«En Serbia hay mucha gente protegiendo las mentiras de la guerra»

Ognjen Glanovic y Stefan Ivancic. / CAROLINA SANTOS
Ognjen Glanovic y Stefan Ivancic. / CAROLINA SANTOS

Ognjen Glanovic traza en 'The Load' un viaje al pasado incómodo en su país: «Nos han llamado traidores y terroristas»

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

«La película es un choque entre las imágenes que yo veía y las que no podía ver», entre los recuerdos del chico que escuchó los bombardeos de la OTAN en Serbia y creció ignorando que al lado de su casa existía una fosa común de la sangrienta guerra balcánica y el adulto que ha querido desentrañar un pasado que aún hoy se oculta. «Hay mucha gente protegiendo las mentiras», afirma contundente Ognjen Glanovic, director de 'The Load', película que compite en la Sección Oficial del FICX con la peripecia de un camionero que transporta una carga misteriosa entre Kosovo y Belgrado.

La inspiración es cien por cien real, fruto de siete años de trabajo e investigación a partir del descubrimiento de la fosa común de su barrio. «El silencio y el desconocimiento de la gente me pareció sospechoso». Eso sucedió en 2009. «Llevaba diez años allí y no había oído hablar de ella», anota. En esa fosa se desenterraron una serie de objetos; en La Haya, un camionero desveló los misterios de sus viajes. Unió ambas realidades y primero dio a luz un documental y después esta película. «La idea era combinar la historia de un conductor de camión que no sabe lo que está haciendo y que al encontrarse esos objetos descubre lo que está haciendo», apunta el director, que añade que con el paso del tiempo ese argumento se fue convirtiendo en algo más personal, en una metáfora que mira hacia la vida y al sistema en el que habitamos, hacia un territorio que aún no ha pasado página de su baño de sangre a finales del siglo XX y tiene las heridas abiertas.

No fue fácil poner en marcha el rodaje. La temática sigue siendo incómoda en Serbia, donde la cinta se ha visto acompañada de una campaña de desprestigio. «Se emprendió una campaña brutal, nos han acusado de traidores, de espías, de terroristas, incluso compañeros de profesión», asegura el productor de la cinta, Stefan Ivancic, quien subraya que el hecho de ser seleccionada en Cannes abrió la caja de Pandora. Porque la película aún no se ha estrenado en Serbia. Será el sábado próximo cuando por fin vea la luz. Puede que entonces los compatriotas de Glanovic se planteen la misma reflexión que ha alumbrado su obra: «No trata sobre qué lleva este camionero sino sobre qué es lo que se está transmitiendo de generación en generación», que no incluye esas historias «escondidas», ese olvido del infame camino hacia la desintegración de Yugoslavia. «La ficción está basada en un testimonio y cuenta lo que ocurre en un día, no intento explicar lo que sucedió, pero sí mostrar los hechos y también introducir mis recuerdos, de los bombardeos, los panfletos cayendo, es un choque entre lo que suponía ser un chico en esa época, en la que estás descubriendo la vida, la música... y la guerra», resume el serbio.

Hacerlo así, desde la ficción, permite aportar una mirada poética y al mismo tiempo evitar tomar partido. No quiere dar una lección de historia ni caer en el sentimentalismo. Sí quiere que quien mira se plantee interrogantes: «Cuando descubrí la fosa y empecé a preguntar a la gente, no es que no quisieran hablar de ello, es que no sabían, y eso sucedió, y me pregunto ¿quién sacaba provecho? Eso me llevó a la película. Ellos ganaron, sí, pero yo no quiero seguir el juego».