«Todavía hay que hablar de cosas tan básicas como qué es violar a una mujer»

Marina Szereszevsky. / D. ARIENZA
Marina Szereszevsky. / D. ARIENZA

La realizadora argentina Marina Szereszevsky se alza con el Premio SGAE de Guión 'Julio Alejandro' con 'Empieza el baile', una 'road movie' con el tango como hilo conductor

A. VILLACORTA GIJÓN.

«Creo que soy la persona más feliz de este festival», reconocía ayer Marina Szereszevsky (Buenos Aires, 1969), galardonada en el FIXC con el premio SGAE de Guión 'Julio Alejandro 2017' por su obra 'Empieza el baile', una 'road movie' que narra el viaje de Carlos a Argentina para acudir al velatorio de Margarita, su antigua compañera de vida y tangos, y que le encantaría que protagonizasen Héctor Alterio y Norma Aleandro. El premio está dotado con 25.000 euros que se lleva esta guionista, realizadora y actriz afincada en España que no ha parado de cosechar galardones desde que despuntase con el documental 'Madres, 0'15 el minuto', Biznaga de Plata en Málaga. Su cortometraje 'El cortejo' obtuvo más de 120 premios en festivales de todo el mundo. 'La boda', otra obra breve, fue finalista en los Goya. Y su primer largo, 'La puerta abierta' -protagonizado por Carmen Machi, Asier Etxeandía y Terele Pávez-, también arrasó.

Pero este premio es muy especial, admite Szereszevsky. Y lo es porque, tras veinte años en España, se trata del primero que escribe «en argentino». «No sabía si iba a poder, porque es complicado volver a hablar en el idioma materno. Y, además, uno escribe muchas veces sin saber si va a llegar a alguna parte, pero este guion me salió del corazón. Lo tenía que escribir y disfruté como nunca antes, porque habla de mi barrio, de donde nací. Es la primera vez que escribía de algo tan cercano y piensas que quizá el resto de la gente no lo entienda».

Se equivocó. Y, además del galardón, 'Empieza el baile' ha supuesto un «punto de inflexión» en la vida de la guionista que, cuando estaba en Argentina, «bailaba y escuchaba mucho tango». «Pues bien: desde que llegué aquí, me da tristeza. No sé por qué, pero dejé de escucharlo y de bailarlo. Y esta película va de tango, así que me ha reconciliado con estar aquí. Fue decir: 'Venga, ya está bien. Llevas aquí veinte años. Deja de estar triste por estar lejos'». Y todo, con «mucho humor, porque hablar de tango con tristeza es 'apaga y vámonos'. Así que nos reímos de la tristeza del tango».

Fue su «productor y, sin embargo, marido» el encargado de presentar el guion a un concurso en el que competían 268 obras. La mayoría, firmadas por hombres: «Las guionistas de cine no llegamos al 20%, un dato tremendo que, con mucho trabajo de mucha gente, se va revirtiendo».

Y lo mismo que en el cine, en la vida: «La base está en la educación y en la visibilidad. Lo que necesitamos las mujeres es estar en los lugares de toma de decisiones y en sitios visibles para que las nuevas generaciones sepan que puede haber una presidenta, una bombera, una futbolista. Porque, aunque se están haciendo muchas cosas, también se están dando muchos pasos para atrás. Sin ir más lejos, lo que está pasando estos días, con manifestaciones en varias ciudades, que demuestra que todavía tenemos que hablar de cosas tan básicas como qué es violar a una mujer. Nos quedan muchas batallas».