La mujer conquista la raíz de Asturias

Hunosa homeneaja con una sala de exposiciones la actividad femenina en los pozos

El grupo de mujeres periodistas que visitó ayer el Pozo Sotón, tras bajar a la décima galería, con uno de los guías. / PATRICIA BREGÓN
Noelia A. Erausquin
NOELIA A. ERAUSQUINGijón

En 1992 una sentencia lo cambió todo. El Tribunal Constitucional daba la razón a la asturiana Concepción Rodríguez Valencia y anulaba las resoluciones judiciales que le impidieron acceder en igualdad de condiciones que los hombres a un puesto de trabajo en el interior de la mina. Le reconocía así su derecho a ocupar una plaza de ayudante minero en Hunosa, sin presumir que las mujeres son siempre débiles y que los varones nunca. En contra tenía a la empresa, a los trabajadores de la compañía e, incluso, «a toda la sociedad», recuerda algo más de un cuarto de siglo después, como también que el proceso fue tan largo, que ella acabó logrando una plaza como administrativa y no pidió la ejecución de sentencia, pero abrió el camino. En 1996, las mujeres volvían al interior de los pozos.

Mucho ha llovido desde entonces y, ahora, en la hullera pública un 12% de la plantilla está formada por mujeres y también ellas bajan a la mina, aunque su presencia en las explotaciones, sobre todo en el exterior, ha sido continua a lo largo de la historia. Para reconocer su labor constante, Hunosa inauguró ayer en el Centro de Experiencias y Memoria de la Minería del Pozo Sotón la sala de la 'Mujer Minera' como homenaje y recordatorio de lo que ha sido y representa su figura en el sector. En ella se puede repasar su historia, también ver fotografías de Valentín Vega que ilustran su penosa labor, documentos que acreditan su trabajo, comprobar cómo era la vestimenta que utilizaban en diferentes épocas o contemplar las reproducciones de cuadros que los pintores José Uría y Uría, Evaristo Valle y Nicolás Soria dedicaron a su actividad.

Hasta el siglo XIX, tampoco era extraño que las mujeres bajaran a los pozos, pero en 1897 un reglamento prohibió su presencia en el interior. En 1902, de los más de 35.600 trabajadores de minas, fábricas y talleres en Asturias, 1.065 eran mujeres, la mayoría eran empleadas de los yacimientos de hulla, aunque había muchas más que escapaban a cualquier tipo de registro y que buscaban un ingreso extra para paliar su paupérrima situación económica «atropando carbón» en las escombreras y descargaderos, que luego vendían por las casas.

Un momento de la visita.
Un momento de la visita. / Patricia Bregón

Ataviadas con faldas y mandiles, en madreñas y hasta descalzas, su presencia era habitual fuera del pozo, en lavaderos y escombreras. Eran las carboneras. «Amas de casa, esposas, madres, que también realizaban labores en la agricultura o la ganadería», recordaba ayer la presidenta de Hunosa, María Teresa Mallada, al hablar de estas mujeres que tenían «muchísimo mérito» en su intento de conciliación y a las que, con el nuevo espacio expositivo, se les da «un reconocimiento merecido que faltaba».

Consideradas intrusas en un mundo de hombres, su labor nunca fue fácil y aún ahora no lo es, como señalaba ayer Nuria Rouñada, minera en Hunosa desde hace dos décadas y que ahora es una de las guías del Pozo Sotón. Su labor como parte del equipo de camineros -encargados de poner las vías en las galerías-, «era un trabajo muy duro físicamente» y reconoce que hay puestos que «una mujer no puede hacer, pero tampoco un hombre». Para Concepción Rodríguez Valencia, la lucha continúa. Cree que Hunosa llegó a admitir a las mujeres en las explotaciones «porque no les quedó más remedio», pero que la igualdad en este mundo masculino está lejos de alcanzarse, tanto por presencia, como por promoción o remuneraciones.

Mallada, sin embargo, defendió ayer el cambio dado por la hullera pública, que cuenta con plan de igualdad desde 2016 para la equiparación de ambos sexos y que, precisamente, la tiene a ella, mujer, como presidenta. De hecho, nunca se ha sentido discriminada y defiende que siempre se la ha valorado por su trabajo, no por otra cosa.

Hunosa inauguró la sala en el marco de los actos convocados por el 8 de Marzo y también aprovechó esta fecha para invitar a un grupo de mujeres periodistas a vivir la experiencia de la mina con una visita al Pozo Sotón y el descenso a su décima galería, a 557 metros de profundidad, con un recorrido por una mínima parte de los 140 kilómetros de galerías de los que consta esta explotación. Este yacimiento, que ya no está en activo, cuenta con la declaración de Bien de Interés Cultural y está abierto al público, que puede comprobar en primera persona las difíciles condiciones del trabajo en la mina para las mujeres, y también para los hombres.

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