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Beatriz Suárez

«La venta ‘online’ aún no es la opción preferida del cliente»

Beatriz Suárez - Corresponsable de Casa Veneranda

«La trabajamos como complemento a la oferta física. Nuestro próximo objetivo es meter nuestros productos en Amazon»

Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGAGijón

Casa Veneranda es clave en la historia social y gastronómica no solo de Oviedo, sino de España entera. Aquí es donde una mujer, Veneranda Fernández, rompió con los cánones de la sociedad de los años 20 al montar su propio negocio, que entonces era también casa de comidas. En el corazón de Oviedo se trabajó con la primera máquina de envasar al vacío del país y el mismísimo Camilo José Cela demandó en ella fabada. De esta archiconocida tienda gourmet se encarga hoy la cuarta generación, Beatriz y José María Suárez.

Un ‘librillo’ basado en la calidad. «Lo fundamental del negocio, lo que nos transmitió con más mimo y cuidado nuestro abuelo, José María Suárez (igual que mi hermano), es la atención al cliente y la apuesta por la calidad; si bien esta última no puede ir reñida con la variedad porque no somos una tienda dedicada solo a productos asturianos. Las enseñanzas de nuestro abuelo, que nos crío junto a nuestra madre –porque mi padre, murió muy joven, a los 38 años– nos marcaron mucho. Todo lo que ponemos a la venta lo hemos probado nosotros antes».

Clientela de aquí y de allá. «A la tienda entran tanto locales como turistas. Estos últimos son los que, en un 80% de los casos, demandan productos asturianos. Hay algunos que fichan en la web y luego vienen a la tienda a probar y comprar. Potenciamos mucho el pote asturiano y el pack de fabada, el cual ‘inventó’ mi abuelo. Los de fuera de la región conocen bien estos dos platos y vienen directamente a por la materia prima. Nuestro cliente es muy exigente con la calidad, porque antepone esta al precio y su edad está a partir de los 30 años».

De Correos, a la web. «Siempre hemos vendido fuera, lo que pasa es que antes recibíamos los pedidos por teléfono o correo ordinario y ahora nos llegan a través de la web. Con esta llevamos 14 ó 15 años y principalmente atendemos a clientes de fuera que no se pueden desplazar a Oviedo. Tenemos una carta de los años 70 firmada por Camilo José Cela en la que nos pedía fabada y queso Cabrales. Es curioso, pero lo que más se vende ‘online’ sigue siendo fabada, quesos y dulces. No hay duda de que el consumidor cada vez compra más por internet, pero esta aún no es la opción preferida de nuestro cliente. Para nosotros es complementaria. El próximo proyecto es meter nuestros productos en Amazon».

Las modas del buen comer. «La gente está un pelín obsesionada con los productos ecológicos, sin gluten y sin lactosa, hasta el punto de que demanda que pongan toda la información en la etiqueta. Lo que pasa en muchos casos es que están acostumbrados a comprar productos de baja calidad. Todo lo que ofrecemos en la tienda la tiene y además procuramos que sea sin conservantes. Queremos tener lo que el cliente nos demanda. Procuramos estar al tanto en cuanto a variedad y por eso solemos ir a ferias de toda España y cuando el tiempo nos lo permite, también de fuera».

Historia de España. «Mi abuelo trajo de Suiza en 1975 la primera máquina de envasar al vacío y además de enseñársela a sus clientes, enseñó a utilizarla a cuantos se lo pidieron. Las patentes duran 15 años y transcurrido ese tiempo, todos lo pueden imitar, así que la importancia de ser pioneros está, principalmente, en el momento en que la trae. Luego queda la anécdota».

Mujer pionera. «Mi bisabuela, Veneranda Fernández, fue una mujer muy adelantada a su tiempo y echada para adelante hasta el punto de que hizo frente a las costumbres machistas del país abriendo su propio negocio en 1927. Entonces, además de tienda a granel, servía comidas. Pero no solo en lo laboral fue adelantada, también con la educación de mi abuelo, a quien animó a ir a clases de inglés y de economía. Las cosas han cambiado muchísimo, a la hora de hacer negocio ahora da igual que esté un hombre que una mujer».

Cien años de superación. «Hemos vivido de todo. Años malos motivados por una guerra civil y varias crisis económicas y, hablándolo en casa, hemos llegado a la conclusión de que cada momento fue duro por diferentes cosas. El problema de mi abuelo en la posguerra era conseguir materia prima, hasta tuvo que manejar el estraperlo para ofrecer a los clientes productos básicos. Las crisis han sido difíciles, pero soportables con una gestión austera».

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