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«Doña Concha no es De Labra, el nuevo proyecto es un concepto de tapeo»

Pelayo González y Miguel Álvarez de Labra, en Doña Concha, su nuevo negocio de la avenida Galicia de Oviedo. /ALEX PIÑA
Pelayo González y Miguel Álvarez de Labra, en Doña Concha, su nuevo negocio de la avenida Galicia de Oviedo. / ALEX PIÑA

Miguel Álvarez de Labra, tercera generación de la familia hostelera, abre negocio en Oviedo, en el local que ocupaba Naguar

JÉSSICA M. PUGA

Miguel Álvarez de Labra, responsable del restaurante De Labra (Abuli, Oviedo), ha visto el momento perfecto para crecer y lo ha aprovechado «casi sin darnos cuenta, de forma muy natural». Él, tercera generación de una emblemática saga hostelera, junto al empresario Pelayo González acaba de inaugurar un nuevo negocio en la capital. Este nuevo espacio se llama Doña Concha en honor a la abuela de Labra y ocupa el local del número 14 de la avenida de Galicia, que hasta hace unos meses albergaba a Naguar.

–¿Por qué nuevo proyecto ahora? ¿Y por qué sin salir de Oviedo?

–Siempre había dicho que si abría algo más sería en Madrid, lejos de lo que tenemos aquí, pero surgió la posibilidad, me llamaron porque vendían un local... Y aquí estamos unos meses después. Ha sido un periodo muy intenso, que ha merecido la pena. Estamos muy contentos.

–Se llama Doña Concha y no es el nombre lo único familiar aquí.

–Se llama Doña Concha por mi abuela, sí, por quien empezó con La Muralla en 1982. Fue muy graciosa la forma que tuvimos de elegirlo. Estaba con mi novia proponiendo ideas y se me ocurrió Pompi, como nuestro perro. Inmediatamente caímos en quién nos lo cuida siempre, mi abuela, Doña Concha. Lo teníamos. Todo lo que nos ha pasado con este espacio ha venido de forma muy natural y el nombre no iba a ser una excepción. La responsable de sala aquí es mi novia, Ana Argüelles, y los cuadros de las paredes, ambientados en Nueva York, los hizo mi tía Arantxa Álvarez.

–¿Qué ofrece Doña Concha?

–Queremos ser referentes en pinchos y tapeo. Tenemos un centenar de referencias de bebidas. Hay vino, champán, cava y sidra... Y más de una docena de quesos seleccionados por Aitor Vega. La idea es poder tomar algo en la barra, en mesas altas, pero cómodas de verdad. Esto es fundamental, no creo que se pueda comer bien si se está incómodo. También tenemos un comedor. Todos los platos de la carta han pasado en algún momento por De Labra, donde renovamos mucho la oferta. Solo se repiten dos opciones: el steak tartar y el milhojas. Además, hay poké hawaiano con trucha de manantial, gofre de maíz con queso Casín y anchoa ahumada, croquetas de pollo asado y las de jamón de Hugo Sobrado, que solo él las logra así, arroz meloso con centollo, cocochas de bacalao...

–También sirven desayunos y menús.

–Eso es. Ofrecemos un concepto de desayuno, chateo en barra con 39 referencias y vermú con varias cervezas. Buscamos dar un aperitivo bueno. Menús ofrecemos dos al día: el ejecutivo de mediodía por 16 euros y el de degustación por 25 euros sin bodega o 30 con esta incluida. La idea es empezar pronto a hacer catas.

–O sea, una propuesta diferente a De Labra. Que quede claro.

–Efectivamente. No quería un De Labra en el centro, sino otra cosa. Ya tenía un restaurante gastronómico y buscaba otra fórmula para el centro. Quien quiera De Labra, que vaya a vernos, quien prefiera un chateo, que elija Doña Concha. Es la idea.

–Ofrece una decoración cuidada con mimo...

–Todo ha venido rodado. Se encargó la interiorista Sandra Álvarez.

–¿Cambiará algo en De Labra? Igual el cliente prefiere no usar coche...

–De Labra va a seguir igual, tengo jefes de cocina en ambos negocios y yo estaré en ambos.

–¿Cuánta gente trabaja en Doña Concha?

–Somos un equipo de 15 personas.

 

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