A la espera de una prórroga de última hora para salvar Alcoa

A la espera de una prórroga de última hora para salvar Alcoa
Los trabajadores de Alcoa volvieron a concentrarse ayer a las puertas de la factoría de Avilés. / MARIETA

Las plantillas tratarán de ampliar la negociación del ERE hasta el 15 de enero en la reunión de hoy con la multinacional

LAURA CASTRO GIJÓN.

La supervivencia de las plantas que Alcoa tiene en Avilés y La Coruña pende de un hilo. Los representantes de los casi 700 trabajadores de ambas factorías pelearán desde las 10 de la mañana de hoy con la multinacional aluminera para lograr aumentar el plazo de negociación del ERE hasta el próximo 15 de enero y evitar que la aluminera ejecute los despidos a partir de mañana. Si bien en un principio Alcoa se había mostrado predispuesta a hacerlo sin mayores trabas, en la reunión del pasado jueves rechazó esta posibilidad y la condicionó al «avance» del diálogo sobre los despidos.

La multinacional quiere que sus propios trabajadores le presenten alternativas para «minimizar el impacto» que pueda tener el cierre de las dos plantas, pero estos no conciben otra solución que el mantenimiento de la actividad y de todos los empleos. No habrá medias cintas, tal y como aseguró el presidente del comité de Avilés, José Manuel Gómez de la Uz, quien en conversación telefónica con este diario señaló que no negociarán ningún despido, ni siquiera parciales. Por tanto, el resultado del encuentro de hoy será un «todo o nada».

A lo largo de estos dos meses, los representantes sindicales no han dejado de criticar la postura adoptada por la empresa y trataron de desmontar todos los argumentos esgrimidos por esta para justificar la clausura de las dos factorías. Pero nada fue suficiente para cambiar el rumbo de Alcoa y menos tras el varapalo de la subasta de interrumpibilidad, cuando perdió más de un 40% de las compensaciones económicas derivadas de este servicio, pasando de percibir 47,7 millones de euros por los bonos en la anterior convocatoria a 28,4 millones en esta.

Los trabajadores insisten en que la única salida es la intervención de las dos factorías

Los sindicatos le piden a la aluminera tiempo para que el Gobierno desarrolle el estatuto de las electrointensivas, pero Alcoa desconfía de su efectividad, según le trasladó a los trabajadores en encuentros anteriores. Ven en este último movimiento compartido por los ministerios de Industria y para la Transición Ecológica una declaración de intenciones, pero no hechos. La escalada de precios que ha experimentado la tarifa eléctrica ha puesto a las grandes consumidoras en una situación de competitividad muy complicada respecto al resto de Europa, donde este coste llega a ser hasta un 30% inferior.

Tampoco ha vuelto a hablarse de los inversores que anunció la ministra Reyes Maroto a bombo y platillo desde que comenzó el conflicto con la aluminera ni tampoco del viaje que había anunciado la ministra de Industria a Estados Unidos para reunirse con la dirección de la multinacional en Pittsburgh. La relación entre el Ejecutivo y Alcoa ha sido muy difícil desde que esta anunció su intención de cerrar las factorías de Avilés y La Coruña y así lo reconoció Maroto. Únicamente la presión ejercida por los propios trabajadores dio sus frutos al lograr que la aluminera accediera a reunirse con el Gobierno. La multinacional y el Ministerio de Industria acordaron estudiar ofertas de posibles inversores de manera conjunta, pero desde la primera reunión celebrada el pasado 5 de diciembre no ha vuelto a haber nuevos encuentros, o al menos no tienen constancia de ellos los sindicatos.

En medio de todo este ambiente de incertidumbre, el segundo más grave desde 2014, cuando Alcoa había perdido la subasta de interrumpibilidad, llegaron algunos momentos de aliento para los trabajadores. El mejor de todos el apoyo recibido en la multitudinaria manifestación de Avilés el 8 de noviembre, cuando más de 50.000 personas arroparon a las plantillas de Alcoa para exigir el mantenimiento de las plantas.

Al recuerdo de este día se aferran ahora con fuerza los casi 700 trabajadores de Avilés y La Coruña que esperan, en plenas navidades, un milagro de última hora, que depende prácticamente del Gobierno central, al que le piden desesperadamente que intervenga las plantas para evitar su cierre y facilitar su compra ya en 2019.