El ciudadano del mundo que siempre vuelve

Alberto, con trece años, posa junto a 'Ébano', dando muestra de su pasión por la hípica./
Alberto, con trece años, posa junto a 'Ébano', dando muestra de su pasión por la hípica.

López-Asenjo ve su experiencia en gestión como la mejor carta del PP

AIDA COLLADO

A Alberto López-Asenjo le resulta difícil elegir entre sus recuerdos en Gijón o allende los mares uno que le haya marcado. Uno solo que haya sido decisivo para convertirle en el hombre con don de gentes y muchos más amigos de los que se cuentan con los dedos de una mano que es hoy. Porque todos ellos, los recuerdos, aquí y allí, los amigos, le han hecho entender que a la Administración, dice, «se viene a servir, no a ser importante». Para entender que hay cosas -muchas- que trascienden la política. «Cuando conoces a niñas que se prostituyen por un par de kilos de pescado», cuenta, te pones del lado de quien hace algo. Aquí y en Mauritania. De quien lucha contra el sida, tenga el carné que tenga. De quien impulsa la Fundación Mujeres por África, aunque sea la vicepresidenta de un gobierno socialista. «Eso no es ideología. Son valores». Y eso lo tiene claro como el agua el hoy aspirante a la Alcaldía, que lo mismo defiende el ideario del Partido Popular que habla maravillas de 'Mapi' -Paz Fernández Felgueroso- o del recientemente fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba. Que incide en su independencia como candidato, quizá porque la vida tiene muchos más matices de los que caben en unas siglas, y que se muestra convencido de que todos los que hoy se presentan a las elecciones, todos, lo hacen empujados por la responsabilidad de servir a un bien mayor.

López-Asenjo ve fortaleza donde otros le señalan debilidad. Nació en Ávila, en 1961. No en Gijón, como le recuerdan a menudo. Es un «debate superado». «Viví tres años en Marruecos, tres en Francia, doce en Bélgica... Pero dicen que soy castellano», bromea. Él se siente más que gijonés «un gijonudo afortunado», orgulloso de la tierra a la que llegó de mano de sus padres en 1963 y en donde se moldeó hasta 1974, ya convertido en adolescente.

Durante esos años, hizo amigos eternos en el colegio de la Inmaculada. Pasó incontables horas en el CHAS, donde le apodaron 'el bombero' por su minuciosidad con la manguera a la hora de limpiar de barro las patas del caballo. Creó vínculos que le hicieron volver varios meses al año, con independencia de a dónde le hubiera llevado la vida. Se convirtió, los cuatro hermanos lo hicieron, en un «excelente» nadador. Su especialidad, el estilo mariposa. Ya su madre, Carmen, era de las de baño diario, con o sin permiso de Lorenzo. Y, así, se acercó a la mar que marcaría toda su carrera.

Bromista, testarudo y leal, presume de ser buen nadador y siente pasión por la hípica

Después, mundo. Mucho mundo. Desde su entrada en el Cuerpo Nacional Veterinario, hace 33 años, no ha parado. Como consejero de Agricultura, Pesca y Alimentación ante la UE, en Bruselas. Como presidente del FROM. Como consejero de la FAO en Roma. Desde la embajada de España en Francia. En la representación permanente de España ante la OCDE. Como consejero general de Pesca con Rajoy. Su currículum ocupa ocho folios. No es un decir. Y López-Asenjo hace de su experiencia global su carta de presentación local.

Sabe venderse. Y por eso ha convertido su capacidad para vender Gijón más allá de sus fronteras en un pilar de su campaña. Y su gruesa agenda, como su facilidad para navegar por la alta Administración europea, en otro.

Dicen que es leal. Un bromista. Y testarudo. Sabe que la mente discrimina, pero le da igual. Elige quedarse con lo bueno. Con las tortitas del Tíboli y las cenas en La Dársena. Con las tardes en el Cañaveral: se casó con la nieta de los dueños, Yolanda Meana, y tuvo tres hijos, Pelayo -despejando las dudas de asturianía-, Beltrán y Constanza. Con ellos mira al futuro. Porque hay barcas para seguir.