«La gente que ama el cine alienta el criterio y el espíritu crítico, y eso es lo contrario a Netflix»

«La gente que ama el cine alienta el criterio y el espíritu crítico, y eso es lo contrario a Netflix»
Claire Simon está estos días en Gijón. / CAROLINA SANTOS

La realizadora francesa compite en Rellumes con 'Premières Solitudes', que recoge las inquietudes de un grupo de adolescentes en un instituto de París

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Claire Simon (Londres, 1955) es un nombre propio dentro del cine francés. La autora de 'Mimi', 'Geographie humaine' o 'Gare du nord' compite en Rellumes con 'Premières Solitudes', las 'primeras soledades' de un grupo de chicos franceses de instituto que se confiesan ante la cámara de esta veterana del documental.

-¿Qué ha aprendido de esta peli?

-He descubierto que no hay espacio para estos chicos.

-¡Casi nada!

-Con la liberación de las mujeres y la liberación sexual, no hay mucho tiempo para el amor. Muchos de estos chicos han sufrido la separación de sus padres, y están muy solos, para ellos es muy difícil vivir con padres que no se hablan y no pueden pensar en el amor cuando están en medio de esa devastación. Cuando empecé a hacer la película no pensé que ellos iban a hablar de esto, no planteé ninguna pregunta al respecto de la familia, sus padres, pero en este lugar, a las afueras de París, una zona modesta, con emigración, resultó ser de lo que querían hablar.

-¿Se sorprendió?

-Cuando se habla de adolescentes se piensa en ese lado más agresivo y con ellos pasó algo totalmente diferente. De acuerdo con los chicos decidimos que la película iba a realizarse con sus conversaciones, que en ningún momento hablarían adultos y qué temas se iban a tratar.

-¿Por qué meter la cámara en un instituto de las afueras de París?

-Es una propuesta de un taller que cada año se encarga a un cineasta. Pero yo podría haber elegido este tema perfectamente, de hecho escribí un guion de ficción en el que el asunto era cómo abandonar a los padres.

-¿Qué diferencias y qué similitudes ha encontrado entre su propia adolescencia y la actual?

-Me di cuenta de lo importante que llega a ser el inconsciente. Yo fui una adolescente muy sola porque mis padres estaban enfermos, pero reflexionando hay muchas cosas que comparto con ellos, que yo las podría haber dicho, pero también es cierto que ellos son muy modernos, están muy pegados a su generación. Pero sí hay una idea diferente: estos adolescentes dicen que tienen miedo al futuro y eso es algo que yo nunca sentí.

-¿Y cómo se arregla?

-Dando confianza. La película se la ha dado.

-¿Y qué dicen los padres cuando escuchan sus palabras?

-La paradoja del cine es que se están viendo ahí, escuchando lo que dicen, pero por encima de todo están orgullosos de ver a sus hijos en pantalla.

-La no ficción vive un gran momento. ¿Por qué tienen éxito las historias tan pegadas a la realidad?

-En el cine se están dando nuevas formas de expresión, al igual que en la novela. Pero hay una gran diferencia en la distribución comercial, que no es igual de sencilla. Es mucho más difícil mover los documentales; nosotros acabamos de sacar la película en Francia y aunque tenemos críticas muy positivas, no hay apenas gente que vaya a verla en salas.

-Pero ahora hay otras formas de ver en internet que sí les benefician.

-Sí, claro. Pero lo que hay que buscar es educar al público y la crítica para que se den cuentan de que en la construcción de una película documental hay tanta complejidad como en una de ficción. Y eso es algo que no se ha llegado a entender. Cuando quieres filmar lo verdadero es algo tan potente que se borra lo demás. A menudo me dicen que llego y planto la cámara, parece que el trabajo viene dado y no es así.

-¿O sea, que es más difícil captar la realidad que hacer ficción?

-Sí.

-¿Por qué le gusta tanto la realidad?

-La realidad siempre me sorprende, me fascina, me embelesa, está cargada de belleza, me entusiasman las relaciones que se crean. Las películas que yo quiero hacer en ficción las veo en la realidad.

-¿Qué realidades le atraen hoy?

-La siguiente película va sobre negocios. Es una serie en la que hay gente del mundo del cine y agricultores que están todo el tiempo hablando sobre dinero.

-España siempre mira a Francia como ejemplo a seguir en el mundo de la cultura. ¿Cómo lo ve?

-Ahora tenemos un gobierno que no se interesa demasiado por la cultura. Por ejemplo, la clase de cine en los institutos se quiere eliminar. Sí es cierto que en Francia el cine sigue siendo muy importante, hay salas por todos lados. Y las personas que gestionan esas salas son los misioneros que buscan seguir creando públicos. Pero esto se ve afectado por peligros como plataformas como Netflix. Este tejido creado por las salas de cine y las asignaturas en los colegios está sostenido por personas que creen que el cine tiene capacidad de cambiar vidas y de que la gente sea más inteligente; y no creo que Netflix tenga ese objetivo. La gente que ama el cine alienta la capacidad de elección, mientras en las plataformas alientan los monopolios, se nos condiciona hacia una sola opción. Las personas que reciben en sala a sus públicos hacen que aprendan a elegir, a tener criterio y a cultivar el espíritu crítico, y eso no lo da Netflix, que es todo lo contrario.

-Hay una revolución de las mujeres en marcha. ¿Qué le parece?

-No soy totalmente optimista, aunque tengo confianza en las nuevas generaciones, que son muy combativas. Pero en el mundo hay una contrarrevolución muy machista; hay mucho miedo de los hombres a perder sus privilegios. Mire Brasil, Estados Unidos, Italia, Hungría... La guerra va a ser dura.