«En Berlín se tomaron mi peli como una comedia y en Corea como un drama»

«En Berlín se tomaron mi peli como una comedia y en Corea como un drama»
Marta Hernaiz Pidal, en la Escuela de Comercio. / CAROLINA SANTOS

«Las cineastas de generaciones anteriores han luchado tanto por no ser discriminadas que ahora las nuevas recogemos los frutos»

A. VILLACORTA GIJÓN.

Marta Hernaiz Pidal (Ciudad de México, 1988) ha llegado al FICX con 'La caótica vida de Nada Kadic' (viernes, 17 horas, en los Yelmo) y se siente «como en casa», porque esta realizadora mexicana de ascendencia asturiana pasó muchos de los veranos de su infancia en Llanes, donde vive su abuela, Cayoya Noriega, a la que se llevó al estreno de la cinta en la Berlinale. Esa ha sido solo una de las escalas de esta cineasta formada en la prestigiosa escuela bosnia de Béla Tarr, que este año también ha presentado su filme en Egipto, Corea, Japón, China, Colombia o Irak, «con un permiso especial».

-¿Cómo ha recibido el público su trabajo?

-Las reacciones fueron muy diferentes. Por ejemplo, en Berlín, donde el público está más acostumbrado a ver cine, se reían en todos los momentos en los que tenían que reírse. Mi película no es una comedia, pero tiene toques de humor y en Alemania la vieron así. En cambio, en Corea o China se la tomaron como un drama y me preguntaban: «¿Por qué se llama 'La caótica vida' si es una película muy pacífica?». Y yo les contestaba: «Claro, es que tú vives en Beijing y más caos que allí no puede haber» (Risas).

-Rodó en Bosnia y Montenegro.

-Sí. ¡Vaya lío para una película tan chiquita como la nuestra, en la que éramos solo seis personas! Tuvimos más aventuras que el personaje de la cinta: nos paró la Policía, el coche se descomponía... (Ríe).

-Y con una protagonista que no es una actriz profesional.

-Es Aida, una de las primeras personas que conocí en Bosnia, porque trabajaba en mi escuela. Aida es muy despistada y llama mucho la atención con su pelo rojo. Así que, cuando descubrí que tenía una hija, supe que quería explorar cómo era la relación entre una madre caótica y su pequeña. Y, en medio de eso, descubrimos que la niña tenía autismo y lo incorporamos, porque estas personas muchas veces son excluidas y creemos que darles visibilidad puede ayudar.

-Todos sus personajes son femeninos. ¿Ha tenido trabas adicionales por ser usted una mujer?

-Creo que eso le pasaba más a las generaciones anteriores. Sigue siendo difícil dirigir, pero las que nos precedieron han luchado tanto por no ser discriminadas que ahora la nuevas estamos recogiendo sus frutos y ya nos pasa casi al revés: hay mucha gente interesada en el trabajo que hacemos las directoras. He tenido mucha suerte en ese sentido, aunque también depende de los oficios, porque, por ejemplo, es más complicado para las directoras de fotografía.

-¿Siempre supo que quería dedicarse a esto?

-Desde que era muy pequeñita. Me acuerdo de que íbamos a ir a la playa a Celorio y me habían dado una cámara de fotos. Bueno, pues me cogí un tremendo berrinche porque no tenía rollo. Desde eso, siempre quería capturar imágenes y poco a poco descubrí que lo que me atraía no era solo la foto, sino que me gustaba contar historias. Y de ahí ya nadie me bajó.

-El cine mexicano está al alza. ¿Se ve dirigiendo series como 'Narcos' o 'La casa de las flores'?

-No me cierro a ninguna posibilidad, pero ahora quiero hacer una peli allí. Siento que los temas de narcos, violencia y pobreza están muy explotados, así que quiero ver cómo me las arreglo para hacer algo diferente, pero sin olvidarme de todo eso.

-¿Cómo ha sido regresar?

-Sigue siendo un lugar inseguro y con mucho tráfico, pero también es muy interesante porque pasa de todo y hay de todo en todos lados. Mucho museo, mucho arte, mucho cine.

 

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