La depresión del galvanizado

Un trabajador de Agalsa lee unos carteles en la empresa. /
Un trabajador de Agalsa lee unos carteles en la empresa.

La situación financiera de la compañía, el exceso de capacidad en el sector y las perspectivas del mercado dificultan la viabilidad del negocio

Á. M. GONZÁLEZ GIJÓN.

Asturiana Galvanizadora (Agalsa) llegó a mantener contactos con, al menos, tres grupos empresariales y un fondo de inversión que mostraron interés por el estado de la compañía antes de que entrara en el procedimiento concursal en el que se encuentra inmersa ahora. Dos empresarios asturianos de la actividad del metal y un conglomerado francés del sector del galvanizado tantearon la oportunidad de reflotar la planta gijonesa de Tremañes, pero la delicada situación financiera y el momento que atraviesa el mercado en el que opera hacen difícil la viabilidad de Agalsa, según fuentes consultadas por este periódico.

La compañía, que acumula una deuda cercana a los doce millones de euros, registró desde el año 2011 unas pérdidas de explotación derivadas de la propia actividad superiores a los cinco millones, una cifra a la que se añade también al complicado balance en su filial GTI, dedicada a la fabricación de estructura ligera galvanizada, que sumó en ese mismo tiempo un déficit de cerca de tres millones. Los resultados de la empresa matriz, participada por la familia Esteva y otros tres socios con plantas de galvanizado en Cataluña y Galicia, contrastan con los conseguidos por la filial Oxizinc, que en los últimos cinco años ha llegado a sumar unos beneficios superiores al millón de euros.

Agalsa ha pasado hace apenas seis años de ser rentable a convertirse en una empresa de difícil subsistencia como consecuencia de la fuerte depresión sufrida por el negocio del galvanizado en la región. En Asturias operan dos plantas de este proceso por inmersión en caliente de servicio a terceros: la empresa gijonesa situada en el polígono de Lloreda y Galvanizados de Avilés, con instalaciones en el Parque Empresarial Principado de Asturias (PEPA), ambas con una capacidad de producción similar, situada en torno a las 80.000 toneladas al año.

Este nivel de galvanización estaba diseñado para atender una demanda creciente antes de que estallara la crisis. El auge experimentado por la actividad termosolar durante los últimos años de la bonanza económica generó una nueva línea de negocio para las galvanizadoras, pero a partir de 2009, con el parón en la obra pública, en la construcción y también en las inversiones de diversificación de las fuentes de energía renovables, estas plantas sufrieron una notable caída de los tratamientos que ofrecían en sus instalaciones. De una capacidad instalada total cercana a los 160.000 toneladas anuales se ha pasado a galvanizar apenas 50.000 toneladas a partir de aquel año en un mercado de carácter local, que abarca sobre todo Asturias y las provincias limítrofes de Cantabria, León y Lugo. Esta drástica reducción de la producción, por otro lado, ha venido acompañada de una bajada de los precios cercana al 40%. Las empresas llegaron a realizar ofertas bajo pérdidas poniendo en riesgo sus cuentas de explotación. Ha sido el caso de Agalsa, pero también de Galvanizados Avilés, que en estos años ha presentado igualmente números rojos en sus resultados. A esta crítica situación se añaden otros factores que dificultan el despegue de la actividad en un momento de incipiente recuperación, como el fuerte incremento del precio del zinc como materia prima básica en el proceso industrial, que se ha duplicado en el último año, con su correspondiente repercusión en los costes, y la aparición de productos alternativos al galvanizado con características anticorrosivas. Es el caso del magnelis, un recubrimiento metálico que protege el acero con determinados espesores desarrollado por ArcelorMittal.

Pese a las condiciones del mercado, el comité de Agalsa defiende la viabilidad de la empresa. Los representantes sindicales realzan la carga de trabajo que han tenido hasta ahora unas instalaciones que albergan la mayor cuba galvanizadora de España y la tercera en dimensión de Europa con sus dieciséis metros de largo, dos metros y medio de ancho y cuatro de fondo. El planteamiento realizado a las autoridades y a la administración concursal es la búsqueda de un nuevo accionista que continúe la actividad en la planta, frene el despido de 102 trabajadores e impida su disolución.

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