Casado gana presencia en la segunda vuelta

Pablo Casado./
Pablo Casado.

No elude a Ciudadanos ni el cuerpo a cuerpo tras haber corrido el riesgo de quedar desdibujado en RTVE

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

El equipo de campaña de Pablo Casado había advertido horas antes del debate en Atresmedia que mantendrían su estrategia. Búsqueda de un tono presidencial, vital a cinco días de las elecciones del 28 de abril, en un intento de tocar la puerta del 40% de indecisos. Pero, en todo caso, el candidato del PP, que, a fuerza de contención, corrió el riesgo de quedar desdibujado en la cita de RTVE, buscó ayer ganar presencia en el plató. Más a medida que avanzaba la noche.

En esta ocasión, no eludió a Albert Rivera, que por momentos se convirtió en una banda sonora de fondo en las intervenciones de Casado. El líder del PP deslizó una acusación de inexperiencia al partido liberal -«a lo mejor cuando Ciudadanos gobierne en algún sitio, podrá hablar de empleo»-, le responsabilizó de haber facilitado la moción de censura al dejar en el aire las relaciones con el Ejecutivo de Mariano Rajoy y le recordó sus orígenes como socialdemócrata.

Lo mejor.
Logró ganar presencia en el debate y colocar algunos de sus mensajes de campaña contra el PSOE.
Lo peor.
Hay sectores del PP que tienen dudas sobre las referencias al terrorismo que han caracterizado al líder.
La anécdota.
Los papeles. García Egea llegó con Casado cargado con una cartera llena de papeles para la cita

El protagonismo de Rivera en el debate del día anterior molestó a los populares, que salieron ayer a intentar frenar cualquier avance de Ciudadanos y a taponar las posibles fugas de electores. El secretario general del PP, Teodoro García Egea, compareció para acusar al líder de los liberales de hacerle el «trabajo sucio» a Pedro Sánchez y alertó de que dividir el voto, sólo beneficia al PSOE.

No llegó tan lejos Casado, cada uno se ajustó a su rol, pero sí respondió a Rivera y se centró en el presidente del Gobierno. Alertar sobre las consecuencias de la continuidad del PSOE en la Moncloa es su principal argumento en esta campaña para intentar aglutinar el voto de la derecha. Fue con Sánchez con quien entró en el cuerpo a cuerpo. Primero, en materia económica. En una versión renovada de «o el PP o el caos», evocó a José Luis Rodríguez Zapatero para trasladar la imagen de los ejecutivos socialistas como gestores deficientes. «Tenemos que llegar al Gobierno porque el PSOE dejará una crisis brutal», sentenció.

Pero también volvió a sus ejes de campaña. Censuró los apoyos que Sánchez podría necesitar para seguir en el poder y declaró que el respaldo de los independentistas y de EH Bildu le «incapacitaría» para gobernar. Este asunto -junto a la violencia de género, en el que señaló al socialista Jesús Eguiguren por malos tratos- dejó algunos de los momentos más tensos. «Me imagino que tendrá que tener cuidado (con Arnaldo Otegi) --le espetó Casado al presidente-, una persona experta en secuestrar sabe pedir rescates a cambio de todo, también de los votos». Es más, reclamó no «blanquear» ni el terrorismo ni el separatismo. Fueron los momentos en los que más difícil mantuvo el equilibrio con el tono moderado que buscaba.

Los episodios que pudieron resultarle más incómodos fueron aquellos en los que se tocaron temas tabú para el PP en campaña, sobre todo el aborto. Respondió con su propuesta de ley de maternidad y zanjó. En cuanto a las preguntas sobre Vox, pasó de puntillas.

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