La campaña, entre pigazu y pigazu

Teresa Mallada echa una cabezada en uno de sus desplazamientos./
Teresa Mallada echa una cabezada en uno de sus desplazamientos.

Eduardo Paneque
EDUARDO PANEQUEGijón

Las imágenes de los políticos echando una cabezada durante el transcurso de los apasionados debates de sus compañeros de partido u oponentes han dejado de ser noticia. Pasa en las mejores familias, no entiende de linajes ni de cargos. Una de las siestas más celebradas fue la del entonces ministro José Blanco escuchando a su jefe, José Luis Rodríguez Zapatero. Un adormecimiento similar al que vivió Jaime Mayor Oreja durante una charla entre José María Aznar y Pablo Casado hace unos meses, con motivo de la presentación del libro del expresidente del Gobierno. Y a todo esto sumemos las cabezadas que nunca sucedieron, pero aparecieron en las redes sociales en forma de 'memes' intentando hacerlas pasar por reales.

Pero, a sabiendas de que esto puede suceder, ¿qué distingue a un buen plan de comunicación? Adelantarse. Si tu candidata ha impuesto un ritmo frenético durante la campaña que hará que sus fuerzas flaqueen en cualquier momento, ¿por qué esperar a que una discreta caída de párpados sea captada por un avispado fotógrafo? La respuesta era sencilla: los políticos también duermen, lo diferente es contarlo en primera persona.

Que nadie se ponga exquisito: cualquiera que pueda, y el Real Decreto de registro horario se lo permita, buscaría un hueco para echar un buen pigazu. Y eso ha hecho la candidata del PP, Teresa Mallada. «Llevamos ya más de 37.000 kilómetros desde que empezamos a recorrer todos los concejos el pasado mes de febrero», contabilizan desde su equipo de campaña.

Una estrategia, la de humanizar a los políticos, en consonancia con las nuevas demandas del milenio: «Es interesante mostrar la rutina, le da bastante potencia si sabes hacerlo», analiza Antonio Gallo, consultor de comunicación. ¿Por qué? «Como votantes hemos dejado de creer en casi todo, si alguien consigue contar la cotidianeidad influyendo en el elector indeciso es un camino que tiene adelantado».

Ejemplos de echar una pequeña siesta, sobran. Y de gobernar desde las redes sociales, también. Ahí está Donald Trump, llevando esta máxima al extremo, mantiendo a la población alerta a través de su cuenta de Twitter. «En España es diferente. Para gobernar no hace falta, pero durante la campaña, el establecimiento de un canal directo con tus potenciales votantes es interesante. Si fortaleces la relación hasta tal punto que ellos trabajen para ti, ellos se convertirán en parte de tu plan de comunicación», subraya Gallo.