«Temo un caza de brujas contra el FICX»

Nacho Carballo, ayer, en la playa de San Lorenzo. /
Nacho Carballo, ayer, en la playa de San Lorenzo.

Nacho Carballo Director del Festival Internacional de Cine de Gijón

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

Satisfecho e inquieto. Así se manifiesta el director del Festivalo Internacional de Cine de Gijón (FICX), Nacho Carballo (Gijón, 1972), tras la conclusión de la edición de este año, que cumplió su aniversario 53, de los cuales su actual responsable ha estado al frente en los cuatro últimos. Se le ve más delgado. Y confiesa que ese nuevo perfil obedece tanto al trajín de las obligaciones en el cargo como a la voluntad de llevar una vida saludable. La satisfacción que desprende viene avalada por el público asistente a las sesiones del FICX. La inquietud, por la sensación de que el Gobierno del Principado de Asturias no lo respalda del modo que debiera. «Temo una caza de brujas contra el Festival, que sería contra todos. Espero que no sea así».

¿Es posible hacer una síntesis de los cuatro años que lleva en la dirección del FICX?

Si fuera una película, el título podría ser 'Evasión o victoria'.

¿Qué sensaciones tiene tras la clausura?

Inmejorables. Creíamos que no se podría superar el número de público que tuvimos el año anterior, que ya fue un récord, y lo hemos logrado. Además, a la gente se le ha quitado el miedo de hablar bien del Festival. Lo que no quiere decir que no hayamos de afrontar dificultades.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, institucionales. El consejero de Cultura no ha venido a la gala de clausura, el viceconsejero no asitió a la rueda de prensa de los Premios Gava, se nos retiraron 5.000 euros de apoyo diez días antes de que comenzara el Festival, han decidido investigar las relaciones entre el Festival y Laboral Centro de Arte, o mis dietas, que están reguladas y más controladas que las cuentas de Al Capone. No hay nada que ocultar. Es como si se fuera a producir una caza de brujas en breve, que sería contra todos. Espero que no sea así.

Vayamos a los aspectos artísticos... ¿Cuál es la estampa que le queda de estas jornadas?

Sobre todo, la impresión de que se está produciendo un cambio generacional entre los espectadores, sin que se hayan ido los de mayor edad. Y esa es una garantía de futuro para el Festival. Pienso que es una de las carectarísticas que lo diferencian del resto de festivales que hay en España, la gran presencia de jóvenes.

¿Cuál ha sido, dentro de la pluralidad, la tendencia de las películas que han obtenido los galardones principales?

En general, en la programación ha predominado el cine duro y social, aunque la vida se acabe abriendo camino.

El Premio Nacho Martínez fue para José Sacristán. ¿Qué contó entre bambalinas?

Más bien se lo contó Arturo Ripstein a él, que no era capaz de creerse que Sacristán tuviera una edad mayor que la suya.

Vayamos al palmarés. En la Sección Oficial, la triunfadora ha sido 'Right now, wrong then', de Hong Sang-soo. ¿Qué virtudes artísticas le adjudicaría?

Es la obra maestra de un gran director, que tenemos por tercer año consecutivo en el Festival. Ha ganado en Locarno y ahora en Gijón. Es cine difícil, pero sin artificio, una cinta cruda y sin tapujos, con personajes reales, creíbles, habitados por un mundo interior atormentado. Sufres con ellos. Es una película redonda.

El cine asiático comienza a tener una importante representación. ¿Cuál es el motivo?

Antes, se obligaba a que el setenta por ciento de las películas fuera europeo. Ya no es así, lo que favorece una mayor riqueza en la programación. Y el cine asiático ofrece una gran frescura, está muy vivo, desde Brillante Mendoza a Apichatpong Weerasethakul, al que hemos dedicado un homenaje mediante ocho películas. Están viviendo su edad de oro. Cuentan historias, tienen talento y disponen de medios técnicos.

El jurado ha querido hacer una mención especial para 'La delgada línea amarilla', también mejor guion.

Puede decirse que no es posible hacer más con menos... Es una película deliciosa, que ya me atrapó desde que la vi en el Festival de Cine de Guadalajara (México). Es una lección de vida frente a la propensión individualista que invade nuestra época.

Más discutida es 'La calle de la amargura', de Arturo Ripstein, premio al mejor director. O se la glorifica o se la descalifica... ¿Quizá porque sea para un público minoritario?

Tengo la sensación de que le ha gustado a mucha gente... Es verdad que se trata de una creación con aristas, que hay que profundizar. Pero la hermosura desolada de las imágenes en blanco y negro, que recuerda a Buñuel, la construcción de los personajes a los que retrata con inmenso cariño, ese mundo hondo de México, la convierten en lo mejor que ha hecho Ripstein en los últimos tiempos.

En la entrega de los Premios Gava, se le vio optimista respecto del futuro del sector audiovisual asturiano. ¿Optimismo voluntarioso?

Creo de verdad que hay capacidades. Otra cosa es que el sector no esté todavía suficientemente valorado, al contrario de lo que sucede en el País Vasco, Galicia o, yendo a palabras mayores, Cataluña. Es necesario que las instituciones públicas adquieran una visión estratégica del sector audiovisual asturiano. Disponemos de la mejor tierra del mundo para transformarla en un plató. El Foro de Coproducción recibió 33 proyectos este año. Vamos a ver qué ocurre con la Mesa Profesional del Cine que se va a crear.

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