«Busco crear desafíos contemporáneos»

Gabriel Mascaro defendió ayer su película en Gijón en el FICX. /
Gabriel Mascaro defendió ayer su película en Gijón en el FICX.

El director brasileño Gabriel Mascaro compite en la Sección Oficial con 'Neon Bull', una coreografía de lo cotidiano de una «familia» nada convencional

M. F. ANTUÑAGijón

Una historia de vaqueros, una extraña familia, una coreografía de un Brasil diferente al instalado en las retinas. Esos son algunos de los ingredientes de 'Neon Bull', la película de Gabriel Mascaro que compite en la Sección Oficial y pone focos sobre un cine brasileño cada vez más abierto a nuevos realizadores y formas de hacer. «Estamos ante un escenario nuevo de revitalización y frescura que aporta nuevas miradas sobre el país», advierte Mascaro, feliz de saber que si hace diez años era misión imposible que un tipo de familia humilde como él llegara a hacer cine, hoy sí lo es.

No solo eso. Si no que trasciende las fronteras de Sudamérica y se instala en otros planetas para mostrar, como sucede con la última cinta del autor de 'Vientos de agosto', escenas de lo cotidiano de personajes a contracorriente.

«Intento crear nuevos desafíos contemporáneos para personajes contemporáneos», afirma este cineasta brasileño de 32 años que ya visitó Venecia y Toronto con 'Neon Bull'. Narra la historia de un vaquero que trabaja transportando toros para las vaquejadas, una suerte de rodeos brasileños, y que sueña con convertirse en diseñador de moda. Con él, la mujer que conduce el camión, su hija y el encargado de toriles. Juntos componen una forma de familia que tampoco responde en absoluto a las convenciones. «Son personajes que viven una experiencia afectiva distinta», señala el director, que habla de su película como una coreografía en la que cada plano es «una mirada sutil, una experiencia de un mundo propio» y que desafía y rompe con los roles de género.

También otorga un papel importante al sexo, que adquiere un papel casi performático y ritual en escenas que no dejan a nadie indiferente y que incluyen masturbación equina.

Todo lo dicho sucede con una mirada muy natural, en la que el director parece desaparecer para dejar a los actores, profesionales y no profesionales, hacerse otros. «Estuvimos trabajando dos meses y los animales también estaban presentes», relata el director, para quien fue fundamental que en el proceso de ensayos los actores se fueran fundiendo con el entorno y esa relación con los animales era una manera de lograrlo. De esa forma, «se crea una experiencia muy fuerte y verdadera». Es también clave el paisaje, convertido en un personaje más. «Intento pensar la película como una geografía afectiva en la que el paisaje en sí mismo es un elemento fundamental».

Feliz de estar en Gijón y poder presentar su obra en el FICX, Gabriel Mascaro trabaja ya en nuevos proyectos. «Espero volver acá con otro trabajo».

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