durante estos meses de lucha sindical. «Llevo 43 años trabajando en esta fábrica y realmente empecé a conocer a mis compañeros con los encierros. En este tipo de situaciones es cuando te das cuenta de la calidad de la gente que tienes al lado. Me voy contento, porque hay que dejar sitio a la gente joven, y con la esperanza de que la fábrica siga abierta muchos años más».