La batalla de los impuestos en la campaña asturiana

La batalla de los impuestos en la campaña asturiana

PSOE y PP evidencian en Asturias sus frontales diferencias en política tributaria | Los populares abogan por una rebaja fiscal que, en opinión de los socialistas, «pone en riesgo» la prestación de los servicios públicos

ANDRÉS SUÁREZANA MORIYÓN OVIEDO.

Ninguna materia como la política fiscal para constatar las diferencias que hoy separan a izquierda y derecha, tanto en España como en el caso concreto de Asturias. PSOE y PP evidenciaron ayer el abismo que los distancia con sus reflexiones y propuestas sobre la arquitectura tributaria del Principado. Los populares, por boca de su candidata, Teresa Mallada, y aprovechando la presencia en la región de uno de sus principales asesores económicos, Daniel Lacalle, pusieron sobre la mesa una propuesta de supresión y rebaja de impuestos que afecta a figuras como el IRPF, Sucesiones o Patrimonio. Una estrategia que para el aspirante socialista, Adrián Barbón, es temeraria y «pone en riesgo» la prestación de los servicios públicos básicos.

Barbón compareció en Oviedo para presentar, rodeado por su equipo de asesores económicos, su propuesta de reforma y mejora del modelo productivo asturiano. Un planteamiento que incluye la presentación de varias leyes que tienen como objetivo final crear «más empleo y de más calidad» y que sitúa como prioridades la potenciación de la I+D+i, la apuesta por la formación o el apoyo a los emprendedores.

En harina fiscal, el PSOE se mueve en una cierta nebulosa. Del discurso de Barbón se desprende el recelo hacia las bajadas de impuestos, sobre todo si estas son de tanto calado como las que plantea el PP y por extensión «las cuatro derechas», dijo en referencia también a Ciudadanos, Foro y Vox. «Son una amenaza para los servicios públicos. Que digan qué hospital o qué escuela van a cerrar», añadió, desafiante.

Susceptible de actualizarse

Pero el dirigente socialista fue deliberadamente ambiguo a la hora de hablar de las propuestas propias, quizá sabedor de la sensibilidad del debate. Apuntó que el sistema fiscal es susceptible de actualizarse atendiendo, entre otras cosas, al ciclo económico o al volumen de recursos que llegan del sistema de financiación autonómica. Remarcó que el PSOE, con sus políticas, no va a poner en jaque la sanidad o la educación, y que los impuestos son relevantes a la hora de atender prioridades como la apertura de las escuelas rurales o los centros de salud periféricos. Y terminó con una reflexión: en Asturias se aplicará «la fiscalidad necesaria para tener unos servicios de calidad».

Sin embargo, el gurú económico de Pablo Casado «validó» ayer, durante su estancia en Oviedo, la propuesta en materia económica de la candidata popular Teresa Mallada y, al tiempo, censuró la política fiscal del Gobierno socialista en Asturias, que calificó de «economía al revés». Daniel Lacalle afeó al PSOE que «calcule primero lo que quiere recaudar y luego expolie a las empresas para obtenerlo y, cuando éstas se van, lo solucione subiendo los impuestos a las que quedan». Una fórmula que no solo no funciona, advirtió, sino que lo que consigue es que el Principado esté relegado al vagón de cola del crecimiento.

Lacalle dijo sorprenderse de que una región como Asturias, con un «potencial económico espectacular», se tenga que conformar con una inversión extranjera de 24 millones de euros. «Es como para dimitir», apostilló el economista, que está convencido que éste y otros índices negativos sobre la región anotados por Teresa Mallada no responden a la falta de infraestructuras o de talento, sino a los «escollos» impuestos por el Gobierno socialista.

Su receta para salir de esta espiral es fácil. Lo primero, enumeró, dejar que los ciudadanos «tenga más dinero en su propio bolsillo» reduciendo la presión fiscal para activar la economía. Y debe hacerse, defendió, sin miedo a que ello repercuta en la calidad de los servicios públicos, como amenazan los socialistas, porque precisamente «para sostener un sector público potente debe haber detrás un sector privado potente». Propuso, incluso, rebajar el IVA de la luz como solución al alto precio de la electricidad, que supone un riesgo de deslocalización de la industria electrointensiva.

Pero las medidas fiscales no deben ir solas. En su opinión, las administraciones públicas tienen que «cambiar el chip» y olvidarse de querer «controlarlo todo». La regulación debe ser, anotó, «simple, sencilla y facilitadora» para que tanto las empresas como los autónomos se encuentren con las menos trabas posibles y puedan crecer, invertir y generar empleo. Con el aval del economista, Teresa Mallada presentó ayer su programa económico basado precisamente en la reducción de impuestos, eliminación de trabas burocráticas, implantación del silencio positivo o ampliación de la tarifa plana para los autónomos.