Avilés se rebela contra el cierre de Alcoa: «Solo nos van a quedar las vacas»

Antonio González, 'Peke', a las puertas del bar que regenta en San Balandrán, próximo a la factoría de Alcoa. / PATRICIA BREGÓN
Antonio González, 'Peke', a las puertas del bar que regenta en San Balandrán, próximo a la factoría de Alcoa. / PATRICIA BREGÓN

«Creo que al final todo se arreglará, como en 2014, pero si no va a ser el caos», afirma Antonio González, propietario de un bar cercano a la planta | El anuncio de cierre mantiene en vilo a los vecinos de la parroquia de Laviana

J. F. GALÁN SAN BALANDRÁN.

«Si cierra, va a ser un palo muy grande para toda la parroquia. Solo nos van a quedar las vacas». Francisco Muñiz expresa el sentir de los vecinos de Laviana, una parroquia del concejo de Gozón en la que viven no más de seiscientos vecinos que se extiende a lo largo de la margen derecha de la ría de Avilés hasta la playa de Xagó.

Es allí, en San Balandrán, a caballo entre Avilés y Gozón, donde se asienta la planta de Alcoa. Muñiz vive a las mismas puertas de la factoría, en una vivienda unifamiliar de Endasa, un poblado construido en los años sesenta por la Empresa Nacional de Aluminio, la antigua Endasa, embrión de la actual Alcoca. «En su día llegamos a vivir aquí 187 familias. Seríamos cerca de 2.000 habitantes, muchos de ellos niños», recuerda Muñiz, vicepresidente de la Asociación de Vecinos de Laviana.

Aunque hoy en día tan solo unos pocos vecinos de la parroquia trabajan en la factoría, Alcoa «le da vida a la zona. Genera mucho movimiento, tanto por parte de los trabajadores propios como de los de las subcontratas y los transportistas». Muchos hacen parada en los dos bares que quedan en San Balandrán, a escasos metros del acceso a la factoría y junto al muelle de Alcoa, vía de entrada de la alúmina que, procedente de San Ciprián (Lugo), alimenta la factoría.

Más información

«Si cierra va a ser el caos», augura Antonio González, propietario de uno de esos dos bares, el Bar Peke, su apodo, a cuya entrada una pintada sobre el suelo refleja el sentir de todos: «Alcoa no se cierra». Pese a los nubarrones, él se muestra optimista. «Creo que al final todo se arreglará, como se arregló en 2014», cuando la multinacional estadounidense del aluminio anunció un expediente de extinción de empleo que retiró posteriormente y que ahora, cuatro años después, ha vuelto a poner sobre la mesa.

José Ramón, propietario del cercano Bar Ramiro, no lo tiene tan claro. «Es lo que me transmiten los trabajadores. Lo ven negro, pero están dispuestos a luchar hasta el final. Nadie sabe lo que va a pasar, pero si la cosa no se arregla esto va a ser un desastre para Laviana, para la comarca de Avilés y para el resto de Asturias. ¡Y lo que podría estar por venir! En la zona hay varias empresas que dependen en mayor o menor medida de Alcoa, y si cae la grande... No queremos ni pensarlo». Eso sí. «Al menos siempre nos quedarán las vacas».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos