«Hay que presionar para que los cortos vuelvan a las salas»

«Hay que presionar para que los cortos vuelvan a las salas»
Natalia Marín, Maider Fernández, Gemma Blasco y Tariq Porter. / CAROLINA SANTOS

Los cortometrajistas españoles aseguran que las ayudas a la producción no se ajustan a las necesidades reales de los cineastas

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Hay mil formas y maneras de producir cortometrajes, pero son muy pocas las vías para verlos más allá del circuito de festivales. «Habría que hacer presión para que vuelvan a las salas, es un añadido bonito en una sesión de cine», apunta Tariq Porter , director de 'Cendra', que compite en la Sección Oficial del FICX. Él es junto a Natalia Marín ('La casa de Julio Iglesias'), Maider Fernández ('Amor siempre') y Gemma Blasco ('Jauría') uno de los cortometrajistas españoles presentes en esta edición del Festival. Los cuatro coinciden a la hora de enumerar los problemas con los que se dan de bruces a la hora de llevar a cabo sus proyectos. El primero, unas ayudas muy poco ajustadas a las necesidades reales. «Este tipo de ayudas limitan la forma de hacer, obligan a entrar en un sistema de producción clásico», afirma Maider Fernández. Y eso significa que, en ocasiones, hay que ir a presupuestos absurdos: «Yo no necesito 150.000 euros, yo quiero menos», dice Natalia Marín, en tono elocuente y a modo de ejemplo de ese desajuste a resolver. Luego está la incomodidad, el incordio: «A veces te planteas 'ahí va, qué follón', es que a lo que reunimos el papeleo ya hemos hecho la peli».

Hay mil maneras de hacer cortos. Se tiende a mirar como un hermano menor del largo, como un primer paso previo, pero en ocasiones su complejidad es incluso superior. «Para mí ha sido más difícil hacer este corto que el largo», apunta Gemma Blasco.

Esa disparidad, esa falta de espacio para las creaciones más ensayísticas y experimentales, salen a colación entre quienes firman estas pequeñas obras de arte de duración reducida que en ocasiones se aproximan al arte contemporáneo y son fruto de residencias artistas.

Ayer en el FICX se habló de cortos y de cine joven y eran tres mujeres y solo un hombre los que tomaron la palabra. ¿Algo está cambiando? «Hay muchas más mujeres estudiantes y son mejores, pero luego desde que salen de la escuela a la producción algo pasa», anota Natalia Marín, que pide que más allá de quién dirija desaparezcan los estereotipos de los relatos. Sus compañeros confirman y lamentan que ellas siguen estando menos presente en las secciones oficiales de los festivales.

 

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