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LARA RODRÍGUEZ

«Ya no se demandan cestas de Navidad como antes»

Lara Rodríguez - Coppelia Turrones y dulces

«Ahora son habituales los regalos más personales. Eso sí,lo que no cambia es comprar los dulces a última hora»

Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGAGijón

El sentimiento marcó el futuro laboral de la niña gijonesa que en los 80 protagonizó un anuncio de ‘Movierecord’, cuya sintonía advertía del inicio de la película en el cine. Lara Rodríguez es hoy la responsable de Coppelia, la céntrica tienda gijonesa dedicada a los productos navideños y los helados, que este 2017 ha cumplido veinticinco años. Ella lleva al frente del negocio cinco, si bien vinculada lo está desde 1992, cuando sus padres inauguraron la tienda en el local colindante al de la chocolatería Mayca que poseían. Hoy que ambos negocios son independientes, Lara Rodríguez, la segunda generación, recuerda el pasado y vive el presente.

Cosas de casa. «Fueron mis padres, Manuel y Candi, quienes inauguraron Coppelia en 1992. Antes, en 1978, habían abierto Mayca, en cuya entrada tenían tres máquinas de helados ‘soft’. Entrados los 90, apostaron por sumar al negocio una tienda en la que se venderían tanto helados como turrones para sortear en lo posible la estacionalidad del producto. Al llegar la hora de la jubilación, Coppelia cambió de manos y, cuando los regentes quisieron dejarlo, el negocio volvió a la familia. A mi marido y a mí nos daba mucha pena que se perdiese porque, a fin de cuentas, era un legado familiar y creíamos que aún podría tener recorrido, así que reabrimos en 2012».

Niña de anuncio. «Guardo muy buenos recuerdos entre estas paredes. En Mayca grabamos un anuncio para ‘Movierecord’. Yo tenía tres o cuatro años y salía con dos coletas, comiendo una copa de helado y con la cara totalmente manchada. También recuerdo con mucho cariño venir los viernes a merendar con mis amigas. La verdad es que para muchísima gente de Gijón, venir a desayunar era y es una tradición, sobre todo en Año Nuevo, Navidad y el día de los fuegos. Esos días se abre prontísimo y se forman colas en busca de chocolate y churros. Es habitual pedirlo para llevar; yo que tengo ‘peques’ en casa es lo que hago».

Referentes con nombre propio. «Mi mayor inspiración han sido y son mis padres. La mayor parte de las cosas que tenemos hoy en Coppelia son resultado de ideas suyas, de inspiraciones surgidas en viajes y vivencias a lo largo de su vida. Mi padre siempre ha sido el de las ideas maravillosas y mi madre tiene un don para los detalles, tiene muchísimo gusto y originalidad. Tiene mucho mérito empezar un negocio de la nada y llevarlo adonde lo han llevado ellos. Son un referente. Es aún hoy que les pido consejo antes de sacar algo nuevo».

La tradición del siglo XXI. «Aunque en nuestro sector lo clásico sigue siendo la opción estrella, también hay que atender a nuevos públicos que prefieren innovar. El secreto para sobrevivir está en atender a ambos. En Coppelia ahora entran clientes que ya tenían mis padres, que prefieren un tipo de atención y productos clásico, y quien busca la novedad. Este año, por ejemplo, nos hemos centrado más en el chocolate y tenemos turrón de coco con chocolate y otro de chocolate con nueces de macadamia».

Los regalos ya no son lo que eran. «Las empresas ya no demandan cestas de Navidad como antes, esa costumbre se está perdiendo. Ahora es más habitual hacer regalos particulares y elegir personalmente las bandejas en cuestión. Lo que no cambia es el hábito de hacer las compras a última hora en cuanto a los postres se refiere. En general, se piensa que turrones, mazapanes y demás productos navideños tienen poco aguante, pero lo cierto es que tienen más de lo que parece. Son rutinas; igual pasa con el consumo de helado en Asturias, el cual se asocia únicamente con días de sol, mientras que en otras regiones, incluso en San Sebastián que tiene un clima parecido, el calor es solo una excusa más para pedirlo».

Dulce tentación. «Pese a que cada vez se demandan productos menos dulces, nosotros no lo notamos tanto debido a la estacionalidad. Al tratarse de elaboraciones que solo se pueden comer en el año durante un tiempo limitado, parece que la gente no se preocupa tanto y levanta un poco la mano. Igual si se vendiese todo el año la situación sería diferente. Sí es cierto que hay público que directamente no puede tomar azúcar y por eso tenemos turrón duro y blando sin. Al final, el consumidor prefiere comer poco, pero de calidad, que al revés, y esta es una tendencia creciente. Igual que ahora se nota más alegría, no todavía como antes de la crisis».

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