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«Me gustaría que el Rey degustara el mejor Cabrales»

Iván Suárez en el Llagar de Colloto./PABLO LORENZANA
Iván Suárez en el Llagar de Colloto. / PABLO LORENZANA

El hostelero ovetense compró por segundo año consecutivo la mejor pieza de ese queso, por la que pagó 20.500 euros

ROSALÍA AGUDÍN

El móvil de Iván Suárez (Oviedo, 1978) no deja de sonar. Está ante su mes más ajetreado del año. El domingo pujó por el mejor queso Cabrales hasta llevárselo por 20.500 euros; mañana comienzan las fiestas de Colloto, donde él se encarga de la organización y en San Mateo instalará un chiringuito en el Antiguo. También tiene que gestionar sus cuatro negocios hosteleros -Casa Conrado, El Tonel, El Llagar de Colloto y una cafetería en Intu Asturias-, junto a una tienda de ropa. Dice que aunque septiembre es un mes muy ajetreado, cuando llega octubre echa de menos este ritmo vertiginoso.

20.500 euros por el mejor Cabrales. «La primera vez que asistí a la subasta fue el año pasado y me lo llevé. Fui con la intención de conseguir el mejor queso, pero no creía que iba a gastar ese dineral. Pensaba que había que llevar el dinero al acto y solo metí 8.000 euros en el bolsillo. Luego vi que este paso no hacía falta y acabé pagando 14.300 euros. Durante todo el año tuvo mucha repercusión y este repetimos. Íbamos con la intención de comprar y no sabíamos el precio al que iba a llegar. Me sorprendió que mucha gente pujase hasta el último momento y eso me hizo quererlo más. Yo tenía muy claro hasta dónde quería llegar y me divertí mucho durante la subasta. Mi límite de dinero estaba un pelín más arriba, y si lo hubiésemos pasado me habría puesto nervioso».

Ahora, a comerlo. «Un trozo será de 300 gramos. Lo cataremos el día de mi cumpleaños, que es el lunes. Quiero disfrutarlo con mi familia y mis amigos. He enviado, también, un 'email' a la Casa Real para que lo deguste el Rey y me encantaría que viniesen Robbie Williams, Messi o Cristiano Ronaldo. Sería increíble que pasase, pero yo no tengo capacidad para hacer todas esas cosas. Respecto a la pieza del año pasado, aún tengo la mitad. Estuve buscando ideas, llamando a gente y al final todo se dilató. Fue entonces cuando decidí envasarlo al vacío. Este año haré lo mismo con una parte pequeña para tenerla como recuerdo».

Triunfa en Casa Conrado. «Este año ha venido mucho turista que ha pedido Cabrales y también he vendido muchas cuñas para llevar a casa. En general estoy muy contento por el rumbo que está llevando el restaurante, porque estamos fidelizando la clientela y la gente repite. Al principio nos costó un poco porque tiene una imagen elitista, aunque ahora los consumidores están entrando. En la carta tenemos de todo, como carne de buey o tapas».

Aumento. «Con los negocios me va como todo. Un día sube la marea por un lado y otros por otro, pero no me puedo quejar. Los locales me van bastante bien y tengo una plantilla maravillosa. En mi mente está abrir una cafetería en Gijón. Otra de las novedades es que en Casa Conrado hemos comenzado a servir desayunos y también tenemos una oferta de pinchos muy elaborada. Que La Goleta esté cerrada no me da pena, porque nunca he ido. No tengo esa añoranza...».

Del queso pasa a las fiestas. «Otro año más nos hemos tirado a la piscina con la programación. La organización en esta ocasión ha sido un poco más complicada con el tema del prau. En uno de ellos no nos dejan organizarlas y hemos tenido que reubicarlo todo. Conseguimos uno nuevo, pero tuvimos que quitar un cierre y el coste fue elevado. La programación es muy completa y para ayudar a sufragar los gastos vamos a cobrar dos euros de entrada».

Pagar por ir a una fiesta. «Es inviable hacer unos festejos de este tipo sin esta ayuda. Si no lo hacemos, y aunque tengamos buenos ingresos, al final salimos con déficit. Por ejemplo, antes no se pagaban por las bolsas de plástico y en el último año se hace. A veces la gente coge vacaciones por ir a un concierto, pero si se lo ponen delante de casa y tienes que pagar pues protesta. Hay mucho antisistema y se quejan por defecto. He de recordar que cogimos las fiestas porque la organización anterior las dejaba...».

San Mateo, a la vuelta de la esquina. «El chiringuito es otra iniciativa de la sociedad de festejos y me lleva diez días de intenso trabajo. Acabo muerto. Me divierte muchísimo hacerlo, aunque los primeros años me costó por el tema de montaje. Ahora lo tenemos todo esquematizado y yo no tengo un bar de copas. Detrás de la barra vives la noche de otra forma».