Casado alerta de una deriva «nacionalista y radical» en Asturias si gana la izquierda

El presidente del PP, Pablo Casado, probó a escanciar sidra aprovechando que el acto se celebró en un llagar de Villaviciosa. / DAMIÁN ARIENZA
El presidente del PP, Pablo Casado, probó a escanciar sidra aprovechando que el acto se celebró en un llagar de Villaviciosa. / DAMIÁN ARIENZA

Pide una victoria en el Principado para hacer de «contrapeso» al Gobierno de Sánchez | El líder del PP achaca a los socialistas la crisis en Alcoa y Arcelor y urge un AVE para la región «en igualdad de condiciones» con el resto de territorios

ANDRÉS SUÁREZ QUINTUELES.

Después del batacazo de las generales del 28-A, las autonómicas y municipales del día 26 son una suerte de todo o nada para el PP. Otro golpe en las urnas situaría a los populares en una posición delicadísima, sobre todo si se ven despojados de algunos de sus grandes feudos regionales y locales. Un repunte, por modesto que fuera, permitiría a la formación actuar como «contrapeso» ante el gobierno que pueda formar Pedro Sánchez, tal y como ayer confió el presidente nacional, Pablo Casado, en un acto en Quintueles (Villaviciosa). Casado presumió del aval de buen gestor que a su juicio acompaña a su partido para pedir el voto en una comunidad como Asturias que, alertó, se arriesga a adentrarse en un escenario de incertidumbre en los próximos años si quien asume el poder es una izquierda «radical» que cada vez muestra un perfil «más regionalista, incluso nacionalista».

Intenta el PP sobrevivir al maremoto electoral que supuso el resultado del 28-A. Lo hace en clave nacional, con Casado implicado en una campaña que ayer le llevó por la cornisa con paradas en Cantabria y Asturias. Y lo intenta también en el ámbito asturiano, con un partido penalizado por la división interna que ayer intentó combatir con una imagen de cierta unidad, reuniendo en un llagar de Villaviciosa a dirigentes regionales, candidatos y cargos varios de la organización. Se hace un esfuerzo por guardar las formas, aunque en los corrillos se comentase el hecho de que la candidata, Teresa Mallada, no citase en la presentación de su intervención a la presidenta regional, Mercedes Fernández, mientras que Casado sí que comenzó su discurso con un «querida Cherines». O también el escaso entusiasmo que algunos veían en los aplausos de Fernández a las palabras de Mallada. Todo se mira al detalle en un PP que, dijo la aspirante al Principado en su intervención, confía en estos diez días que quedan hasta la cita con las urnas para tratar de remontar el vuelo.

Aparentemente ajeno a estas tribulaciones internas, Casado aterrizó en Asturias con ganas de hablar de Asturias. Probó la sidra, se atrevió a escanciarla y paladeó unas marañueles de Luanco caseras con las que fue agasajado. Y, ya en harina política, reivindicó la necesidad de un cambio político en el Principado para evitar que el poder recaiga los próximos cuatro años en una izquierda «radical y nacionalista», un nacionalismo cuyo supuesto auge consideró «raro» en la región que es «cuna de España».

Industria e infraestructuras

Presumió Casado de que si el PP merece pilotar Asturias es por su capacidad de gestión. Cuando el centro-derecha ha gobernado las cosas «han ido mejor» para el Principado, opinó, mientras que con los socialistas al mando, bien en el Ejecutivo regional, bien en el central, los resultados no han sido los óptimos. Puso el presidente popular como ejemplo la situación que vive el sector industrial asturiano, citando los problemas de Alcoa o Arcelor, y afeando al PSOE que no haya encontrado soluciones para la tarifa eléctrica de las grandes consumidoras empresariales y ponga en riesgo el futuro de la actividad «anticipando» los plazos de la transición energética. También culpó al adversario de la «paralización» de las infraestructuras y exigió para Asturias un tren de alta velocidad «en igualdad de condiciones» con otros territorios. Recuperar la autopista del mar y mejorar las conexiones aéreas son, añadió, prioridades para el PP.

Inapelable ya el resultado de las generales, el PP mira ahora a esta segunda vuelta que suponen las autonómicas y municipales con la esperanza de consolidar un poder que le permita ejercer como «contrapeso» al previsible gobierno que pueda formar Pedro Sánchez en Madrid. En esa operación citó como claves la victoria en Asturias y en Oviedo. Solo así, apuntó, se podrá mitigar la subida estatal de impuestos que cifró en 26.000 millones de euros y que dará otra vuelta de tuerca al «infierno fiscal» de los socialistas, e impedir también a Sánchez que apuntale la legislatura con un hipotético apoyo de los independentistas catalanes. «Para eso hay que concentrar el voto en el PP, solo nosotros somos alternativa», zanjó llamando al voto útil.

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