Una ingeniera contra los techos de cristal

Una ingeniera contra los techos de cristal

Mallada, única mujer en presidir Hunosa, aspira a ser la primera jefa del Ejecutivo

ANA MORIYÓN

Teresa Mallada lleva toda su vida rompiendo techos de cristal y se ha propuesto romper otro más, el de la Presidencia del Principado. Esta allerana de 46 años está acostumbrada a hacerse hueco en espacios hasta entonces solo explorados por hombres y quienes la conocen saben que pondrá todo su empeño en conseguirlo. En su palmarés está ser la única mujer que trabajó como ingeniero de explotación en un pozo minero y también ser la única mujer que ha presidido un ente como Hunosa.

Nacida el 14 enero de 1973 en Cabañaquinta, de madre jienense y padre asturiano, Mallada estudió Ingeniería Superior de Minas en la Universidad de Oviedo para trabajar inicialmente en la mina de oro de Belmonte, que luego compaginaría con una beca en Hunosa, donde lleva trabajando desde 1999.

Fecha y lugar de nacimiento
14 de enero de 1973, en Cabañaquinta (Aller).
Profesión
Estudió ingeniería superior de Minas y trabaja en Hunosa desde 1999. Fue presidenta de la hullera entre 2012 y 2018.
Trayectoria política
Fue concejal en Aller durante tres legislaturas, presidenta del partido en el concejo y vicesecretaria territorial del PP.

De forma paralela, esta allerana de nacimiento aunque en la actualidad residente en Blimea, se introdujo desde muy joven en la vida política local. Con 20 años ya estaba afiliada al PP y poco después ponía en marcha Nuevas Generaciones de Aller. Sus compañeros de partido se dieron cuenta pronto de su capacidad y tenacidad y enseguida la eligieron presidenta de la junta local. Concurrió a sus primeras elecciones municipales como número dos y en las dos siguientes como cabeza de cartel, pero no consiguió nunca arrebatar la Alcaldía al socialista Gabriel Pérez Villalta, si bien en los comicios de 2007 se quedó a solo un centenar votos de superarle en las urnas. Quizá sea esa una de sus mayores espinas.

Para entonces ya era presidenta del partido en Aller y, a la vista está, su trayectoria política todavía estaba empezando.

En 2010 fue elegida vicesecretaria territorial del PP de Asturias y un año después concurrió a las elecciones autonómicas en la lista de Isabel Pérez Espinosa, aunque no logró representación en el Parlamento. Fue en 2012, con Mariano Rajoy en la Moncloa, cuando fue nombrada presidenta de la empresa pública. No solo fue la primera mujer en hacerlo sino que también la persona más joven en acceder a ese cargo. No fue fácil. Tuvo que mediar entre el mundo de la mina que había mamado tanto por vivir en la cuenca como por sus estudios con trazar el camino hacia la descarbonización. Ahora, como candidata a la Presidencia, promete cerrar el proceso con una transición energética justa que no incremente los objetivos determinados por la Unión Europea para España.

Llegar hasta aquí tampoco fue sencillo. Su designación como candidata por el equipo que lidera Pablo Casado generó un fuerte cisma en el partido, aunque ella se siente arropada por los militantes. Y, si tiene que sacar el genio, lo hace.

Pase lo que pase en estos comicios seguramente aproveche una vez superada la jornada electoral para retomar sus aficiones deportivas, el ski y el paddle, un poco abandonadas por tanto trajín político. Incluso es posible que celebre el final de la campaña con una de sus animadas cenas con amigos en casa, en las que no falta la música y el karaoke. Quienes la conocen saben que es buena anfitriona y que le gusta cuidar bien de sus amigos, muchos de toda la vida. Aunque su debilidad son sus hijos, de trece y quince años, con los que procura pasar todo el tiempo que puede. Porque sus ocupaciones laborales y políticas nunca le impidieron sacar tiempo para su familia. Si puede, eso sí, lo hace en su lugar preferido para desconectar: Brañagallones, en Caso.

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