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«El cambio climático afecta a los viñedos»

Ángel Anocibar, José Moro, Raúl Pérez, Fernando Remírez de Ganuza y Pepe Raventós brindan con sus vinos para 'Yantar' en el Espacio Circus de Oviedo. :: FOTOS: PABLO LORENZANA/
Ángel Anocibar, José Moro, Raúl Pérez, Fernando Remírez de Ganuza y Pepe Raventós brindan con sus vinos para 'Yantar' en el Espacio Circus de Oviedo. :: FOTOS: PABLO LORENZANA

Los grandes bodegueros hacen frente con mayor previsión a una realidad marcada por la subida generalizada de la temperatura media, más lluvias torrenciales y el empuje de las nuevas tecnologías

JESSICA M. PUGA

Los desafíos del sector vitivinícola ante el cambio climático son una realidad tan evidente que define, y mucho, las líneas de acción de las principales bodegas del país. Los responsables de cinco de ellas abordaron el tema en Oviedo. Ángel Anocibar (Abadía Retuerta), José Moro (Emilio Moro), Raúl Pérez (Bodegas y Viñedos Raúl Pérez), Pepe Raventós (Raventós i Blanc) y Fernando Remírez de Ganuza (Remírez de Ganuza) debatieron acerca de las incertidumbres del calendario de vendimia, el aumento de la temperatura media y los sistemas de riego. Coincidieron en Vines'19, un simposio promovido por Ladislao Méndez León, distribuidor de todas ellas, en una jornada en la que los invitados también abordaron la aplicación de las nuevas tecnologías en el campo y las tendencias del sector, las cuales pasan por los vinos veganos y ecológicos. De su reunión salieron varias ideas clave. Las principales fueron que el futuro del vino pasa por lograr el máximo control con la mínima intervención y que su razón de ser sigue estando en resumir la esencia de la zona que lo hace posible.

Efectos del cambio climático

José Moro:

«Que vivimos un cambio climático es evidente; tenemos que empezar mínimamente a preocuparnos. En el mundo del vino lo percibimos a la hora de vendimiar, ya que se ha perdido la estabilidad y tan pronto lo hacemos el 18 de octubre como el 15 de septiembre. También han aumentado las temperaturas medias. Nosotros nos fijamos mucho en septiembre, que es el mes que nos da la llave de calidad de las buenas cosechas, y es un hecho. Hay olas de calor y más lluvias torrenciales, pero baja la pluviometría, temas que afectan a los compuestos fenólicos, la propia fotosíntesis de la planta y el estrés al que se expone esta. Todo termina teniendo una repercusión brutal en la calidad de los vinos».

«Soy optimista porque la clave está en atender a la previsión para poder anticiparnos» «El conocimiento da seguridad, pero no es fácil aplicar tecnologías en zonas minifundistas»

F. Remírez de Ganuza:

«Las condiciones están haciendo subir la altitud de las plantaciones. Hace años, las viñas de la Rioja Alavesa se encontraban en su mayor parte a 400 y 500 metros porque era donde mejor maduraba la uva. Ahora, en cambio, se prefieren las zonas más altas, hablo de entre los 650 y 700 metros de altitud».

Pepe Raventós:

«Vengo de una zona, el Penedés, que tiene que trabajar mucho porque ha crecido tan obsesionada con el método 'champenois' que ha perdido la viticultura. Tenemos que recuperar este concepto, muy sencillo pero fundamental para avanzar en la línea de responsabilidad medioambiental. Estuve cinco años viviendo en Estados Unidos y la experiencia me valió para valorar el paisaje de nuestro país, que aún hoy tiene la mayor superficie de viñedo plantado. Esto debería granjearnos responsabilidad. Aún así, creo que la cuestión del debate tiene que ir más allá, empezando por que el kilo de uva en el mercado está por debajo de los 40 céntimos. Tenemos que empezar por valorar el campo».

Ángel Anocibar:

«Hicimos un estudio de la evolución del clima de nuestra zona, y perfectamente extrapolable a toda la Ribera del Duero, en los últimos 52 años. Comprobamos que a partir de los años 90 se produce aumento de la temperatura media; cuando ves que es un grado, piensas que no es nada, pero eso, en todo el ciclo de la vid, es como si tuviéramos un mes más de septiembre, una barbaridad. Este aumento se traduce en vendimias más tempranas y mayor graduación alcohólica. En mi zona, por el cambio climático, ya se planta en los páramos».

Raúl Pérez:

«Galicia, seguramente, sea la zona en la que el cambio se percibe de una forma más radical. Tenemos problemas de maduración cuando antes ocurría casi lo contrario, cepas mutadas y brotaciones muy precoces. Atacan enfermedades en momentos que hace 15 años ni se hubieran planteado y la botrytis, que antes llegaba en los meses más tardíos, se manifiesta antes. Esto provoca desajustes de vendimia mucho más amplios y, ante tanto desbarajuste, se termina incrementado el consumo energético. Los consejos reguladores del noroeste se han quedado obsoletos. Los niveles de acidez total natural son incumplibles porque han caído; llegar a 4,5 g/l, a veces, no lo conseguimos en muchas parcelas por el daño climatológico. Incluso vendimiando abajo, ya que cuando es un año fresco tienes una gran cantidad de ácido málico y no consigues una calidad fija. Por arriba, en el Bierzo, se tuvo que plantar en el límite por arriba y no se podían presentar vinos por encima de 14 grados. ¿Cómo lo controlas?».

Soluciones puestas en marcha

José Moro:

«Tenemos muchas posibilidades de acción. Por ejemplo, subir las plantaciones de 750 a más de 900 metros porque su ciclo vegetativo es más largo. Arriba, las tierras altas son más pobres, así que si queremos obtener vinos de calidad, tenemos que prestar mayor atención a la riqueza de la uva. Estábamos acostumbrados a portainjertos 41 B para tierras calizas, pero, tal y como están las cosas, tendremos que irnos a otros de ciclo más largo. Otro tema fundamental a tener en cuenta tiene que ver con el riego: Debemos tener la posibilidad de controlarlo para que la planta no sufra estrés. Un vino tiene que ser la expresión pura del terroir en el que estás».

Ángel Anocibar:

«Soy optimista respecto a la situación actual, porque lo importante, lo básico, es recibir y atender a la información para poder anticiparnos. Si sé que es un año frío, vaticino que va a ser una vendimia tardía, y al revés. Tenemos en estudio y adaptación unas 23 variedades de uva, aproximadamente. Creo que una solución está en recuperar las que han vivido ahí años atrás porque en todo ese tiempo han pasado de todo, y aguantado. Mi zona no será de las primeras en caer porque, para empezar, tenemos alturas».

Big Data frente a lo natural

José Moro:

«Por mucho que queramos dar la máxima naturalidad al mundo del vino, al campo en general, no se le pueden cerrar puertas. De niño, mi padre me metía a lavar a mano las cubas, luego llegó una máquina para hacerlo a presión. La innovación de hoy será la tradición de mañana. Antes, funcionaba la intuición, pero esto ha cambiado; el campo y la uva no pueden ser ajenos a los cambios. Nosotros, con la Universidad de Zaragoza y la Junta de Castilla y León, hicimos un estudio para establecer cuáles eran los mejores clones de tempranillo; con la Complutense de Madrid, identificamos y seleccionamos nuestras propias levaduras; con la Universidad de Valladolid, iniciamos un proyecto de geolocalización, tenemos drones, y lo último ha sido lanzar 'La bodega del futuro'. Con este proyecto, firmado con cinco empresas, buscamos monitorizar el viñedo, tener sensores, estaciones meteorológicas y correlacionar los datos con imágenes vía satélite. Queremos digitalizar desde la cepa hasta la copa. Hoy, todas las decisiones que tomamos en el proceso buscamos hacerlas en función de los datos».

F. Remírez de Ganuza:

«La no intervención en el campo sería lo ideal, pero es imposible. Hacer lo que tiene José en su bodega no entra dentro de las posibilidades de todos, tendrían que hacer algo en este sentido el Gobierno o las denominaciones, pero ya sabemos que la administración es un poco complicada. Lo que está claro es que se necesitan más progresos en cuanto a intervención en el campo se refiere. No podemos hacer vinos milagrosos».

Pepe Raventós:

«Nosotros intentamos pensar antes de intervenir. Yo la innovación la veo como ir hacia atrás. Me mueve más el modelo de Borgoña, muy intuitivo. Creo que el vino perfecto no existe, de ahí la vinculación hacia la naturaleza y a intervenir lo menos posible».

Raúl Pérez:

«El conocimiento da seguridad, así que es fundamental, pero no es fácil desarrollar tecnologías en zonas minifundistas, en donde parcelas que distan no más de 100 metros varían las cosas hasta 17 días para un mismo nivel alcohólico y afectan diferentes enfermedades».

De lo natural a lo vegano

Pepe Raventós:

«La biodinámica me ha hecho pasar más tiempo en el campo. Se ha abusado de la filosofía Steiner, yo creo que la recuperación del elemento granja es fundamental. Para mí, decir natural es trabajar sin sulfuroso y seguir la filosofía de intervenir lo mínimo».

Ángel Anocibar:

«No es que sea vegano, natural ni ecológico... Soy lógico. Controlo lo que hay y valoro los riesgos para decidirme a intervenir o no. Yo no trato por si acaso».