«'Zaniki' es un documento necesario»

«'Zaniki' es un documento necesario»
Laura, Eusebio y Beltrán (de la familia Mayalde) junto a Gabriel Velázquez, Manuel García y Pilar (Mayalde). / CAROLINA SANTOS

El filme de Gabriel Velázquez reivindica a través de los Mayalde el valor de la tradición

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

'Zaniki' no tiene las formas de un documental, pero su inspiración es cien por cien real. Cuenta la historia de la familia Mayalde, folcloristas salmantinos empeñados en mantener vivas la música y las tradiciones de Castilla y León, pero lo hace a través de un guion cinematográfico, convirtiendo a sus protagonistas reales en actores de sí mismos. Eusebio, el patriarca, transmite a su nieto Beltrán 'Zaniki', de ocho años, el valor de la herencia del pasado, el origen que no debe olvidar. Gabriel Velázquez dirige, con Manuel García al frente de la fotografía, esta cinta que opta a premio en la Sección Oficial del FICX. «Más que una película es un documento necesario», apunta Eusebio Mayalde, el inspirador de esta aventura rodada en dos semanas en Salamanca. «Hay una parte de la historia de Asturias o de Castilla y León que nunca se ha escrito, que siempre se ha contado en torno al fuego», subraya el folclorista, que confía en que la película pueda servir para que la tradición oral que ellos se encargan de conservar y difundir se instale en la memoria colectiva. Reclama respeto para «las cosas del pueblo», para esas personas que sin pasar por la universidad se han encargado de preservar un legado impagable, que han sabido cantar, contar y hacer música tocando una sartén.

Siempre atento a este universo, Velázquez se interesó por la figura de Eusebio. Le conoció, charlaron y acordaron grabar una película que se fue retrasando en el tiempo por los múltiples compromisos de la familia de folcloristas. Finalmente, en dos semanas intensas, en las que los Mayalde abrieron su casa de par en par, se recreó su propia historia para componer 'Zaniki'. «La película se fue haciendo poco a poco, los Mayalde se desnudaron entre comillas y físicamente también», apunta el director, que habla de quince días en los que no hubo ensayos, sino que simplemente se rodaba «buscando que las cosas fueran bonitas», cuidando la luz, los detalles, desde el minimalismo y la austeridad. Se trataba de contar de «manera bella».

La cinta lanza un mensaje en favor de ese respeto al pasado, a que no se pierdan las peculiaridades del territorio pequeño en el mundo del reguetón y la hamburguesa, a que se recuerden la identidad, los abuelos, las músicas. «Debemos elevar lo sencillo al concepto de lo sublime; y estoy hablando de unas sopas de ajo», afirma contundente Mayalde, para quien sí existe un peligro real de que las tradiciones se pierdan. En los últimos cincuenta años el mundo ha cambiado tanto y tan deprisa que es necesario un compromiso para frenar, para vivir sin prisas, para disfrutar de cortar leña en el monte, abrazar una encina y del sonido de una pandereta. Porque, además, esa mirada atrás no excluye de hacerlo hacia adelante. 'Zaniki' llega con ese mensaje bajo el brazo y llega al tiempo que los Mayalde reciben el Premio Nacional de Folclore Martínez Torner que otorga el Ayuntamiento de Oviedo. «Un premio a quienes empezamos a presumir de lo que antes a otros les avergonzaba supongo que quiere decir algo», subraya.

Tras el estreno mundial de la película en Gijón, Gabriel Velázquez tiene ya entre manos otro filme que ha sido rodado en Los Ángeles. En este caso es la historia de una pareja de Salamanca que dejó una vida acomodada en Madrid para desplazarse a la ciudad californiana y buscarse la vida en el mundo de la música mientras viven como ilegales. Está en proceso de montaje. Al igual que 'Zaniki' es una realidad ficcionada.