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Koldo Miranda abre Gamberro en Bogotá

Koldo Miranda en Gamberro en una cena de inauguración./
Koldo Miranda en Gamberro en una cena de inauguración.

Es el chef ejecutivo de esta aventura gastronómica en la que cuenta con 16 cocineros bajo su supervisión y hasta un total de 43 personas trabajando en el establecimiento

MIGUEL LLANOGijón

Koldo Miranda, el cocinero de Illas que obtuviera en su Koldo Miranda una estrella Michelin y que después se hiciera cargo de la gastronomía del Niemeyer, ya está en los fogones de un proyecto de restauración en su nueva ciudad, Bogotá, en Colombia. Se trata de Gamberro, un restaurante del potente grupo de gatronomía DLK, que ha abierto sus puertas esta misma semana, después de un mes de pruebas y servicios para el grupo, cocineros extranjeros y la prensa espacializada.

Koldo Miranda es el chef ejecutivo de esta aventura gastronómica en la que cuenta con 16 cocineros bajo su supervisión y hasta un total de 43 personas trabajando en el establecimiento. El modelo de restauración, explica el chef, se orienta a ofrecer tres tipos de comida: «La del asador al más puro, estilo Etxe barri; la de la cocina criolla, que les es conocida con toques nikkei, y la cocina mediterránea y cantábrica, que va en el bagaje del chef».

«Estoy muy contento, muy centrado en la cocina, en turno de mañana y noche, siempre llenos y con muchas ganas de ir haciendo cosas poco a poco». El chef explica que «no estamos haciendo platos tan avanzados como los de la última temporada en Koldo Miranda en Illas, sino más bien trayendo platos que, por ejemplo, ejecutábamos hace nueve años en el mismo restaurante. No se trata de un restaurante para 10 personas, sino para dar 100 comensales en cada servicio. Aquí hacemos una cocina moderna, pero con mucha raíz. No es vanguardista».

Los mayores problemas de su nueva andadura -cuenta- han sido de altura: «A 2.700 metros sobre el nivel del mar, no funciona ninguna receta. Los tiempos son distintos, las verduras aquí son mucho más duras, hay que cocerlas muchísimo más, por ejemplo». No se queja de la carne, «que aquí es muy buena», pero asume que echa de menos «la huerta asturiana y los productos del mar». Eso sí, lo que más, «tomar una botella de sidra y comer una buena cigala».

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