Los rostros de Alcoa

«Ir a trabajar sabiendo que estás despedido es duro»

Los testimonios de los trabajadores de Alcoa

EC

«El drama es cómo el cierre afectará a la comarca»

Juan Sarmiento

El único sueldo que entra en casa de Juan Sarmiento es el suyo. Con una niña de diez años que criar y una hipoteca a la que hacer frente, pensar en el cierre de Alcoa da vértigo y supondría para este operario de 45 años «volver a empezar». Sin embargo, a Juan no le preocupa solo su situación personal, «todos estamos igual», asegura; lo que también le quita el sueño es pensar cómo «el gran drama del cierre va a afectar a toda la comarca de Avilés». Sarmiento piensa que «más de trescientas familias sin trabajo de golpe, se notará y mucho» y cree que «no habrá trabajo para tantos, así que habrá que reinventarse».

«Alternamos la esperanza con el desánimo cada día»

Adrián Prendes

El estado de ánimo de Adrián Prendes «cambia por momentos». Al igual que la mayoría de sus compañeros hace un enorme esfuerzo por «mantener el tipo», pero reconoce que la incertidumbre pesa y la actitud enrocada de Alcoa aumenta la pesadumbre. «Alternamos la esperanza con el desánimo cada día», explica este avilesino de 35 años que lleva catorce años trabajando en la aluminera. «Tan pronto oyes que puede aparecer un comprador y te animas, como lees que no hay ninguna empresa interesada y te hundes». Por ahora, Adrián no se rinde, se casa el año que viene y espera «poder celebrarlo con trabajo».

«Ir a trabajar sabiendo que estás despedido es duro»

Luis José Pilar

Una de las circunstancias más complicadas para los trabajadores de Alcoa Avilés ya no es solo «sobrellevar la incertidumbre» que se ha adueñado de sus vidas, sino acudir cada día y noche a su puesto de trabajo como si la empresa no hubiese decretado un ERE de extinción.

El operario gijonés Luis José Pilar, con 13 años de experiencia, asegura que «ir a trabajar sabiendo que estás despedido es duro, pero no queda otra». No es la primera vez que la sombra del cierre planea sobre Alcoa «ya nos pasó hace unos años», comenta, y «es un palo gordo, pero sabemos que es importante que no se pare la planta, así que habrá que seguir».

«Acababan de hacerme indefinidos y mira ahora»

Jonathan García

Para Jonathan García el cierre de Alcoa resulta especialmente frustrante. Hace a penas mes y medio había conseguido firmar un contrato indefinido pero, ahora, todas las puertas que esa aparente estabilidad laboral prometía se han cerrado de golpe y le han dejado «con la miel en los labios». En 2015, este madrileño de 36 años dejó la capital y puso rumbo al norte junto a su mujer. Con la esperanza de labrarse un futuro se instalaron en Santa María del Mar (Castrillón). Allí encontraron trabajo y tuvieron hace unos meses a su hijo. Si esto no se arregla, «habrá que volver a empezar, no nos queda otra».

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